Carnaval Escolar: Una tarea multidisciplinar.

INTRODUCCIÓN

Nada se aprende mejor que viviéndolo. Esta es una máxima, quizá la mayor de todas, en lo que al campo de la educación se refiere. Pero no porque los pedagogos lo hayan descubierto, sino porque la vida, de por sí, bien se encarga de demostrárnoslo a diario. Hay decenas, ¡qué digo decenas, cientos! de frases célebres al respecto de esta idea, que se le han ido atribuyendo a Confucio, Franklin, Einstein, y un sinfín de figuras de notable repercusión universal. Aprender por medio de la experiencia activa. Como lo estoy viviendo, lo estoy aprendiendo, vamos.

Y metodologías, ¡a puñados! Algunas con apellidos casi impronunciables. Primero en la lengua nativa de cada sistema educativo, y luego ya, cuando reinventar sobre lo mismo empieza a sonar a repetitivo, se mudan a denominarlas en inglés. ¿Que suena todo más técnico, verdad? Como con la relajación y la vuelta a la calma, ¿no es cierto?

Si el Mindfulness no se quedaba corto, hará unos años que entró con fuerza la corriente asiática del yoga y, tras él, una interminable retahíla de nombres y conceptos en lenguas que no habíamos visto ni de lejos. ¡Y cuán exóticas suenan todas esas cosas! Las mismas, evidentemente, que se llevan haciendo toda la vida, porque “nada hay nuevo bajo el sol”. Pero ya uno las abandera de otra manera, ¿a que sí? No es lo mismo abanderar una causa antigua que una nueva. Suena a oportunidad, a “chance” (valga el discurso), aunque la nueva no sea en realidad sino la misma de toda la vida de Dios, pero dicha de otra manera. ¡Y es que qué sencillos somos, tantas veces, los seres humanos!

El artículo que ahora comienza viene a contarles una experiencia a la que suelo recurrir todos los cursos que puedo: hacer una chirigota con mis alumnos del “cole” para, a raíz de ella, aprender un mogollón de cosas. ¡Las que surjan!

Como bien saben, soy un docente que hago constante hincapié no solamente en conocer a fondo al grupo para poder diseñar y crear escenarios y situaciones de aprendizaje idóneas para ellos, que casen con sus características, ritmos y motivaciones, sino que aún más profesa una inmensa fe en subirse a los trenes que pasan por delante. Y esto, en materia educativa, se traduce en aprovechar las oportunidades que el propio devenir del calendario, o el mismo día a día, nos ofrecen sin que a menudo les echemos demasiada cuenta.

En este caso, llegó febrero y con él el Carnaval. Una fiesta más que venerada en mi ciudad, mi provincia y mi comunidad. Porque, si bien es cierto que hay carnavales en muchas partes del mundo, pocas cosas hay más andaluzas, y a la vez más gaditanas, que pintarse dos coloretes y salir a la calle a canturrear tres o cuatro estribillos para olvidarse durante unos días de la que esté cayendo en lo alto del país. O del continente, como ocurre ahora. En Andalucía eso de ahogar las penas lo llevamos tatuado en la frente, y protestar por lo que nos encoge el corazón, tatuado en la garganta. Somos una civilización acostumbrada a vivir con el vello de punta. Y cuando los carnavales pasan, experimentamos una sensación similar a la que intentar emular en la escalofriante Purga estadounidense (por ahora solamente de ficción), pero de un modo mucho más sano y artístico. Donde también nos echamos a las calles, ocultos bajo un disfraz, pero los únicos gritos que se escuchan son coplas, y los únicos disparos que se oyen provienen de pitos, matasuegras y cañones de serpentina. Una catarsis en toda regla, pero diferente.

