Francesc Vicent Nogales Sancho
Profesor en la Universidad Europea de Madrid
Maestro de Primaria en el Colegio San Enrique
Francesc.nogales@universidadeuropea.es
Resumen:
¿Qué habilidades necesita el docente del siglo XXI? Vivimos en una sociedad en constante cambio y esos cambios también afectan a la escuela. Los docentes del siglo XXI deben saber de educación y pedagogía, pero también de emociones, digitalización, coaching… ¿Cuáles son las habilidades que el profesorado no puede permitirse perder? En este artículo reflexionamos sobre ello desde una perspectiva teórico-práctica.
Palabras clave: habilidades, docencia, educación
Introducción
Las habilidades docentes son las capacidades y competencias que tiene un docente o profesor para desarrollar efectivamente su trabajo de enseñanza y facilitar el aprendizaje de sus estudiantes. Estas habilidades pueden incluir:
- Planificación de la enseñanza: la capacidad de diseñar planes de enseñanza efectivos, claros y bien estructurados que guíen el aprendizaje de los estudiantes.
- Comunicación: la capacidad de comunicar de manera efectiva y clara los conceptos, teorías y habilidades necesarias para que los estudiantes comprendan el material.
- Evaluación: la capacidad de diseñar y administrar evaluaciones justas y precisas para medir el progreso y comprensión de los estudiantes.
- Manejo de grupo: la capacidad de manejar y liderar grupos de estudiantes, promover un ambiente de respeto y colaboración y resolver conflictos de manera efectiva.
- Adaptabilidad: la capacidad de adaptar la enseñanza y el material a las necesidades y habilidades individuales de los estudiantes.
- Motivación: la capacidad de motivar e inspirar a los estudiantes a través de la presentación de material interesante y desafiante, y el reconocimiento y la recompensa de los logros.
En resumen, las habilidades docentes son aquellas capacidades necesarias para que un docente pueda impartir una educación efectiva y lograr que sus estudiantes alcancen sus objetivos de aprendizaje de manera satisfactoria, pero sabemos que en la actualidad el profesorado necesita mucho más que todo esto.
¿Qué habilidades no podemos dejar de lado?
Cuando hablamos de habilidades debemos saber que no sólo nos referimos a aspectos subjetivos de la personalidad. Es habitual que si preguntamos a un adulto que nos hable de lo que recuerda acerca de sus docentes de la infancia nos remita a aspectos humanísticos, cómo le hablaba, su forma de ser, o alguna anécdota puntual, pero difícilmente mencionará las habilidades técnicas que poseía ese docente. Nosotros, como profesionales, tenemos una responsabilidad en relación con habilidades técnicas como son: la programación didáctica y la evaluación.
El docente debe conocer el desarrollo curricular de la etapa, diseñar programaciones didácticas que permitan trabajar los objetivos de aprendizaje y contenidos, buscar y preparar recursos y materiales didácticos partir de un enfoque globalizador. La metodología de enseñanza-aprendizaje debe ser lúdica y motivadora, y debe fomentar el aprendizaje autónomo del alumnado, así como debe contemplar la atención a la diversidad. De forma complementaria, es esencial que el docente evalúe el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus alumnos, así como reflexione y evalúe su propia labor docente.
Entre esas habilidades técnicas sabemos que los docentes deben trabajar de manera coordinada con otros profesionales, como otros tutores, con el orientador educativo o los maestros especialistas de audición y lenguaje y pedagogía terapéutica. Resulta fundamental también trabajar de manera coordinada con las familias del alumnado, intercambiando información y pautas a través de diferentes canales de comunicación, como las tutorías, a su vez, se aprovechará los mismos para implicarles, de forma activa y participativa, en la comunidad educativa. De forma complementaria, es imprescindible que el futuro docente valore la profesión docente como una profesión viva, en continuo cambio, ya que este debe adaptarse a los cambios sociales que están acaeciendo y que no son ajenos a la educación ni a los contextos educativos (auge de la tecnología, cambio en el sistema de valores, aumento de la diversidad en el aula, surgimiento de nuevas metodologías…). La sociedad actual —y futura— demanda que los nuevos egresados en educación desarrollen competencias y habilidades que les permitan responder a un mundo cada vez más incierto e inestable.
