INTRODUCCIÓN
Hace ahora dos años concretamente, compartí con vosotros lo que en aquel entonces llamé “Un Frankenstein metodológico”. Que vino a ilustrar, a modo de laboratorio de matemáticas, mi manera de enfocar la Resolución de Problemas.
En dicho artículo os hablé de la gran problemática, valga la redundancia, que envuelve al mundo de los problemas: que el alumnado no se introduce verdaderamente en ellos. No se involucra porque no lo viven. Y por tanto, no les importa.
Este curso he tenido la oportunidad de ser tutor de un 1º de Educación Primaria, el nacimiento de este río bravo y absolutamente caudaloso que es la etapa de enseñanza que nos ocupa a los maestros y maestras de hoy. Y, como ya avisé en aquel artículo, he convertido mi aula en un laboratorio matemático donde todo se ha aprendido tocando, probando y descubriendo. A base de experimentos y experiencias.
Pero de todas las cosas que hemos llevado a cabo en la clase de Primero, hay una que tiene que ver con todo esto que ya analizábamos y comentábamos en el otro artículo. De esta manera, os traigo para esta ocasión la forma en la que he preferido iniciar la Resolución de Problemas en el alumnado de Primaria. Cómo he prendido la mecha en mis queridos pequeñajos.
CUÉNTAME UNA HISTORIA
Yo llevaba ya tiempo diciéndole a mis niños, cuando corregíamos cuentas de mates en nuestros libros de texto o en fichas de trabajo, que no quería que eso fuera un puñado de números “por ahí volando”, sino que, detrás de aquella maraña de decenas y unidades que se juntaban o separaban, había un secreto encerrado. Una historia escondida.
Por ejemplo, en la cuenta 14 + 5 = 19
“Catorce” eran los rotuladores que tenía en mi estuche, y “cinco más”, fueron los rotuladores nuevos que compré”. Y yo me pregunté: “¿Cuántos rotuladores tengo ahora?”. Ellos contestaron inmediatamente “¡Diecinueve!”. Pero yo en estos temas soy siempre un hueso duro de roer. “Diecinueve, ¿qué?”. Y ellos respondieron: “¡Diecinueve rotuladores profe!”.
Entonces elegí a un alumno que había a mi lado y le invité a inventarse una historia que se escondiera en la siguiente cuenta de la hoja. Pero ¡eh! ¡Ya no podían ser rotuladores! De este modo, a cada cuenta que corregíamos íbamos narrando historias diferentes, y poco a poco íbamos prohibiendo más y más objetos, e incluso verbos. Así, nuestros pequeños inventores tuvieron que apañárselas sin comprar, ni regalar, ni encontrar… Y a cada nuevo alumno al que le iba tocando, yo siempre le hacía la misma pregunta: “Fulanito, ¡cuéntame una historia!”
Lo que os cuente es poco. Hubo una alumna que nos sorprendió a todos en una cuenta de sumar, con una preciosa historia sobre una protectora de animales que adoptaba perritos. Y otro alumno de la clase, ante una cuenta de restar, nos hizo reír a carcajadas con unos ingeniosos pasajeros que se bajaban a empujar un coche sin gasolina durante su viaje.
Lo que empezó siendo ocurrencia de un día, se fue convirtiendo en absoluta rutina. Ya no hacíamos cuentas sueltas y ya está. Era imposible pasar a otra cosa mariposa. Porque tal como acababan la ficha de cálculo, antes de que pudieras mandarles a recoger para cambiar de asignatura, te increpaban: “¡Maestro! ¡Que aún no hemos contado las historias que hay escondidas!”. Y eso a mí, además de llenarme el corazón, me hizo clic en la cabeza.
Llegué a mi casa, encendí el portátil y elaboré un material.
EL MATERIAL
Si les soy sincero, mi intención primera cuando me había sentado previamente a elaborar ese material no era la de destinarla a este cometido. Yo llevaba tiempo buscando ampliar nuestro repertorio de imágenes para describir realizando inferencias, de cara a seguir trabajando la Expresión Oral en el área de Lengua.
