INTRODUCCIÓN
¿Recuerdan el clásico juego del teléfono? Ese en el que una frase tan inofensiva como “Manolito tiene una bici amarilla con rayas negras”, acababa convirtiéndose en algo parecido a “Antoñito se ha pillado la rodilla con una puerta”. ¡Menudos embolados se formaban!
Pues el artículo que hoy les traigo tiene que ver con eso, pero de rebote. Vamos, que en realidad, he querido empezar la casa por el tejado. Porque, cuando les cuente de qué va la cosa hoy, dirán: “pero si al final la parte del teléfono es lo de menos”. Y sí, tendrán razón. Es sólo la guinda del pastel. Pero estoy seguro de que igualmente les va a encantar el pastel. Así que allá vamos.
¿QUÉ ES?
La idea del Dictado Visualista nace como respuesta didáctica a una doble necesidad de clase: mejorar en Lengua la descripción, y motivarlos en Plástica. Todo comenzó a raíz de una expresión escrita que estábamos haciendo para evaluar. Los chicos y chicas debían hacer una descripción y estructurarla adecuadamente. Y para ello, mi compañera y yo habíamos decidido usar las interesantes y coloridas tarjetas del juego de mesa Dixit. Éstas, además de muy creativas, son un recurso ideal para que el alumnado pueda atreverse a interpretar, a intentar traducir cuáles son las intenciones artísticas y comunicativas de aquellos que las han diseñado. La prueba escrita salió bien, y nuestros discentes le cogieron gustillo a describir pequeñas obras de arte.
Entonces quise aprovechar el tirón, y me dije: “¿Y si reciclo la dinámica del Dictado Correcaminos (explicado en el anterior artículo), y la adapto a esto?” Y se me ocurrió lo siguiente. Un dictado en el que un alumno/a sería el único del grupo que pudiera ver un cuadro. Y tuviese que ir describiéndoselo a sus compañeros. Y el resto del equipo, en sus cuadernos de dibujo blancos y vacíos, ir añadiendo detalles hasta recrearlo lo más fidedignamente posible. Algo así como pintar a ciegas, vamos. Hacer una cover plástica, una réplica, donde la pieza original solamente se puede imaginar, en función de lo que te van contando. ¡Y así fue!
EL VISUALISTA
Para organizar la actividad, empezaremos por la figura del correcaminos, reconvertida en esta ocasión en otra clase de atleta de relevos. Mi alumnado, después de un corto pero intenso casting, decidió llamarle “Visualista”. Y al igual que el correcaminos en la otra modalidad de dictado, éste debe ir rotando de ocasión en ocasión. Para que todos pasen por ello.
El alumno o alumna visualista comienza en la “Zona de Museo” que le podríamos denominar. Que sería el equivalente a la “Base” en el Dictado Correcaminos. Un lugar tranquilo donde reposa la información permanentemente y ellos pueden acudir tantas veces como quieran a obtener nuevos detalles, colores, formas, elementos, personajes… En este caso, en lugar de un fragmento de texto o de cuento, se coloca una obra de arte, un lienzo, una lámina o un cuadro.
La función del visualista es clara. Ir de la Zona de Museo (cuadro) al aula (grupo) para ir describiéndoles progresivamente lo que deben pintar en sus blocs. Ya está.

LOS FALSIFICADORES
La importancia de crear el estímulo, como siempre. Una de las mayores claves de la pedagogía. Prender la llama. En lugar de presentarles la actividad como: “oye que vamos a intentar pintar un cuadro sin haberlo visto antes, con lo que nos vaya contando el compañero que sí lo está viendo”, que ojo, ya de por sí resulta bastante motivador… Lo disfrazamos un poco y les salimos por: “Hoy nos vamos a convertir en pequeños delincuentes. Cada grupo va a transformarse en una banda de ladrones. Y estamos a punto de dar el golpe del siglo. Vamos a robar una obra de arte de cientos de miles de euros. Pero para que nos dé tiempo a escaparnos es primordial que le demos el cambiazo por una copia falsa. Para ello, uno del equipo va a conseguir colarse en el museo y contarnos cómo es. Son tres objetivos: crear una falsificación lo más parecida posible a la obra de arte original, terminar antes de que suene la alarma de seguridad, y lo más importante… ¡No hacer ruido!”
Esta ambientación, este hype como lo llaman ahora, este contexto tan peliculero al más puro estilo de Ocean’s Eleven, es lo que justifica nuestras normas de juego:
- Que se utiliza un cronómetro en la pizarra digital, de estos que tienen timbre estridente al finalizar (a ser posible con aspecto de alarma de seguridad).
- Que no se puede correr, solo andar rápido (sin despegar los pies del suelo).
Y toda la información (esto es importante) debe comunicarse susurrando.
Y para que la cosa vaya fluida, un par de apuntes a tener en cuenta.