Evidentemente se hace necesario una formación continua, la escuela y el profesorado no deben permanecer indiferentes ante los continuos cambios que se producen en la sociedad, la cual se caracteriza por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad. A estos entornos (sociales, económicos, educativos…) se le conoce como “entorno VUCA” (Bermúdez, 2018; Félix, 2020)[1].
- Volatilidad. Es difícil controlar el origen e impacto de cualquier situación, la cual puede estar influida por muchas variables y factores.
- Incertidumbre. Los cambios son acelerados, impredecibles e inesperados.
- Complejidad. A la hora de tomar decisiones, debemos tener en cuenta muchos factores, ante situaciones nuevas de las cuales podemos llegar a desconocer precedentes o no hemos tenido experiencia previa en ellas.
- Ambigüedad. Sabemos que hay que cambiar, pero cuesta tomar una decisión, puesto que no tenemos siempre certeza de que la opción elegida vaya a dar el resultado esperado.
Si un docente no se sigue formando de manera activa y aplicando los nuevos conocimientos dejaremos de ser el docente que queríamos ser. La formación continua nos permite seguir mejorando pedagógicamente y a nivel didáctico.
En este sentido podemos concluir que las habilidades de un buen docente deben incluir:
- Utilizar las nuevas tecnologías: Los docentes deben estar al tanto de las últimas herramientas tecnológicas y saber cómo aplicarlas en el aula. Las nuevas generaciones son nativas digitales y los recursos disponibles en internet pueden ser utilizados para mejorar el aprendizaje de los alumnos.
- Fomentar una relación constructiva con los estudiantes: La buena comunicación y la empatía son clave para ayudar a los estudiantes a desarrollarse y aprender. Los maestros deben dedicar tiempo a cada alumno individualmente y tratar de entender sus necesidades.
- Planificar el proceso de enseñanza: La planificación cuidadosa de lo que se va a enseñar y cómo se va a hacer es fundamental para lograr el éxito del aprendizaje. No basta con seguir un manual, es necesario saber elegir los contenidos y recursos adecuados para cada clase.
- Manejar diferentes metodologías didácticas: Cada situación de enseñanza es única, y los buenos maestros deben conocer y utilizar diversas metodologías para adaptarse a las necesidades de cada grupo o alumno.
- Investigar sobre la enseñanza: Los maestros deben estar en constante aprendizaje y reflexionar sobre su práctica docente. Deben estar dispuestos a aplicar nuevas estrategias y a mejorar continuamente para ayudar a sus estudiantes a desarrollarse al máximo de su potencial.
Pero además de esas habilidades técnicas necesitamos fortalecer unas habilidades personales, que como mencionamos anteriormente son las que posiblemente nuestro alumnado recuerde de su vivencia con nosotros.
¿Qué sucede con las habilidades personales?
El docente debe ser resiliente y debe fomentar la resiliencia en su clase. La docencia es una actividad que implica relacionarse con grupos de personas, como el alumnado, otros docentes y las familias. Es por ello que el profesorado debe poseer suficientes habilidades que le permitan afrontar todas las situaciones sociales que se encuentre, como la resolución de conflictos, la gestión del clima de aula, la motivación del alumnado, emitir una comunicación didáctica efectiva, regular las emociones ante las situaciones de estrés, etc. La docencia es una actividad social donde las relaciones humanas son importantes.
Hoy en día, la profesión docente requiere atender a un alumnado que presenta una amplia diversidad de necesidades educativas, potencialidades, motivaciones, ritmos y estilos de aprendizajes. Las ratios profesor/aula no siempre son realistas ante esta diversidad, y no siempre es fácil lograr la colaboración de las familias. El contexto social y familiar incluye en el ambiente del aula, y un docente novel puede tener dificultades para gestionar el clima y afrontar
los conflictos que suceden en el aula.
Un docente resiliente, de entrada, debe tener unas buenas habilidades sociales. Debe saber utilizar un lenguaje sencillo y cercano que facilite que el alumnado pueda comprenderlo. Debe acercarse con calma, con cariño e intentando hacerle preguntas sencillas que le ayuden a reflexionar, así como explicarles de forma clara y concisa todas las normas básicas de comportamiento. Debe saber mantener la calma en todo momento. Si hay un conflicto en el aula, es preferible separar al alumnado que está cometiendo ese conflicto y, una vez calmados en otro contexto, dejar que todos se expliquen y ayudarles a hablar y llegar a un acuerdo. Pero además de esas habilidades sociales también debemos recordar la importancia de la escucha activa y la empatía.
