Aproximación a la acción tutorial desde distintos ángulos.
Resumen:
La acción tutorial es una labor a la que todos los docentes de etapas obligatorias estamos llamados. En este artículo analizamos los datos recogidos por 72 estudiantes del Grado de Primaria sobre el desempeño de la acción tutorial desde el punto de vista del alumnado, el profesorado y las familias.
Palabras clave: tutoría, acción tutorial, participación de las familias
Introducción
Un tutor es “un profesor que se encarga de coordinar el desarrollo integral de la personalidad del alumnado, principalmente en lo que se refiere a todos aquellos aspectos del desarrollo que no están suficientemente contemplados en los contenidos de las materias académicas ordinarias”, así lo definían Álvarez y Bisquerra[1] en 2012. Por norma general entendemos que el tutor es aquel que coordina y orienta el proceso de enseñanza – aprendizaje de los alumnos durante su etapa escolar, pero en ocasiones se nos olvidan algunos detalles.
Por norma general deberíamos hablar más del proceso de aprendizaje – enseñanza, ya que lo primordial es que el alumnado aprenda y nosotros adaptar nuestra manera de enseñar para garantizar el objetivo principal (aprendizaje). En este caso creo que el orden de los factores sí altera el producto.
Por otra parte olvidamos que la LOE (2006) nos hacía a todos los docentes responsables de la acción tutorial, no sólo a los tutores, sino a todos los docentes que trabajamos con ese alumnado en particular, incluyendo dentro de las funciones del profesorado (no sólo de los tutores) la acción tutorial.
¿Cómo es el tutor que deberíamos ser?
Si nos fijamos en Menchén[2] (1999) son muchas las características que debería reunir un tutor (y por extensión de la LOE todo docente). Para algunos puede ser como describir a la pareja ideal, pero ¿no debería ser un tutor la pareja ideal para su alumnado?
Entre las cualidades humanas deberíamos ser personas entusiastas, tolerantes, pacientes, empáticas, con sentido común, con regulación emocional, con capacidad de liderazgo y ser inspiradores intelectuales para el alumnado. Evidentemente tener todas estas cualidades nos equipararía a Gandhi, ya que con frecuencia los docentes somos esos humanos que ponemos notitas por no realizar deberes (desconociendo la situación personal que ha generado esa falta, y demostrando cierta impaciencia). Somos esos líderes que ante una clase alterada recurren a alzar la voz o incluso hay quien golpea una mesa o campana como descarga emocional de impotencia ante esa situación, y somos ejemplo de tolerancia cuando un alumno muestra una actitud disruptiva en clase.
Para Menchén también debemos poseer unas ciertas cualidades científicas como conocer las teorías del aprendizaje, poseer un espíritu investigador, fomentar y tener pensamiento crítico y ser innovador. Una vez más podríamos equipararnos a personalidades como Edison si cumpliésemos to das esas cualidades, pero nos quedamos algo alejados de Thomas. Somos poco críticos (constructivos) con nosotros y nuestra praxis del aula. Tendemos a no ser parte de los problemas y proyectarlos en familias, tutores anteriores y alumnado. Tenemos poco espíritu de investigación y el método científico se utiliza poco para valorar la adecuación o no del uso de nuevos libros o materiales pedagógicos. Ya no hablemos de poseer y dominar distintas metodologías, porque los datos podrían sacar los colores a más de una persona.
Finalmente deberíamos poseer unas cualidades técnicas, que para Menchén podrían ser el dominio de las TIC, una buena oratoria, la gestión de la motivación o el manejo de la comunicación no verbal. ¡Qué difícil es esto! Algunos somos esos locos que hemos grabado clases para ver cómo impartimos una sesión, y nos hemos sorprendido con gestos o miradas que debíamos modificar. Aún encontramos docentes con dificultades para resolver dudas sencillas con un ordenador y lo que es aún más delicado, con una oratoria que requiere mucha mejora.
¿Somos el tutor que creíamos ser?
Esta es la pregunta encubierta de una actividad realizada con mis alumnos de la Universidad Europea. Además de impartir clases en un colegio como tutor en Primaria también soy profesor en el Grado de Primaria en la universidad y este año he podido realizar una sencilla investigación con mis alumnos sobre la figura del tutor y la coherencia entre lo que somos y lo que creemos ser.
Ante todo debo manifestar que este sencillo estudio no se puede catalogar como investigación, ya que la muestra es pequeña, y el sesgo de error alto, pero sí que es curiosa la actividad y creo necesario elaborar una reflexión en torno a ella.
Los alumnos debían hablar con tutores suyos de la etapa de Primaria y/o Secundaria, o en su defecto con tutores en activo. A su ver también realizaban una entrevista a un familiar que hiciese tutorías con esos docentes. El objetivo, para aquellos que lograban entrevistar a su familia y sus propios tutores era lograr una visión multidimensional de la tutoría, de forma que tienen su visión como alumnos, la visión de las familias y la visión del docente. Como suele ser habitual esas entrevistas debían quedar recogidas con evidencias para poder demostrar su realización.
El primer dato curioso es que el 63% del alumnado logró entrevistar al profesorado correspondiente, la muestra de alumnado era de 72 estudiantes.

