Adrenalina. Pero de la buena.
No encontró mejor manera para definirlo uno de mis alumnos, el curso pasado. ¿Saben esa sensación… de que algo va a salir bien, solo con empezar a escuchar una idea que te están contando? ¿Que tal como está encendiéndose la bombillita en tu cabeza, ya te está iluminando hasta el estómago? Pues eso mismo sentí yo cuando mi alumna en prácticas me dijo un día que quería probar una manera diferente de hacer los dictados en clase. Les juro que fue un flechazo, un amor a primera vista. Vamos, que dije para mis adentros: esto a mis niñas y niños les va a encantar. Y así fue.
Lo que nunca sospeché era que también les iba a hacer mejorar mucho su ortografía. Quiero decir, por supuesto que uno hace esta clase de actividades con fines académicos, y no solamente lúdicos. Pero que, entre ustedes y yo, salió la cosa mejor de lo que imaginaba. ¡Lo reconozco!
Nos pusimos a darle forma a la dinámica. Hasta el más mínimo detalle. Porque la idea era buena, y además encajaba a la perfección con nuestro grupo-clase. Tanto a nivel motivacional, como por el tipo de trabajo que veníamos desarrollando con ellos desde principio de curso, metodológicamente hablando.
Era 6º de Primaria, ya con medio curso a las espaldas rodado en el trabajo cooperativo. Y seguíamos como elemento vertebrador de todas las dinámicas de aula un sistema de recompensa por puntos, que a su vez nutría una inmensa gamificación: “La Tienda del profe Pepe”. De la que ya les he hablado en algún artículo mío de esta misma revista educativa. Para quien no lo conozca, en pocas palabras, una colección de cartas con efectos varios, que el alumnado puede adquirir, intercambiar, vender y fusionar, según convenga, para lograr distintos beneficios en numerosas y variopintas situaciones de clase. Y con expansiones temáticas que van desbloqueándose conforme avanza el calendario escolar y sus efemérides.
En resumen, que ya me iba por las ramas, ¡que lo del dictado tenía una pinta extraordinaria, y para colmo nos venía de lujo con todo el tema este de puntos y cartas! Les cuento mejor:
¿DE DÓNDE NACE LA IDEA?
Raquel Páez, mi alumna en prácticas del Grado de Magisterio, había visto algo que le había llamado la atención en una de sus asignaturas de la facultad: “Didáctica para el desarrollo de la competencia gramatical”. Una manera diferente de hacer los dictados de Lengua.
Básicamente, consistía en una especie de carrera de relevos por equipos en la que un miembro de cada grupo era el elegido para poder consultar un texto situado en algún punto alejado de la clase -o incluso fuera de ella- y regresar para dictárselo a sus compañeros, poco a poco hasta completarlo. Sería fácil llamar a esta figura “el dictador” ¡pero no le haría ningún favor al juego en absoluto! Así que de momento para nosotros será “el que puede consultar el libro”. Aunque les prometo que al final sabrán cuál es su verdadero nombre, e incluso descubrirán por qué este artículo se llama así.
¿CÓMO LE DIMOS FORMA?
Ya les adelantaba antes -siempre se me escapan los spoilers-, que lo primero que hicimos fue moldear la idea para que casara de lleno con nuestra gamificación y metodología del aula. Esto es: que cumpliera con las normas del trabajo cooperativo, que siguiera nuestra dinámica habitual de los concursos de grupo, y que tuviera premios relacionados con La Tienda.
¿Qué fue lo que hicimos? Pues quisimos sacarle punta a todo, porque tanto Raquel como yo somos docentes que pensamos que si en vez de matar dos pájaros de un tiro, se puede tres, mejor. Y sabíamos que la idea era tan buena, que todo cuanto pudiera caber sin hacerla estallar, iba a merecer la pena. Así que ideamos este puñado de normas:
REGLAS DEL JUEGO
La Base
En un aula vacía -biblioteca en desuso también vale- se colocaría un libro por grupo. Seis en nuestro caso, abiertos todos por la página del dictado. Preparaditos y dispuestos sobre la mesa central para una lectura ágil. Aquí tendrían que acudir los seis que podían consultarlos, cada vez que quisieran recargar información. Tantas veces como quisieran. ¡Infinitas!

A este lugar le llamamos: “La base”.
El Camino
A los seis elegidos se les lleva a la base para que la vean, y se familiaricen con la ubicación de su libro. En ese momento, los coordinadores de cada grupo cooperativo y yo, aprovechamos para despejar toda la zona cercana a la mesa central. Retiramos sillas, carrito de portátiles y demás tiestos que puedan obstaculizarles. Y del mismo modo, se desanda el camino hasta sus grupos de clase, revisando puntos con los que tener precaución cuando la cosa coja velocidad. De hecho, sus compañeros recolocan sus sillas de forma que el portador de información pueda llegar e irse de su zona sin nada que le ralentice. Por último, como tenemos dos puertas de acceso en el aula, se les asigna a tres la puerta que más facilidad de entrada y salida le ofrece, y a los otros tres la otra. De manera que todo esté pensado para minimizar riesgos de accidentes, y optimizar sus desplazamientos.