Otras dos habilidades sociales relacionadas que son esenciales son la escucha activa y la empatía. La escucha activa consiste en ser capaz de escuchar con atención e interés aquello que nos dice una persona, y hacerle preguntas coherentes para pedirle más información o aclarar algo que no hemos entendido. Una vez realizada la escucha, debemos entender sus sentimientos, cómo le afecta a él bajo su percepción lo que nos está contando y que, aunque a nosotros no nos parezca importante, entender por qué a él sí. Estas dos habilidades son fundamentales para un docente.
En conexión con los conflictos, una habilidad social y resiliente que también es fundamental es la asertividad. Es la capacidad que tienen las personas de comunicarse y defender sus intereses de manera pacífica y con respeto hacia los otros, teniendo en cuenta tus derechos y los de los demás. ¿Cómo se aplica esto en la vida diaria del docente? Cuando un niño tenga un mal comportamiento, el docente debe evitar perder la compostura y acercarse al niño para comunicarle acerca de su mal comportamiento, darle explicaciones e intentar llegar a un acuerdo de manera que él pueda estar satisfecho con dicho acuerdo. También la asertividad es importante para saber decir “no” al alumnado de una forma amable y comprensiva para ellos, ya que facilita poder negociar con ellos y a la vez no perjudicar nuestros intereses. También si necesitamos formular una queja al alumnado o a las familias, es fundamental saber argumentar los hechos, aportarles nuestro punto de vista y defenderlo con dichos argumentos y negociar un acuerdo con ellos (Fernández y Velásquez, 2014)[2].
¿Y el trabajo en equipo? Todos los docentes, durante la carrera, han realizado trabajos en equipo hasta la saciedad. Todo docente debe unirse a otros profesionales del ámbito educativo que se encuentran en el mismo centro educativo o escuela infantil donde ejerce sus funciones. Tradicionalmente, la profesión docente ha tenido como prejuicio que es una profesión individualista. Se tenía en mente que el maestro tenía asignado un grupo de alumnos y alumnas, y que él era el único responsable de la educación y formación de ese grupo. Ninguna otra persona debía entrometerse en su programación y en su forma de trabajar, y que cada docente debe solo preocuparse de su grupo-clase. Hoy en día, esta teoría ha quedado obsoleta, y se apuesta por una cultura más colaborativa. En este tema se hablará sobre el trabajo colaborativo entre el profesorado de Educación Infantil, pautas para la coordinación docente y cómo este puede favorecer el desarrollo profesional del profesorado.
La cultura colaborativa puede ayudar al profesorado a mejorar sus capacidades como docentes, gracias a la propia diversidad de capacidades y especializaciones del profesorado y al intercambio de ideas, opiniones y discrepancias. Existen posibilidades como la formación de grupos de trabajo y la observación dentro de las aulas que contribuyen al desarrollo profesional del profesorado.
Por otra parte, el liderazgo educativo la capacidad que un docente posee para animar e influir en las actitudes y competencias de sus compañeros docentes, con el objetivo de ayudarles a evolucionar y a transformar las prácticas educativas. Puede ser ejercido por cualquier docente, no solo el equipo directivo, e incluso estos pueden distribuir entre los docentes este liderazgo. Entre los rasgos se encuentra saber motivar al profesorado, participar en la resolución de conflictos, consultar a la comunidad educativa cualquier decisión y tener una actitud democrática.
Finalmente, para que el trabajo en equipo sea significativo, requiere en el docente habilidades como una actitud abierta al diálogo, humildad, ser capaz de expresar cómo nos sentimos, compromiso, etc.
Y ¿a parte de esas habilidades humanísticas, qué habilidades necesitaremos para el futuro?
¿Qué habilidades necesitaremos mañana?
Las habilidades docentes del futuro serán aquellas que permitan a los educadores adaptarse a un mundo en constante cambio y preparar a los estudiantes para enfrentar los desafíos del siglo XXI. Algunas habilidades docentes que serán esenciales en el futuro incluyen:
- Competencia digital: los educadores del futuro deberán ser expertos en el uso de tecnologías educativas y herramientas digitales para mejorar la experiencia de aprendizaje de los estudiantes.