Y eso se puede enseñar, queridas y queridos lectores. Es más, se debe enseñar de hecho. Porque es tradición nuestra, es fiesta propia, es folklore. Y porque la herencia cultural tiene un peso y un valor incalculable. Pero, sobre todo, porque no hay arte mayor en nuestro extenso repertorio de habilidades que el de decir las cosas a la cara, las que nos gustan y las que no, por las que hay que sentirse orgulloso y las que hay que cambiar, con la elegancia, la precisión, la guasa y la originalidad con que la hacemos los andaluces cuando celebramos los carnavales.

Se dice siempre que hay que educar en derechos y deberes, y que debemos inculcar en nuestro alumnado la seguridad de que les ampara la denominada libertad de expresión, pero que al mismo tiempo, ellos son responsables de gestionarla sin colarse en la del vecino. Y las letras de carnaval son sin duda el escenario perfecto para trabajar esta preciosa herramienta. Constituyen la oportunidad de fusionar respeto y canallería. En definitiva, de hacer culto a nuestro más autóctono sentido del humor.

CURRÍCULO Y CARNAVAL

Durante el diseño, confección y producción de una chirigota escolar de carnaval se comienzan a suceder unos tras otros, multitud de aprendizajes realmente interesantísimos desde el punto de vista educativo. Algunos estrechamente curriculares, y otros paralelos a éstos, pero igualmente importantes. Es, además, girando alrededor de un proceso tan motivador e integrador como este, cuando cobra verdadero sentido el concepto de la globalización. Vamos a ver, precisamente, cómo se van fusionando los ámbitos de aprendizaje.

En primer lugar, todo lo relacionado con la idiosincrasia andaluza estrecha un sólido lazo entre el área de Educación Artística (Plástica y Música) y las ramas de Ciencias y Educación para la Ciudadanía. De hecho, si uno analiza los contenidos didácticos que se dan en todas esas asignaturas, descubrirá que una gran mayoría de ellos tienen cabida y asegurada presencia en lo que enmarca a una chirigota de carnaval. Desde lo más obvio (cultura y expresiones típicas de nuestra Comunidad Autónoma, ritmo, entonación, instrumentos empleados, partes y estructura de las composiciones cantadas…) hasta aspectos más plásticos, valga la redundancia, como son la confección del “tipo” (disfraz), forillo (decorado), y los atuendos que se utilizarán en la actuación final. La temática que envuelve a cada idea de chirigota (de qué va) permite aprovechar algún contenido que se esté dando en Ciencias Naturales o Sociales para, escudándose en dicha idea, acabar abarcando un ámbito aún mayor. Todo lo que puedan estirarse las letras sin que se alejen demasiado del concepto que se pretende encarnar con dicho disfraz. Les pongo un par de ejemplos:

Tú, que todavía estás vivo. Tú, que aún puedes besar.

Tú, escucha lo que digo: ¡levanta de tu tumba y echa a andar!

No hay tiempo que perder, no vaciles. Ahí fuera hay un mundo entero que arreglar.

No es tarde todavía, no lo dudes. ¡Despierta! Tienes una familia que abrazar.

Y lucha, llora, canta, baila y sonríe. Y sueña, hasta que tus sueños se hagan realidad.

Intenta. Aunque falles siempre intenta y persigue. Confía, aún tienes mil historias que contar.

Aprovecha bien tu vida, aprovecha bien tu aliento.

No te guardes una risa, un “te quiero”, o un “lo siento”.

No hagas todo tan deprisa, que al final de todo esto,

Lo que de verdad importa, dura lo que dura un beso.

¡Y lucha, llora, canta, baila y sonríe! Y sueña, hasta que tus sueños se hagan realidad.

¡Intenta! ¡Aunque falles siempre intenta y persigue! Confía, aún tienes mil historias que contar.

Y estrellas que alcanzar, y cosas que inventar, y ojos que hacer brillar…

Y aprender a perdonar …¡y mucha felicidad! ¡Sé valiente amig@ y vive de verdad!