Los Correcaminos
Claro. Como no podía ser de otra forma -y que seguro ya estaban sospechando- los seis elegidos para viajar a toda prisa hasta la base y volver con la información del dictado, se llaman así: correcaminos. Pero lo de “corre” no es un juego de palabras. Es una frenética realidad. Resulta que este tipo de dictado es una competición. Cooperativa, por supuesto, y con muchas sorpresas como luego comprobarán. Pero hay puntos y cartas en juego, y los niños lo saben. Ahora un poco más adelante les explico mejor, que ya me iba desviando otra vez. ¡La cuestión es que corren que se las pegan! De hecho, lo ideal es hacerlo en un aula que esté situada o la primera o la última del pasillo, o a una hora en la que tus vecinos de pared estén en el aula de música, de inglés, en el patio… Para no molestarles.
¿Qué ocurre con los correcaminos? Yo siempre les insisto a mis alumnos y alumnas en que, para mí es mucho más sencillo darle al botón de la tablet de “Sortear participante” y designar a uno por grupo aleatoriamente. Pero que prefiero no hacerlo así. Me gusta que cada equipo se reúna y elija personalmente a su correcaminos. Teniendo en cuenta que esta clase de juegos no se gana por ser más rápido que el resto, realmente. Que en este desafío hacen falta también otra serie de habilidades, como buena retentiva y memoria -para no regresar a la base tantas veces-, o buena pronunciación -para que le entiendan a la primera cuando les dicte cada trocito de texto-, o buen volumen de voz -para que no tengan que pedirle que les hable más alto constantemente, y que tampoco se pase y le regale información al grupo de al lado- … Y podría seguir enumerando destrezas.
Es por ello, que la persona seleccionada debe reunir un popurrí de éstas, o bien, destacar mucho en alguna. Y en adelante, las próximas veces que se lleve a cabo en clase esta actividad, ya nunca le podrá volver a tocar de correcaminos. Es decir, sólo lo son una vez.
El Dictado

Una vez finalizada la preparación, el camino despejado, los correcaminos seleccionados y esperando a mi señal para salir de la base, comienza el dictado. Un par de apuntes:
El resto de compañeros del grupo, tienen un folio en blanco con su nombre, fecha y el título ya rotulado arriba en el centro. ¡Como mandan los cánones! Y van escribiendo el texto según su correcaminos les va dictando.
Una noticia buena y una mala: el correcaminos puede corregirles sobre la marcha todo lo que vayan preguntándole, dudas ortográficas -haches, uves, tildes-, puntos, comas… Ya que, si no lo recuerda, puede ir un momento a consultarlo a la base y volver de inmediato. ¡Pero! El correcaminos no puede separarse de su grupo hasta que todos sus compañeros hayan terminado de escribir el fragmento que sea que estaban apuntando. Tarde lo que tarde aquel que necesite un poco más de tiempo para escribir.

El Ranking
Dentro de la caja cooperativa que hay en el centro de sus mesas, hay una pinza identificativa decorada con el escudo del equipo. En el mismísimo momento en que todo el grupo ha terminado el dictado, el encargado de materiales abre la caja, coge la pinza y se la da lo más rápido posible al portavoz. Este, debe levantar su mano alzando la pinza de su equipo y exclamar: ¡Listo! Y me entrega de manera conjunta todos sus dictados.
En ese momento, se los recojo, y en una misma funda, los cuelgo en una zona de la clase delimitada para EL RANKING -nos sirve para muchas otras dinámicas cooperativas- . Que no es más que una cuerda en un sitio determinado del aula, donde se van colgando sus producciones en orden de entrega. Y la pinza para sostenerlas es su distintivo de grupo.

Así, como se muestra en la imagen que acompaña a este artículo, voy colgando uno a uno, cada lote de dictados conforme va acabando cada equipo. Del 1º al 6º en total.
La Corrección
Llega el momento del juego que lo suele cambiar todo. De hecho, esta es la experiencia que más les suele curtir para futuras veces que se repita la actividad. Ahora verán.
El Ranking de entrega, el haber acabado antes que otros, lo que les hace es más vulnerables o menos vulnerables a los errores que hayan podido cometer. De esta forma, y respetando el orden en que han acabado, los miembros del equipo que ha entregado sus dictados primero perderán 0,10 puntos por cada fallo que hayan tenido. El segundo equipo, 0,20. El tercero, 0,30. El cuarto, 0,40. El quinto, 0,50. Y por último, el grupo que haya entregado su lote de dictados en sexto lugar, perderá 0,60 por cada fallo cometido.