PREPARACIÓN
Al igual que en el Dictado Correcaminos, aquí es fundamental asegurarse de que las puertas de entrada al aula tienen buen acceso. Como mi clase está organizada en seis grupos cooperativos dispuestos por el espacio de forma hexagonal, yo les asigno habitualmente la puerta de la derecha a los tres grupos más cercanos a esa zona del aula, y la puerta de la izquierda a los otros tres. Para facilitar la entrada y salida de los visualistas en el trasiego de la actividad. Y, como ya dije la vez anterior en el caso del otro tipo de dictado, es muy importante cerciorarnos de que las mesas, los muebles y el resto del mobiliario, no puedan resultar un obstáculo ni nada peligroso para el alumnado en el transcurso de la actividad.
Del mismo modo, para los falsificadores, es recomendable que antes de empezar, coloquen sobre sus mesas todos los materiales que tengan con lo que se pueda pintar: ceras, lápices, rotuladores, tizas… Cualquiera vale. Porque hay texturas, brillos, y detalles pictóricos o plásticos para los que, quizá, les hagan falta después.

AHORA SÍ, EL TELÉFONO
Y por si fuera poco, ¡vamos a complicar más las cosas!
De cara a bajar aún más el nivel de ruido de la actividad, se me ocurrió rizar el rizo e incorporar una última norma al juego. El visualista, cuando llega al aula, debe describirle a su grupo lo que hay que pintar. Hasta ahí lo teníamos claro, ¿no? Pero le obligaremos a que lo haga de la siguiente forma. Se lo contará al oído a uno de los falsificadores, y podrá regresar a la Zona de Museo a por más información. Y el falsificador que ahora conoce lo que deben pintar, se lo podrá comunicar a sus compañeros de grupo única y exclusivamente repitiéndoles al oído lo que acaba de escuchar por parte del visualista. Vamos, una cadena de susurros, al más puro estilo “Juego del teléfono”. Como ya advertíamos en la introducción. Y sí, como podrán estar imaginándose, acaban saliendo falsificaciones con sorpresas de todo tipo. Objetos, colores y personajes donde uno ni se puede imaginar. ¡Divertidísimo!

CONCLUSIÓN
Podríamos dedicar otro apartado al sistema de premios que establecemos para este tipo de actividades, pero al final esta parte de la didáctica es la más “cada maestrillo tiene su librillo” de todas. A gusto del consumidor. Nosotros, como ya saben por otros artículos, tiramos de la gamificación de aula, el ránking, etcétera.
Pero lo verdaderamente importante es retomar la cuestión inicial. La doble necesidad que nos salió al paso y a la que quisimos hacerle frente con esta iniciativa. Mejorar la descripción en Lengua y motivar al alumnado en Plástica. Y puedo afirmar bastante satisfecho que ambas cosas se han conseguido.
Porque, por un lado, los dictados visualistas desarrollan en el alumnado una herramienta esencial, tanto para las expresiones escritas y orales como para la comprensión e incluso las futuras técnicas de estudio: la capacidad de organizar la información. A la vista está, que las primeras veces, se les acababa el tiempo, sonaba la alarma y muchos no solo no habían terminado, sino que les faltaban elementos principales del cuadro. Y poco a poco, ayudando a los visualistas los primeros minutos de juego, y con su propia experiencia, han aprendido la importancia de estructurar la información. Comenzar por darle una dirección a todo, si vertical u horizontal. Situar los objetos y personajes principales en el espacio, sin perfilar siquiera. Solo el tamaño aproximado de lo que luego ya se perfeccionará. Partir de elementos centrales y luego ir rellenando de manera simétrica. O los hay que prefieren de arriba a abajo. Y ya el abanico de detalles, colores, texturas, expresiones…

Al final, existen muchas similitudes entre la estructuración de un texto informativo, narrativo o descriptivo, y esto. Donde el titular de una noticia y la primera impresión de un cuadro, o la trama principal de un cuento, o la predominancia de determinadas formas y colores, se dan la mano en una actividad preciosa. En la que la creatividad se recicla. Y aunque Velázquez, Van Gogh, Dalí o Picasso la usaran para crear sus obras, nosotros la resucitamos durante 30 minutos. El tiempo que tardan nuestros pequeños artistas en volver a contarlo a su chiflada manera.