- Pensamiento crítico: los educadores del futuro deben ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades de pensamiento crítico para analizar, evaluar y sintetizar información de manera efectiva.
- Colaboración: los educadores del futuro deben ser capaces de fomentar la colaboración y el trabajo en equipo entre los estudiantes para ayudarles a desarrollar habilidades sociales y emocionales.
- Personalización: los educadores del futuro deberán ser capaces de personalizar la experiencia de aprendizaje para cada estudiante, teniendo en cuenta sus necesidades y habilidades individuales.
- Creatividad: los educadores del futuro deberán ser capaces de fomentar la creatividad y la innovación entre los estudiantes para ayudarles a resolver problemas de manera efectiva.
- Flexibilidad: los educadores del futuro deben ser capaces de adaptarse a los cambios en el entorno educativo y estar dispuestos a aprender nuevas habilidades y estrategias de enseñanza.
- Alfabetización emocional: los educadores del futuro deberán ser capaces de ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades emocionales, como la resiliencia, el autocontrol y la empatía, para hacer frente a los desafíos de la vida.
En resumen, los educadores del futuro necesitarán ser competentes en tecnología, creatividad, colaboración, personalización y alfabetización emocional para preparar a los estudiantes para un mundo en constante cambio.
Conclusiones
Los docentes necesitan distintas habilidades para mejorar en su desempeño profesional. Destacamos habilidades técnicas como la programación de contenidos, la formación continua o incluso organizar formaciones para otros docentes, pero también la mejora mediante la investigación y el uso de diversas metodologías.
Es importante también reflexionar sobre la transferencia de nuestro conocimiento como docentes y la proyección de la educación hacia la sociedad.
Centramos muchas veces la mirada hacia el desarrollo de la competencia digital, por ejemplo, o en aprender a utilizar determinadas herramientas tecnológicas, pero olvidamos algunos de los aspectos destacados a lo largo de este artículo. Estamos en un año de transición en el que empezamos a aplicar la LOMLOE y es ahora cuando debemos sacar a relucir esas habilidades técnicas que poseemos, pero sin olvidar esa competencia emocional, empatía y como se ha destacado la resiliencia.
El sentido de la educación puede variar dependiendo de la perspectiva y los valores de cada persona y cultura, pero en general se puede decir que su propósito es el desarrollo integral de las personas, tanto a nivel individual como colectivo.
Desde una perspectiva individual, la educación tiene como objetivo formar a las personas para que adquieran conocimientos, habilidades y valores que les permitan desenvolverse de manera autónoma en la sociedad y alcanzar su máximo potencial en diversos ámbitos de la vida. Esto incluye el desarrollo de habilidades cognitivas, emocionales, sociales y físicas.
Desde una perspectiva colectiva, la educación tiene como objetivo formar ciudadanos capaces de participar activamente en la vida democrática de su país, respetando los derechos humanos y los valores democráticos, y contribuyendo al desarrollo sostenible de su comunidad y del mundo en general.
Además, la educación tiene un papel importante en la transmisión de la cultura y la preservación de la memoria histórica, así como en la formación de la identidad individual y colectiva.
En resumen, el sentido de la educación es formar personas íntegras, críticas y comprometidas con su entorno, capaces de contribuir al bien común y de enfrentar los retos que se presenten en su vida personal y social y para lograr darle sentido a la educación no debemos perder de vista las habilidades que necesitamos como docentes.
Referencias bibliográficas
Bermúdez, I. (2018). Dos experiencias en metodologías activas basadas en el desarrollo integrado del currículum. En Actas del I Congreso Iberoamericano de Docentes, Algeciras (Cádiz) (pp. 1-3). Cádiz: Universidad de Cádiz.
Fernández, A. y Velásquez, A. M. (2014). Comunicación asertiva de los docentes y clima emocional del aula en preescolar. Voces y silencios: Revista Latinoamericana de Educación, 5(1), 23-41.
[1] Bermúdez, I. (2018). Dos experiencias en metodologías activas basadas en el desarrollo integrado del currículum. En Actas del I Congreso Iberoamericano de Docentes, Algeciras (Cádiz) (pp. 1-3). Cádiz: Universidad de Cádiz.
[2] Fernández, A. y Velásquez, A. M. (2014). Comunicación asertiva de los docentes y clima emocional del aula en preescolar. Voces y silencios: Revista Latinoamericana de Educación, 5(1), 23-41.
