El verdadero problema de los problemas
Desde que empecé a trabajar, ¡miento!, desde que estaba ya en las prácticas de la universidad, me di cuenta de que había que darle una vuelta de tuerca a la Resolución de Problemas. Visitase el colegio que visitara, fuera cual fuese su contexto, o su ciudad, siempre aparecía una afirmación constante en todos los Planes de Mejora: “Hay que mejorar los resultados en Problemas”. Y ya iba cavilando yo, ¿vienen nuestros niños y niñas con un defecto de fábrica o quizá estaremos enfocando mal las cosas? Y evidentemente, humor aparte, no se trataba de lo primero.
Con el tiempo, sobre todo los cursos que en mi especialidad no me han tocado desempeñar labores tutoriales, he podido analizar a fondo el asunto. Desde el acompañamiento, el apoyo en ciclo, y el refuerzo educativo. Y pronto llegué a la conclusión de cuál es el principal problema que tenemos con los problemas. El alumno no se imagina en la situación que se describe, no llega a rebotarse ante la problemática que se suscita, a interrogarse cómo salir de ahí, a sentir la necesidad de darle solución a lo que se le plantea. No llega a “picarse”, a querer descifrar el asunto, a superar el reto (que todo esto es fundamental si queremos que funcione). Pero sobre todo, básicamente podemos resumirlo en una burda expresión: el alumno no se está enterando de la película.
Y del mismo modo que a veces estás leyendo un poema o un texto precioso donde tú, con unos ojos mucho más adultos que los suyos, te estampas desilusionado con cómo 24 personas, tan humanas como tú, ¡pasan inadvertidas por el supuesto mejor momento de la obra que estáis leyendo! sin derramar una lágrima, sin que se les quiebre la voz, y dejando en evidencia que para nada están viendo lo que les está pasando por delante, acabas sospechando que, desgraciadamente, no están viviendo aquella experiencia que pretendías compartir con ellos. La están leyendo, sí (la mayoría). Algunos incluso la están comenzando a entender. Pero no están inmersos en ella. Ni la están caminando con sus pies, ni la están respirando por dentro. Y aquí comienza nuestro problema con los problemas: que para querer resolverlos, hay que vivirlos. Y para que sientan la necesidad de descifrarlos como si se tratara de un misterio, primero éste debe causarles el asombro suficiente.
¿Cómo podemos conseguirlo?
La metodología ha evolucionado tanto, que hoy día tenemos un auténtico bufé libre del que picotear. Y en lo que a la Resolución de Problemas se refiere, en concreto el Aprendizaje Cooperativo tiene mucho que ofrecer. Tanto es así, que la propia y actual LOMLOE establece entre sus “Principios Pedagógicos” (Art.19), que de cara a desarrollar las competencias, se dedicará un tiempo lectivo a “la resolución colaborativa de problemas”. Ya no solamente porque lo que no se le ocurre a uno se le pueda ocurrir a otro, ni porque cuatro cabezas piensan más que una (que también), sino por la naturaleza en sí de los problemas. Veamos un par de pinceladas.
- P.R.A. (Principio de Realidad Educativa)
Partamos de la base de que el docente ha diseñado bien la sesión. Esto es, nada de problemas ajenos, de una niña que va viajando en globo aerostático por las cumbres de Alaska, o un autobús en el que, en la primera parada, suben 17.351 personas. Comencemos con la base de que el docente ha tenido en cuenta el denominado Principio de Realidad Educativa, y que por tanto los escenarios en los que se moverán los protagonistas de los problemas serán los mismos en los que se mueven hoy nuestros niños y niñas, o, como mucho, los mismos en los que se van a tener que mover el día de mañana. Con números reales, cifras lógicas, y problemáticas reconocibles (que ya está suficientemente lleno su mundo de situaciones matemáticas ricas a resolver como para ir desperdiciándolas).
- No solo me lo creo, ¡sino es que a Fulanito le ha pasado de verdad!