Pero cuando aún solo acababa de empezar a elaborarlas, me dio una mañana por probar todo este entuerto de las cuentas y sus historias con una de las tarjetas que acababa de diseñar. Y el resultado fue tan sorprendente que me dije: “tengo que hacer muchas más, y con elementos y detalles que den bastante juego para Mates”. Y así fue.
Agarré el Canva, y aprovechando la increíble herramienta que dicha plataforma nos ofrece con su Inteligencia Artificial para crear ilustraciones, me puse a generar multitud de personajes en diferentes y divertidos contextos. Como todo lo que hacíamos en clase últimamente llevaba la temática de los animales, dado que la Situación de Aprendizaje que nos encontrábamos trabajando tenía ese contenido como base, aproveché la ocasión para que distintas criaturas de todo tipo protagonizasen mis nuevas ilustraciones. Desde leones probándose tenis en una zapatería, flamencos comprando sombreros en una tienda de ropa, o leopardos jugando al fútbol en medio de la sabana, un grupo de monitos echando un partido de tenis en mitad de la jungla… ¡Incluso una pareja de delfines echando una partida de ajedrez debajo del agua!
Un sinfín de situaciones sencillas de comprender, intuitivas y apetitosas desde el punto de vista de la narración y la creatividad. Os cuento cómo usarlas.
OTRA MANERA DE JUGAR
Cuando ya sientas que tus alumnos y alumnas dominan la cuestión, te invito a dar un paso al frente con esta nueva dinámica. Más completa.
Yo los pongo por parejas. Ellos sacan una pizarrita blanca y les entrego una ilustración. La observan, escriben una cuenta (de sumar o de restar) y se inventan una historia que pueda conectar su cuenta con la ilustración que les ha tocado.
Luego, les proyecto de fondo su ilustración y la pareja sale a exponerlo todo de manera en que ambos compañeros tienen una importante función. Mientras que uno va narrando la historia, el otro va mostrando la pizarrita con la cuenta y señala con su dedo el número que tenga que ver con lo que el narrador les está contando. Si son los que había, o los que han llegado, o si ha dicho la palabra “más” o alguna acción que se refiera a “menos”…
Esto requiere entrenamiento, pero supone una habilidad fundamental en la resolución de problemas. De hecho, me atrevería a decir que es lo más importante de todo este tinglado. Ser capaz de reconocer de qué me están hablando en cada momento. Destreza que, más adelante y con el devenir de la Primaria, se acabará convirtiendo en identificar los datos del problema y la operación necesaria para resolver la situación.
Aconsejo que, cuando la pareja narradora haya planteado por completo su historia, detengas su exposición para invitar al resto de la clase, que ahora hace las veces de público, a que adivinen cuál es la pregunta que mejor se adapta a la situación que sus compañeros han planteado. Así, además de mantener activa la atención del alumnado, van desarrollando también otra destreza esencial en este ámbito: la lógica.
En mi caso, personalmente, también les obligo siempre a lo que yo llamo “estirar el chicle”. Que viene siendo estirar la pregunta para que quede bien formulada, y luego por consiguiente estirar también la solución final, para que luzca más enriquecida, y dé respuesta por completo a la pregunta que elegimos hacer. Y ¡listo! ¡Misterio resuelto!
CONCLUSIÓN
| LAS NECESIDADES OLVIDADAS |
Me encantaría pensar que esta promoción de discentes que ahora mismo tengo en mis manos cada día llegará a otro profe dentro de unos años, y le transmitirá una tranquilidad enorme al comprobar que son capaces de imaginarse los problemas que les ponen por delante. Que sí se involucran para resolverlos. Que por fin los hacen suyos. ¿El truco?
Fíjense que yo, hasta ahora, nunca les he hablado de “problemas”. Mis alumnas y alumnos no saben ni que eso existe todavía. Por fortuna. De momento sólo son personajes, objetos y mundos, escondidos entre cifras. Algo así como una peli, un teatro, ¡una historia! Que consigue que la imaginación ejercite sus mentes a mil kilómetros por hora. Y que tiene, una vez a la semana, al futuro de sus matemáticas cocinando sus cimientos a un divertido fuego lento. Ahora que aún estamos a tiempo.
