INTRODUCCIÓN
Dicen los sabios de muchas de las civilizaciones que nos han precedido, que nuestro destino está escrito en el cielo la noche justo en la que venimos al mundo. Según la constelación con la que vamos a nacer.
Esto, tan enigmático como personal, da luego pie a los horóscopos, la bisutería, los complementos e incluso los tatuajes. Un sinfín de elementos estéticos que rodea a nuestro alumnado cada vez con mayor habitualidad. En una sociedad, además si cabe, que progresivamente ha ido dejando de mirar la tierra que pisa, para centrarse más en los cometas y galaxias que estén por venir.
Nosotros, desde la Escuela Primaria, hemos querido aprovechar el tirón que tiene todo este ámbito de lo espacial, y dado que nuestra aula está ambientada con la temática del universo, hemos encontrado la ocasión perfecta para aunar Plástica, Lengua, Conocimiento del Medio y Matemáticas de una sola vez. Os cuento:
PLÁSTICA Y CIENCIAS
Aprovechando que, desde el Bilingüismo, en el área de Ciencias nos tocaba dar el tema del Sistema Solar, y que en Lengua seguíamos perdiéndole la batalla a la acentuación de palabras, se me ocurrió llevar a cabo esta Situación de Aprendizaje. Cada niño/a debía investigar en casa cuál era la constelación que le correspondía según el día de su nacimiento. Y debían copiar dicho dibujo en su agenda.
Al llegar a clase, yo les había dejado preparado un gran mural de papel continuo negro, con los elementos del Sistema Solar a modo de planetario, pero con un enorme hueco vacío para rellenar. La idea era que, por turnos, fueran pasando por el mural de la clase para ir pintando sus constelaciones, unas al lado de otras, a modo de composición. ¿El resultado final? Un cielo nocturno único seguramente irrepetible. Porque era nuestro conjunto de constelaciones, de esa clase, de esas 25 fechas de nacimiento en concreto. Un mural único en todo el universo. ¡Chulísimo!
Con este trabajo más bien decorativo ya hecho, y un sentimiento de cohesión grupal verdaderamente potente, continuamos la mar de motivados hacia el siguiente escalón. ¡Sólo habíamos despegado!

LENGUA
Llegar a clase de Lengua y enfrentarnos “oooootra vez” a las palabras agudas, llanas y esdrújulas, nos suponía ya un desgaste catastrófico. Por eso la siguiente hora que tuvimos de esta asignatura lo enfocamos de una manera diferente. Mismo perro, pero con distinto collar. ¡Que ellos no se enteran y a nosotros igual nos sirve!
Cogimos los portátiles, y cada grupo investigó cómo se llamaban las constelaciones de sus integrantes. Sacamos las pizarras blancas de debajo de nuestros pupitres y escribimos en ellas todos estos nuevos nombres tan raros que acabábamos de descubrir. Y cuando ya los teníamos todos, los organizamos en grandes columnas en la pizarra de la clase. Primero extrajimos todas las esdrújulas, y el resto, fuimos debatiendo si eran llanas o agudas, y si debían llevar tilde y por qué.
Y al sonar el timbre, habíamos terminado una clase de Lengua en la que la acentuación no nos había dado vértigo. Una hora y media de cole que se nos acababa de pasar volando. A la velocidad de un cohete.
MATES
En el área de Matemáticas acabábamos de comenzar a estudiar los tipos de ángulos y sus medidas. Cogimos los blocs de dibujo, y cada uno pintó su correspondiente constelación, con bolígrafo negro. Lo que hasta ahora solo habían sido puntos y líneas -aunque para los griegos fuesen caballos alados y demás cosas difíciles de adivinar- se fueron convirtiendo en ángulos de todo tipo. Les pedí que marcaran en verde los ángulos rectos, de lila los llanos, de naranja los agudos y de azul los obtusos.

Y además de llenarse de colores, nuestras miradas pasaron de ver meras constelaciones a identificar un sinfín de elementos matemáticos que siempre habían estado escondidos a plena vista. Como en realidad se encuentran las Matemáticas campando a sus anchas por el mundo. Todos los días. La mayoría de las veces invisible, en todas partes. Y en esta ocasión, fuera del cuaderno o del libro. Simplemente ahí, brillando por encima de nuestras cabezas.