En segundo lugar, el hecho de que la problemática a la que se van a enfrentar se desarrolle en un contexto habitual o cercano a los de su vida diaria, ofrece una suculenta posibilidad: la oportunidad de que alguno de los 24 que conforman la clase, haya tenido que enfrentarse ya de manera real a lo mismo que les estamos planteando. Y esto tiene un poder enorme, en cuestiones de motivación, autoestima, protagonismo activo del aprendizaje, y un largo etcétera en el que no nos vamos a detener en este artículo. En resumidas cuentas: cuanto más cercanos y reales volvemos nuestros problemas, más fácil es que se dé la bendita casualidad de que alguno de los discentes tenga experiencia al respecto.
El Laboratorio de Mates
Volviendo al tema, la diversidad de metodologías que tenemos a nuestra disposición nos ofrece la posibilidad de jugar a construir una especie de monstruo de Frankenstein. Solo con piezas de puzle que tengan un mismo denominador común: la activación del alumnado.
En nuestro caso, un popurrí en toda regla. Picoteando de la parte experiencial de la Metodología con Experimentos o las basadas en Material Manipulativo (esconder datos en sobres, folletos publicitarios, manejar linternas), de la contextualización del Aprendizaje Basado en Proyectos (lo que estamos dando en Ciencias, Inglés o E. Física, lo practico en Mates), el alto componente motivacional que aportan las Metodologías Activas como la Gamificación (mi resolución me aporta puntos de recompensa que puedo canjear en clase), Escape Rooms, Break-Outs, o las ya tradicionales pero no menos potentes Ghymkanas (tengo que desplazarme para conseguir datos que me faltan para poder resolver el problema), o incluso el feedback y la retroalimentación que aporta la Metodología Expositiva (comunicación de obstáculos, intercambio de trucos, soluciones alternativas). ¡Y ya de las TICs, ni hablamos!
A toda esta sopa de herramientas, técnicas y recursos la hemos llamado “Laboratorio de Mates”. Y os lo vengo a compartir.
¿Qué problemas trabajamos
- Problema PUZZLE
Tiene todos los datos necesarios, pero vienen desordenados en cuanto a su orden de aparición en el enunciado. Primero deben reorganizarlos para poder pasar a resolver el problema correctamente.
- Problema TRAMPA.
En este caso tienen más datos de los que realmente necesitan. Deben identificar los que son mero relleno o se han colado para despistar, y centrarse únicamente en los que de verdad les harán falta para la pregunta que les están planteando.
- Problema DICTADO.
Una voz en off desde los altavoces de la clase, o una locución desde la pizarra digital, a modo de transmisión de radio, les comunica la situación que deben resolver.
- Problema SORPRESA
Dentro de la Caja de Equipo (cooperativo), un puñado de objetos, billetes y monedas aparecerán inesperadamente a modo de ingredientes. A veces, un pequeño sobre incorpora instrucciones o condiciones que deben cumplir. Ellos deben inventar un problema con todo eso y resolverlo.
- Problema DIBUJADO
Esta vez no hay texto, ni audio. La comunicación es únicamente visual. Una imagen que debe valer más que mil palabras. Plantean cuál puede ser una buena pregunta para los datos que tienen, y se lanzan a resolverla.
- Problema JEROGLÍFICO
¿Recuerdan cuando en la cuarentena se puso de moda mandarse cadenas de mensajes en los que aparecían nombres de películas, series o libros, pero escritos únicamente mediante emoticonos de WhatsApp? Y uno tenía que adivinar de cuáles se trataban… Pues en este tipo de problemas seguimos la misma mecánica. Se les da el enunciado tal que así, y ellos deben traducirlo y resolverlo. Y por si lo están sospechando, también juegan a inventarse otros para intercambiárselos con los demás equipos.
“Un autobús pasa cada 8 minutos, y un taxi cada 5. ¿Cuándo pasarán los dos juntos?”
- Problema TEATRALIZADO
Esta dinámica es una maravilla. Un grupo sale del aula, se le entrega un papel con la situación-problema que deben representar, se la organizan y preparan en un par de minutos y regresan a la clase para escenificársela de manera dramatizada al resto de grupos. Sus compañeros van captando la información y cuando la actuación ha acabado (un par de veces), entre todos intentan recopilar y enunciar el problema entero. ¡Y a resolver!
