La neurociencia nos proporciona una ventana hacia la comprensión de cómo el cerebro se desarrolla y responde a su entorno. Por ello, las interacciones cara a cara, las conexiones emocionales y las experiencias juegan un papel esencial en la formación de circuitos neuronales fundamentales para el bienestar emocional. Sin embargo, en un mundo saturado de tecnología, estas experiencias se ven amenazadas.
Se ha comprobado que el uso inadecuado de las redes experimenta una visión negativa en la persona y su hipocampo puede verse menos desarrollado. Esto sugiere un vínculo entre la estructural cerebral y la percepción de uno mismo.
Es imperativo que, como adultos responsables de su bienestar cultivemos un equilibrio consciente. Al tomar decisiones informadas y adecuadas sobre el uso de la tecnología en el hogar, estamos defendiendo el derecho fundamental de cualquier ser humano a vivir una vida real y plena. Estamos construyendo puentes emocionales que van a perdurar a lo largo de sus vidas, formando adultos emocionalmente saludables y socialmente conectados.
Ha llegado el momento de recordar aquella época donde los juegos al aire libre eran la norma principal de cada día, y los móviles eran una rareza que rompía con la maravillosa tradición de sudar en la plaza hasta que mamá te llamaba.
Gracias a la evolución de la tecnología esta percepción ha cambiado, considerándose como los nuevos «raros « aquellos adolescentes resilientes llenos de autoestima que luchan contra un entorno donde la conectividad digital se ha vuelto omnipresente, apostando por el aire fresco y la emoción de una sonrisa cara a cara.
Quizás, en lugar de etiquetarles, deberíamos explorar sus experiencias desde una perspectiva de singularidad y, sobre todo, resiliencia.
Estos adolescentes están experimentando una gama de emociones y una conexión profunda con el mundo que les rodea, destacando su valentía al resistir la presión social que siguen viviendo día a día y la liberación de la constante validación en las redes, cultivando una autoestima sana basada en experiencias reales y conexiones humanas.
Es tarea de todos aplaudir a aquellos «raros« que desafían las normas sociales, encontrando su verdadera identidad sin tener que ser valorados digitalmente.
