LA SOLIDARIDAD COMO IDENTIDAD EN LOS CENTROS EDUCATIVOS.

El sentido de «pertenencia a» es fundamental para educar adultos comprometidos y con una conciencia crítica y empática ciudadana. Construir ese «sentimiento» implica actuar desde edades tempranas en el ámbito educativo y poner en práctica herramientas que contribuyan no sólo a la responsabilidad, sino a la corresponsabilidad. Se trata de dar sentido al aprendizaje con un «para qué»asertivo:un adulto consciente y proactivo.

En esta línea, la Educación en Valores y la Educación para el Desarrollo, adquieren un peso específico a tener en cuenta. Y un factor decisivo es la identidad del Centro educativo que competa en cada caso y los diferentes agentes de la Comunidad Educativa que son los que, al final, marcan las notas de la melodía que acompañará a cada educando en su andadura educativa.

Aunque nuestra Ley de Educación es común  y preceptiva para todos los niveles de nuestro sistema , también es bien cierta la contextualización lógica, repetitiva y a la vez, única,  que se desprende de cada núcleo docente. Está en nuestras manos establecer señas identificativas que sobrepasen la individualidad para crear un todo más allá de las sumas de lo particular que añadan una identidad significativa plausible y enriquecedora como modelo de pertenencia a una sociedad pluralista a la que aportar positivamente.

En este sentido, nuestra compañera Judith Prieto ensalza la relevancia de la seña identificativa y cómo entiende la trascendencia de su cultivo.

Judith Prieto Palacios
 Judith es Graduada en Filología francesa por la Universidad de Sevilla. Actualmente profesora de Secundaria y redactora de contenido educativo en aplicaciones digitales. “Mi obligación es mi pasión y viceversa. Que no te quedes un día sin aprender, que no haya niños sin enseñar y que todos ellos se sientan amados”.
Campaña de recogida de alimentos

“Identidad” es una palabra muy al uso en los tiempos que vivimos, pero… ¿Qué entendemos por identidad? Según la RAE identidad es “un conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás”. Como mencionaba anteriormente, hoy en día esta palabra presenta especiales connotaciones de cara al género más que a esos rasgos propios de los que habla la RAE. 

Sin embargo, no es al género a lo que nos vamos a referir en este artículo, ni mucho menos a la identidad de los niños como individuo aislado, sino a la identidad de los centros educativos, a esos rasgos particulares que hacen que un centro sea perceptible y, sobre todo, qué tipo de influencia causa en nuestros alumnos y alumnas. 

Gracias a mi experiencia docente he podido examinar y analizar las características que configuran la identidad de hasta 5 centro educativos. Todos estos realizan labores sociales y de ayuda a la comunidad en una u otra medida, pero… ¿hasta qué punto esto forja el sentimiento identitario de un colegio?

La solidaridad siembra, desde los alumnos más pequeños hasta los más mayores, un sentimiento de pertenencia, de formar parte de “algo” y, sobre todo, el arraigo tan notorio a unos valores comunes, de los cuales yo destaco forzosamente dos: la empatía y la gratuidad. 

No hablo de que los centros sean héroes solidarios ansiosos por colgarse una medalla y por rellenar las vitrinas del colegio. Hablo de que ellos, desde su primera etapa de Infantil, observan que existen actividades que ejercen una labor social, un servicio a la comunidad. Cuando su edad va aumentando y llegan a Primaria, entienden los beneficios que esto supone y cuál es la razón por la que se hace, por ejemplo, un mercadillo solidario. Y finalmente, cuando llegan a Secundaria y Bachillerato, participan en estos programas y, además de ello, lo difunden. En otras palabras, se trata de una cadena de maduración de valores: primero observan, después comprenden y, finalmente, participan y difunden. 

Charla sobre donación de órganos

Bien es cierto que, debe existir una “comisión solidaria”, es decir, un departamento que se encargue de organizar estas actividades y, sobre todo, de no nombrarlas “actividades” y transmitir la idea de que se trata de una obligación sin sentirse presionado, una labor que no se relacione con una carga más a mi jornada educativa como alumno o alumna. 

Cuando a un niño o niña le enseñan que en su colegio se hacen programas de solidaridad, automáticamente deduce que hay generada una utilidad de bien común, y que es su colegio quién ha sido capaz de abastecer esa necesidad de bien común. De esta manera, se sienten orgullosos de ello, y con el orgullo viene la distinguida identidad del centro y del alumnado por pertenecer a él. 

Si extrapolamos esto a la triste y aburrida vida adulta, cuando nos sentimos orgullosos de nuestra empresa, vamos contentos a trabajar e inevitablemente rendimos más y mejor en ello. 

Jornada de empatía y solidaridad entre compañeros.

Así mismo ocurre con la identidad de los centros. Un alumno se enorgullece de su colegio, seguidamente irá contento a su colegio, y será indiscutiblemente más productivo académicamente. Y no buscamos niños inmensamente brillantes grandiosamente solidarios (que también), buscamos que nuestras aulas haya niños felices y orgullosos por ocupar ese pupitre. 

sto puede haber sonado muy populista; sin embargo, como profesora de Secundaria y Bachillerato me atribuyo el lujo de poder afirmar que estamos “creando” personas, futuros adultos que deben tener unas bases que recordar siempre y llevar consigo la identidad de su colegio: el legado en valores que le dejó para que los usara y, sobre todo, los difundiera. 

En conclusión, la solidaridad puede desempeñar un papel muy importante es los centros. No solo como marca identitaria sino también como fórmula para generar motivación, aumentar el rendimiento académico y, asimismo, la felicidad del alumnado.

Observar, aprender, participar y difundir.”

Publicado por sptartessos

La Sociedad Pedagógica Tartessos está formada por docentes interesados en modernizar la educación española.

Deja un comentario