- Problema BOMBA
Pero sin duda el preferido por mi alumnado es este. El concepto es bastante sencillo. El enunciado está claro, el reto al que deben hacer frente no parece demasiado complejo, pero les falta un dato esencial para poder resolverlo. ¿Dónde puede estar? ¡En cualquier parte! Por toda la clase, bajo las mesas, escrito en tinta invisible en las paredes (tienen en sus cajas linternas de luz ultravioleta), camuflado entre la cartelería del pasillo, en las escaleras, por el patio…
Y el hándicap no es encontrarlo. El verdadero reto es que deben hacerse con él, incluirlo en el enunciado y resolver el problema completo ¡antes de que se acabe el tiempo! Para ello usamos un temporizador muy visual en forma de bomba a punto de explotar. De ahí el nombre.
El DUA y la Resolución de Problemas
Hace escasamente una semana ha salido publicado el nuevo Decreto de la actual ley educativa vigente. Y precisamente en los mismos “Principios Pedagógicos” (art.6) señala lo importante que es “potenciar el Diseño Universal de Aprendizaje” (DUA), y hace especial hincapié en que “la práctica docente desarrolle dinámicas de trabajo que ayuden a descubrir el talento y el potencial del mismo, y se integrarán diferentes formas de presentación del currículo, metodologías variadas y recursos que respondan a los distintos estilos y ritmos de aprendizaje del alumnado.”
Para aquellos que aún no conozcan demasiado del DUA, esta nueva y más amplia versión de la inclusión educativa se basa en tres pilares fundamentales: presentar, expresar y motivar. Esto es:
- Presentar lo que se va a trabajar a través de diferentes canales y medios (auditivo, visual, manipulativo, escrito…).
- Que el alumnado pueda expresar sus trabajos, respuestas, producciones y creaciones por medio de distintos soportes, formatos y maneras (digital, exposiciones, infografías, murales, redacciones…).
- Y que seamos capaces de involucrarles activamente en lo que vayamos a abordar, que lo hagan suyo. Que estén enchufados.
Como habrán podido observar, nuestro Laboratorio de Mates cumple con los tres principios fundamentales del DUA. Al discente le llega la información por diversos canales, y dependiendo de la técnica de cooperativo utilizada (Lápices al Centro, Pago Ficha, 1-2-4) o del estilo de problema que toque cada vez, éstos expresarán sus planteamientos, dudas, obstáculos y soluciones de múltiples formas. Por último, ese ambiente mitad lúdico, mitad retador que aportan metodologías de este estilo, traen siempre de la mano el factor motivacional de manera asegurada.
Y la espera activa. Como a algunos pedagogos les gusta llamarle. Lo que yo mismo, en otro artículo hace ya tiempo, denominaba “la cotidianeidad de la sorpresa”. Ese hormigueo que se crea en ellos cuando se acerca un nuevo miércoles en el calendario, y saben que al regresar del recreo un nuevo episodio del Laboratorio de Mates les aguarda tras la puerta de clase. Pero siempre con la ilusionante incertidumbre de cuál será el desafío al que tendrán que enfrentarse esta vez. Y si, ¡vete tú a saber!, al subir por las escaleras no han pasado ya por al lado del dato oculto que más tarde les va a hacer falta, pero que todavía no saben para qué. ¡Pero por si acaso…!
Niños con los cinco sentidos puestos en devorarse lo que les pongas por delante. Que caminan por los pasillos hacia clase sospechando de cualquier cartel que se haya movido. Y que entran de vuelta del patio, con una sonrisa pícara en la cara mientras te susurran “Profe, ya sé de qué va la cosa hoy…”
Que vivan cada problema de matemáticas como una auténtica aventura que superar. Y que estén deseando superarla. No porque toca hacerlo, sino porque se mueren de ganas por intentarlo. Os animo a todos a probarlo.