Esta es la última cuarteta (fragmento) del repertorio de letras trabajado durante el Carnaval 2019, en el CEIP Sancti Petri (Chiclana de la Frontera). Como el centro se encontraba situado junto al antiguo cementerio de la ciudad, nos llamábamos “4ºAyB Los Vecinos del Walking Dead”. Y apodados con el sobrenombre de “La Chirigota de Los Huesitos”, íbamos vestidos simulando los esqueletos mexicanos de la película de animación COCO. El mensaje final que quisimos transmitir con nuestra actuación gritaba a voces que aprovechásemos el tiempo que teníamos por delante para hacer cosas verdaderamente importantes en nuestra vida. Y que, desde la perspectiva de unos graciosos esqueletitos que solamente tenían el rato de la actuación (gracias a la magia del carnaval) para poder cantar tres o cuatro cosas, valorásemos la suerte que teníamos de seguir en “el mundo de los vivos”.

Valores como la constancia, el amor, la gratitud, o el propio sentido de exprimir al máximo cada minuto de vida, resonaron a través de aquellas pequeñas voces. Unas estrofas que, estoy seguro, les iluminarán progresivamente conforme los años vayan haciéndoles madurar y digerir todo lo que estuvieron cantando.

              ESTRIBILLO  
Ya no le des más vueltas, ¡no, no, no! Tómatelo que se te va a enfriar. Que se pasa la vida, y se van las vitaminas de verdad. Y aunque la suerte te falle, ¡dos coloretes, a la calle y a cantar! Carnaval, carnaval, ¡carnaval!
               DESPEDIDA  
Despacio y con buena letra, que a fuego lento la vida sabe mejor. Y sea cual sea la receta, échale siempre una pizquita más de amor. Que no se queme el cocinero, es el consejo primero que puedo dar. Y aunque lo que hagas no esté bueno, lo importante es no dejar nunca de intentar. Y habrá veces que esta norma las manos te manchará, pero no existe otra forma de vivirlo de verdad. ¡Salta, salta, disfruta la vida! ¡Que no falten ganas en tu cocina! ¡Brinca, canta, baila que esto se termina! ¡Este es el secreto de los cosinillas!  

“Los Cosinillas de las Mascarillas”. Esto corresponde a este Carnaval 2022. En el CEIP Servando Camúñez, de mi ciudad San Fernando (Cádiz). El 4º de Primaria se pone el gorro de cocina y un par de atuendos la mar de simpáticos para deleitarnos con un vivaz espectáculo donde unos cuantos cocineros intentarán darnos sus mejores consejos en forma de recetas, para seguir sonriendo a pesar de las adversidades. Una chirigota que además quedará, si Dios quiere, para la historia al llevar, como su propio nombre indica, las mascarillas incorporadas en su atuendo de carnaval. Pueden observarse expresiones típicas de nuestra tierra, como el hecho de tomarte las cosas antes de que se enfríen, o de que se les vayan las vitaminas (dicho más que archirrepetido por nuestros mayores). Y entre ensayo y ensayo, y canción y canción, una sucesión de valores y mensajes de vida que no cesan de bombardear a mi grupo de alumnas y alumnos. Resiliencia, apremio, paciencia, vocación, perseverancia, optimismo, y, por supuesto, vitalidad. Un conglomerado de semillas que, espero, se hayan sembrado a buen recaudo en el corazón de estos pequeños cocineros, y en los oídos de todos aquellos que los escuchen cantar su chirigota llenos de entusiasmo.

Pero, por si fuera poco, además de a niveles artísticos, musicales, plásticos, cívicos, científicos e incluso de educación en Valores, construir una chirigota también nos brinda una oportunidad maravillosa para trabajar diversas esferas del panorama lingüístico. Véanse las recientemente mencionadas expresiones típicas o frases hechas. Pero por encima de estas, situaría dos elementos increíblemente versátiles: el libreto y los ensayos.

