
| Carlos Ángel Vera Jiménez |
| Natural de Algeciras, graduado en Educación Primaria en Pedagogía Terapéutica por la Universidad de Cádiz. Docente de CEPER Juan Ramón Jiménez. Anteriormente ha ejercido como docente en CEPER de centros penitenciarios, así como en CEIP e IES. Participante en proyectos de creación de aulas de apoyo conjunto al Ayto. de Algeciras. |
LA SECCIÓN DE EDUCACIÓN PERMANENTE ES, A OJOS DE GRAN PARTE DE LA COMUNIDAD EDUCATIVA, LA GRAN OLVIDADA, A PESAR DE REALIZAR UNA LABOR DE SEGUNDA OPORTUNIDAD, SOCIAL Y DE ATENCIÓN A LAS NECESIDADES EDUCATIVAS DE LA POBLACIÓN DE GRAN RELEVANCIA. DENTRO DEL GRADO QUE LO ATAÑE, ESTE SECTOR EDUCATIVO NO TIENE RELEVANCIA, Y MENOS AÚN LA NECESIDADES ESPECIFICAS DE APOYO EDUCATIVO QUE ENCONTRAMOS EN ÉL. LA OBLIGACIÓN DE DAR LUZ TANTO A LOS ESTUDIANTES DE ESTOS GRADOS COMO A ESTA GRAN PARTE DE LA EDUCACIÓN ES UNA PRIORIDAD PARA NOSOTROS.
Desde los grados de Educación Primaria que encontramos a día de hoy en las diferentes universidades, podemos observar que hay una gran cantidad de asignaturas dedicadas al estudio de la didáctica, psicología de los estudiantes, al currículo, al ocio y tiempo libre, a diferentes especialidades, etc. pero la educación para el mayor sector de la población que encontramos en nuestro territorio es olvidada. La educación dedicada a adultos, o en Centros de Educación Permanente (CEPER), se observa desde la lejanía como una mera anécdota de algunos docentes o un recordatorio de actividades intercentro, pero la realidad es que, a pesar de los pocos centros que observamos de estas características, podemos encontrar casi un millón de alumnas y alumnos matriculados en estos centros únicamente en Andalucía.

Es un sector en el cual muchas personas tienen una nueva oportunidad para continuar su aprendizaje soñado o de continuar descubriendo el mundo que les rodea, y, entre ellos, encontramos un gran porcentaje de discentes que requieren unas necesidades específicas de apoyo educativo, ya sea por provenir de otros países, por necesidades educativas derivadas de sus características personales (a nivel biopsicosocial), a características derivadas de la avanzada edad o, como es en la mayoría de los casos, la incorporación tardía al sistema educativo.
Cualquier docente que haya podido impartir clases en los diferentes planes educativos de los cuales gozan los Centro de Educación Permanente , sabrá que, desde Formación Básica, Interculturalidad, cultura y lengua para personas procedentes de otros países, Plan de Hábitos de Vida Saludable, Preparación para la prueba libre de Graduado en Ed. Secundaría, entre otros, encontramos una gran cantidad de alumnado que requiere de unas necesidades específicas, al cual le debemos una dedicación, un tiempo y sobre todo una educación que tenemos la obligación de otorgarles como profesionales de la docencia, y que es olvidada en nuestra propia formación.

Esto se puede observar exponencialmente si hablamos de los CEPER en centros penitenciarios, donde estas singularidades educativas son el orden del día y donde los recursos son aún más escasos. Estos casos, donde los internos de estos centros tienen listas de esperas para poder matricularse, son, en la mayoría de ocasiones, desconocidos por los estudiantes de magisterio, siendo, cuando los encuentran por casualidad en SIPRI y en su vida laboral, un auténtico desafío, teniendo que reaprender a cómo enseñar, a cómo adaptarse a un alumnado desconocido para ellos y cómo satisfacer las necesidades educativas de cada uno de ellos y ellas.

Más allá de todo esto, desde las normativas actuales, las menciones desde documentos tales como la LOE-LOMLOE o las diversas instrucciones de atención a la diversidad son mínimas, por lo que el amparo de estas NEAE en adultos, son ínfimas. El cúmulo de circunstancias conlleva a que este sector educativo quede olvidado, y que desde los centros universitarios no se considere relevante el desarrollo de un espacio donde se hable de ellos y se enseñe cómo enseñar a todas estas personas que requieren, con más o menos dificultades, unas necesidades educativas que satisfacer.

La Educación Permanente, debido a todas estas circunstancias, nos recuerdan a veces al poema de “Los Nadies” de Eduardo Galeano, encontrándonos allí a aquellas personas que, a pesar de ser la esencia de nuestra cultura, se les niega su aprendizaje, olvidándolos.