¿Qué ocurre? Que siempre les digo: “Supuestamente los que habéis ido acabando más tarde, al haber tardado más tiempo se sobreentiende también que habéis podido revisarlo más veces y con mayor detenimiento. Por lo que no debe tener demasiados errores…”
¿Quién corrige? El secretario de grupo. Saca su libro, y palabra por palabra, coma por coma y tilde por tilde se pone a comprobar todos los dictados de su grupo. De esta manera, una vez los tiene todos corregidos, llega el momento de calificarlos. Es fácil. Cada persona comienza con un 10, y va descontando los fallos que haya tenido, según cuesten para su equipo.
Ejemplo: Sarita está en un grupo que ha terminado 2º. Cada fallo les cuesta -0,2. Ella ha tenido 3 fallos (-0,60 en total hay que descontar). Así que ha sacado un 9,40.
Manolito en cambio está en el grupo que ha quedado 5º. Cada fallo les cuesta -0,5. Él ha tenido 4 fallos (-2 puntos en total a descontar). Por lo que ha sacado un 8 en el dictado.
Y el correcaminos, ¿qué nota tiene? Como ellos no escriben durante la actividad, se procede de la siguiente manera. También comienzan con un 10, pero se les quita todo el conjunto de fallos que haya obtenido su grupo completo. ¡Y le cuesta lo mismo que a ellos, por supuesto!
Ejemplo: Fernando ha sido el correcaminos del grupo que ha quedado 3º. Es decir, que cada fallo les cuesta -0,3. Y en total en su equipo ha habido 12 errores (-3,6 puntos a descontar). Pues Fernando va a sacar un 6,40. De esta manera se hace justicia absolutamente. Los mismos puntos que él podría haberles ahorrado a sus compañeros de equipo si hubiese estado atento y revisando todo lo que iban escribiendo en su momento, son los puntos que ahora le van a penalizar a él. Esto luego hace que, en futuras ocasiones, los correcaminos estén super atentos a cada palabra que los demás van anotando. Y mejora el nivel de corrección del grupo y su pronunciación ¡hasta límites insospechados!
El Pódium
Ahora que ya se han corregido y calificado todos los dictados -y correcaminos-, se calcula la media de cada grupo. En este momento yo aprovecho para apuntar de paso la nota de cada alumno/a en mi cuaderno de evaluación. Y una vez anotada la media de cada equipo, se reordenan las posiciones del concurso en función de cómo han quedado las medias de todos los grupos. Normalmente hay cambios sustanciales, para sorpresa de muchos. Unas cuantas bocas abiertas, ya lo verán si se atreven a intentarlo en sus aulas -que es mi intención-. Se presencian remontadas más épicas que en la Champions, se lo aseguro.
Y una vez modificadas las posiciones del ranking , ¡ya tenemos ganador, segundo y tercer puesto! ¿Qué premios das? Los que consideres oportunos. Yo con la gamificación que sigo habitualmente lo tengo fácil. Tres cartas al equipo que ha quedado campeón, dos al medalla de plata y una al medalla de bronce. Pero varío mucho en función también de la fecha en la que lo estemos haciendo. Si nos cuadra en plena temática de La Tienda, pongo quizá una carta especial de Halloween, Navidad, Carnaval para el ganador, y cartas normales y puntos para comprar para el resto del pódium… ¡Ya a gusto del consumidor!
CONCLUSIÓN
Lo importante es: se ha trabajado la Ortografía de una manera mucho más lúdica, movida y cooperativa de lo normal. Y de paso, has sacado una nota individual que vas a poder emplear para evaluarles, y ellos una media grupal que les va a servir para concursar por cartas, ClassDojo, ClassCraft, o como se llame el sistema de recompensa que emplees en tu aula con tu alumnado. Han practicado Lengua, y os aseguro, se lo han pasado genial.
No tengáis miedo de intentar. Se lo digo constantemente a mis discentes en clase, pero en esta ocasión me dirijo a vosotros, compañeros y compañeras de profesión. Que no os tiemble el pulso a la hora de probar este tipo de dinámicas, nuevas formas de hacer las cosas. Llámense “metodologías activas”, o quieran disfrazarlo con el nombre que sea en inglés. Experimentad, para aprender de los errores y poder intentarlo de nuevo, mejorando lo que fallaba y deshaciéndoos de lo que no aportaba en realidad. Confiad en vuestro instinto.
Y abrid las puertas de vuestras aulas para que la gente que viene rebosante de ideas, lleven 30 años de servicio o estén aún en prácticas de la universidad, puedan entrar a contagiároslas. Ya veréis cómo, la próxima vez que estéis explicando una nueva regla ortográfica de Lengua, vuestros chicos no mueven el cuello hacia atrás queriendo dormir. Sino que se echarán mano a los cordones y los apretarán fuerte, porque sospecharán que pronto les va a tocar correr.