EL LIBRETO

El pequeño cuadernillo donde tenemos todas las letras del repertorio que llevamos para la actuación, supone un campo de entrenamiento para el área de Lengua. Sobre todo si, como acostumbro a hacer, se entrega escrito tal y como debe pronunciarse. La posterior corrección de cada página, de cada canción, palabra por palabra (a nivel ortográfico) según las normas que hayamos visto ya en clase a estas alturas del curso. La acentuación de palabras que, por cuestiones de dicción, no las llevan en nuestras canciones, es singularmente interesante cuando previamente los alumnos han tenido que cantar esas mismas palabras, pero deformadas para que entren en el tempo. Cuestiones literarias y recursos como la sinalefa, que a veces tanto trabajo cuesta entender a alumnos que no acostumbran a cultivar la lectura, o por ejemplo, experimentar en primera persona cómo el hecho de que la última palabra de un verso sea aguda o esdrújula cambia por completo el ritmo de toda la estrofa. Son cuestiones que, no solo se disfrutan estudiándolas de manera natural conforme se construye la chirigota, sino que verdaderamente se aprenden porque se viven de lleno. Como defendíamos en la introducción, pero sin tecnicismos.

LOS ENSAYOS

Cada vez que realizamos un ensayo, se ponen de manifiesto multitud de destrezas, habilidades y actitudes que, delicadamente, debemos ir puliendo hasta conformar el espectáculo. Para ello, hay que cuidar el plano expresivo, y el plano socioafectivo y emocional. Con respecto a lo primero, se hace mucho hincapié y se emplean muchas horas en que la pronunciación, el ritmo, y la entonación que deben darle a cada frase que recitan, sea la adecuada. Se trabaja muchísimo el lenguaje no verbal, la capacidad de transmitir con los gestos, las muecas de la cara, o el tono con el que se dicen las cosas, matices al respecto de lo que se está diciendo que igual no se pueden pronunciar, bien porque sean tabúes, o porque supongan algo demasiado arriesgado o irrespetuoso por alguna cuestión. Este tipo de detalle esconde aprendizajes de un carácter gigantesco. El decir mucho, sin hablar demasiado, o dejar claro lo que se quiere transmitir sin tener que ser del todo explícitos. Luego les sirve, a modo de transferencia, para multitud de aspectos de la vida.

Del mismo modo, se trabaja día a día el sentido de unidad, de grupo, de cohesión. No solo por cuestiones de disfrute o integración (que también), sino por la mera cuestión del éxito que pueda tener la chirigota, en función de lo bien o no que se les escuche y se les entienda mientras están cantando. Entonces, arengas como “no somos 25 cantando lo mismo, sino una sola canción sonando a la vez en 25 voces distintas”, o “si se equivoca uno, nos equivocamos todos”, son frases que suelen repetirse con habitualidad de ensayo a ensayo. Uno observa que empiezan a cuidar unos de otros, y a esmerarse porque a todos les luzca lo de todos, gracias al cuidado y al esfuerzo de todo el grupo junto, pero a la vez por separado. Es ahí donde se ponen en auge actitudes y aspectos de la educación emocional sumamente interesantes. De empatía, de inclusión, solidaridad y cooperación. De hecho, la excusa de que todos vayan con el mismo disfraz y el mismo repertorio, cada uno en su función, y todos partes importantes del éxito y disfrute de la obra, catapulta positivamente las inseguridades, o la falta de integración de algún que otro compañero o compañera que, a raíz de eso, ven aumentado su sentido de pertenencia al grupo.

Por último, sentimientos y emociones explosivas e incipientes a esas edades como son la frustración cuando las cosas no salen, los nervios, o incluso todo lo contrario, el exceso de motivación y de ilusión por presentar su chirigota al mundo, deben trabajarse también según van apareciendo y azotando al grupo. Y será sobre la marcha, y no en un taller aislado un día cualquiera del curso (que también), cuando verdaderamente nos resulte útil dotarles de algún que otro truquillo para nuestra propia gestión e inteligencia emocional.