Por otro lado es curioso descubrir que el 100% de los tutores entrevistados consideraron que ejercían correctamente su función y desempeño docente como tutores. En este sentido es importante recordar que los ámbitos de intervención del tutor se refieren al desarrollo académico del estudiante, potenciando las técnicas de estudio, perfeccionando las habilidades para aprender a aprender o mediante la resolución de dudas. Es destacable que, por norma general los alumnos (hoy estudiantes en la universidad) corroboraban esos datos.
La LOMCE (2013) añadió a la tutoría el desarrollo personal y social como uno de sus principales fines. Esto incluye el desarrollo emocional del alumnado, el autoconcepto y autoestima o la creación de habilidades para la gestión de conflictos. Aquí los resultados ya empiezan a demostrar diferencias entre lo que opinaban los docentes y lo que opinaban sus alumnos y familiares. El 40% del alumnado discrepaba en sus conclusiones sobre las afirmaciones de los docentes.
Respecto al desarrollo profesional descubrimos una de las áreas de mejora más importante en la acción tutorial. Los docentes de primaria consideran que desarrollan correctamente esas habilidades para la transición a la vida adulta, o para el emprendedurismo, pero en la opinión de familias y alumnos se queda escasamente en la generación de hábitos de trabajo. Los docentes asesoramos más a las familias en el refuerzo de áreas débiles (clases de repaso de matemáticas, o de inglés) antes que potenciar las fortalezas de nuestros alumnos. Tenemos estudiantes que poseen interesantes habilidades artísticas o interpretativas y no se le suele recomendar a las familias que les apunten a extraescolares de ese tipo para perfeccionar sus talentos.
Otro de los aspectos curiosos ha sido el estilo de liderazgo percibido y autopercibido. Aquí nos basamos en los estudios de Huici et al. (2011).[3] Prácticamente el 100% de los docentes se autodenomina como líder democrático y transformacional, pero vemos como el alumnado diferencia entre líderes transaccionales y transformacionales.
Los estudiantes de magisterio, en su mayoría, identifican a esos tutores que les han influido positivamente en su desarrollo personal, académico y profesional como líderes transformacionales. Destacan de ellos la confianza que depositaban en sus estudiantes, el fomento de la creatividad y la motivación que generaban en sus aulas.
Por otra parte los estudiantes destacaron que aquellos tutores que les habían influido negativamente en su etapa académica ejercían un liderazgo transaccional, centrándose en el fallo del alumnado para corregirlo y generando sistemas de premio y recompensa según se alcanzaban los objetivos deseados.
Al cruzar los datos con los resultados obtenidos por parte de las familias se apreciaban importantes diferencias también entre la visión del docente y la de la familia respecto a la acción tutorial.
Un último aspecto relevante es el de la participación activa de las familias en el aula. El estudio evidencia una gran diferencia entre los tipos de participación en las aulas de las familias con hijos que actualmente tienen entre 20 y 30 años y las familias que actualmente tienen escolarizados a sus hijos. En la actualidad los docentes ofrecen más canales de participación y se realizan más actividades con los padres y madres de los estudiantes. No obstante se detecta que en muchos casos dicha participación se orienta a actividades festivas y celebrativas, alejándose de actividades académicas y participativas.
Conclusiones
Es evidente que existen discrepancias entre lo que hacemos y lo que los demás perciben que se realiza, pero también este análisis nos demuestra que los docentes solemos ser poco críticos con nuestra actividad.
Como tutores necesitamos transformar nuestra manera de realizar las tutorías individuales con las familias para hablar menos nosotros y dejar que las familias cuenten y pregunten. Ha quedado evidenciado que en la muestra consultada más del 50% de las familias tenían una percepción diferente a la del tutor sobre cómo se afrontan esas tutorías individuales con las familias. De igual manera ha quedado comprobado que la labor de orientación profesional es casi inexistente para con las familias en la etapa de Primaria.
Necesitamos mejorar lo que se realiza en las clases de tutoría, refiriéndonos a las tutorías grupales, ya que aún existe una alta tendencia a dedicar esos tiempos para adelantar actividades de otras asignaturas y no siempre son espacios donde se trabajan emociones o habilidades. Esta realidad se ha constatado a partir de la percepción de los alumnos. Cabe destacar que también se han realizado entrevistas a alumnos en edad escolar, y que el 100% del alumnado consultado (que actualmente cursa Primaria o Secundaria) manifiestan que las sesiones de tutoría se utilizan para resolver conflictos, hacer dinámicas grupales o trabajar la lectura.
El profesorado necesita revisar las prácticas relativas a la acción tutorial. Se hace necesario actualizar los canales de información, mejorar las técnicas de acompañamiento y la oratoria en el trato con las familias y reforzar las estrategias de participación de las familias. Creo, personalmente, que la formación que se ofrece actualmente en las facultades a los estudiantes del Grado de Primaria marcará un cambio de tendencia.
[1] Álvarez, M. y Bisquerra, R. (2012). Orientación educativa. Modelos, áreas, estrategias y recursos. Madrid: Wolters Kluwer.
[2] Menchén, F. (1999). El tutor. Dimensión histórica, social y educativa. Madrid: Editorial CCS.
[3] Huici C. (2011). Psicología de grupos. Madrid: UNED.