SENSACIONES MATEMÁTICAS

Incluso, y ya paso a otra cosa, lo prometo, si uno incorpora cierta manera de encuestar al alumnado durante los ensayos, cada cierto tiempo, para (a modo de termómetro) saber si están o no de acuerdo con la manera en la que se están planteando las bromas, los detalles del disfraz, o las cuestiones que se quieran interrogar, obtendremos unos datos que nos servirán para dos cosas: autoevaluar y elaborar gráficas para el estudio estadístico en Matemáticas, que a su vez posteriormente podremos utilizar para la resolución de problemas. Y es que, en resumidas cuentas, lo que este artículo viene a repetir una y otra vez, es que montar una chirigota nos colma de oportunidades, situaciones y recursos para que nuestro alumnado aprenda de manera cercana, real y vivencial, multitud de cuestiones académicas. Y que, de otra manera, igual se verían más descolgadas o impersonales en el currículo.

CANTAR CON EL CORAZÓN

Amanece un nuevo día que me llena de emoción. Desayuno, una sonrisa, y corro a mi habitación.

El pijama por los suelos, la mochila, el chaquetón. Y camino del colegio voy replet@ de ilusión.

Que el cole pa’ mí es ese mundo infinito, donde puedes ser lo que quieras ser con muchos amiguitos.

Que el cole pa’ mí es demasiado bonito, como para que estés jugando al esconder o sentado solito.

Que el cole pa’ mí es un lugar de valientes, en el que defender al primero que tenga miedo de esa gente

que no saben ser buenos compañeros, y no entiende que la amistad y el amor valen más que el dinero.

¡Mucho más que el dinero! ¡¡Que seas buen compañero!!

“Los Alcorloquitos”. Carnaval del 2018. Un 2º de Primaria en el CEPR Los Alcornocales (Algeciras). Venía azotando fuerte, desde hacía un par de cursos, el tema del Bullying y el ciberacoso escolar en (por desgracia) cada vez más centros educativos de nuestro país. Cuando llegó febrero y tuvimos chistes y bromas para todo, quisimos despedirnos de nuestro público (que afortunadamente colmó la calle completa en la que actuamos) con un mensaje contundente. Cantado de dentro hacia afuera, pero, nuevamente, con la intención de que resonara en el interior de cada uno de nuestros alumnos y alumnas del cole. Como una especie de pensamiento en voz alta. Luchar conta el acoso y ayudar, de manera valiente, a cualquier compañero que lo necesitara.

¿Por qué he decidido compartir también este fragmento con ustedes? Para hacerles ver que, al igual que lo que escuchan a menudo nuestros discentes suele estar impregnado en violencia, en letras machistas, que sexualizan ingentemente hasta lo más cotidiano, y ellos lo normalizan por el mero hecho de que lo cantan y lo hacen suyo. Es ahí justo donde se nos abre una brecha, una oportunidad, para introducirles otro tipo de sabor de boca a lo que canturreen en su tiempo libre. Que mastiquen y mastiquen letras de este tipo, de compañerismo, de lucha, de solidaridad, hasta que las digieran. Y el día de mañana, quiero pensar, ¡confío! les florezcan por dentro.

CONCLUIMOS

Y esto viene a ser todo. Una cosa está clara: el mundo va de mal en peor. Y cambiarlo hay que cambiarlo. Pero cada uno puede hacerlo a su manera. Los que nos dedicamos a esto de educar, tenemos el gran poder (y su correspondiente gran responsabilidad) de intentarlo generación tras generación. En mi caso, cuando llega febrero, intento que sea cantando. Y riendo. Siempre riendo.

Publicado por sptartessos

La Sociedad Pedagógica Tartessos está formada por docentes interesados en modernizar la educación española.

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