Kit de Exposición: Ojos, Oídos y Corazón.

“Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás.”           -Voltaire-

Llega el mes de noviembre, y con él un nuevo número de nuestra querida revista. Y aquellos que ya me hayan leído anteriormente dirán: –Ya viene el Profe Pepe a contarnos otro curso más el truco de magia de Halloween que acaban de realizar. ¿De qué se trata esta vez? ¿Qué habéis sumado en vez de calabazas, calderos y monstruos?- Y razón no os faltaría, que es lo más gracioso. ¡Porque haberlos, los ha habido! Pero lejos de eso, este año la magia viene por otro lado, en otra dirección. Este año descanso de artículo de truco y trato, pero no dejo de lado, en absoluto, el aspecto mágico de nuestra profesión. Ahora veréis.

Hoy vengo a contaros cómo hacemos las exposiciones en clase. Y no esperéis efectos especiales extraordinarios, ni nuevas tecnologías de supervanguardia (si es que la palabra existe). Hablo de exposiciones de las que cualquiera se imaginaría de primeras, solo que con una serie de pinceladas, de momentos clave, que convierten un examen oral de ciencias, en uno de los escenarios de aprendizaje más grandes y fructíferos que nos pueda brindar el aula. En serio. Un verdadero huerto de destrezas, competencias y emociones. Y sobre todo, de lecciones para la vida. La de nuestros alumnos, y por supuesto, la nuestra. ¡Allá vamos!

Os pongo en situación

Somos una clase de 6º, que funcionamos con una metodología de trabajo cooperativo, por lo que estamos distribuidos en 6 grupos. Comenzamos nueva unidad de Sociales. Le echo un vistazo previo al grueso del tema y…huele a rollazo. Conozco a mis alumnos, sus fortalezas y debilidades, sus características y sobre todo, tengo muy presente cómo está el termómetro psicológico y emocional de la clase. La carga de trabajo que vienen dando, el ritmo que estamos llevando y el nivel de motivación que, en este momento concreto del curso, tenemos. En pocas palabras, sé cómo están las cosas.

Y al mismo tiempo, soy consciente de cuáles son los criterios de evaluación que van a perseguirse durante este tema que se viene. Lo que verdaderamente y a fin de cuentas van a tener que saber y lo que no, lo que van a necesitar aplicar y lo que, siendo honestos, no. Toda esta cábala en realidad, si os fijáis, no es más que un tanteo. Un cálculo rápido sobre si nos podemos permitir el lujo de darle otro enfoque menos dirigido o magistral a la unidad. Y cuando la respuesta resulta ser un sí, el producto se traduce en una exposición como la que a continuación os cuento.

Nuestra mecánica se basa en tres pilares fundamentales: los colegas expertos, la rúbrica y los comentarios.

LOS COLEGAS EXPERTOS

¿Cómo nos organizamos?

Lo primero es organizar el “timming” de la exposición en general. Como ya he dicho, hay seis grupos en la clase. La esencia de nuestra exposición reside en el papel activo del alumnado en todo momento, por lo que van a tener una función asegurada, les toque exponer o no. Me explico.

Vamos a diferenciar dos colectivos: los que salen a hablar, y los que van a escucharles. El espectáculo y el público, por así decirlo. Entonces, tendríamos que un grupo (por ejemplo el grupo 1), va a estar exponiendo, mientras que los cinco grupos restantes van a estar disfrutando de su exposición. Pero lejos de relegarse a ser meros espectadores, van a convertirse en expertos analizadores y evaluadores. Y cuando acabe de exponer el grupo 1, se sentarán y todo rotará. Los del 1 pasarán a formar parte del público y los del grupo 2 se convertirán ahora en los que exponen. Y así hasta que el 6 termine.

No obstante, esto va más allá. Para exprimir aún más dicha observación (ahora entenderán lo de “expertos”), cada alumno/a tendrá asignado un cometido en concreto. Para ello, inicialmente se coge el tema y se divide en cuatro grandes apartados. Sirva el mismo ejemplo de Sociales, que es precisamente el que acabamos de hacer en clase.

La Edad Moderna en España (toma castaña, valga la rima de paso). La fraccionamos en :

– Hitos       – Arte

– Reyes      – Sociedad

Se le dice a cada grupo que se repartan entre los cuatro miembros del equipo, un apartado para cada uno. Si la metodología cooperativa está bien asentada, el coordinador/a de grupo lo hará enseguida. Si hay problemas del directo o aún no está cuajada la cosa del todo, se les echa una mano repartiendo o se sortea y punto-pelota.

¿Qué hacen con lo que les toca?

Una vez repartido el bloque de cada uno, tendrán toda la semana para investigar utilizando las fuentes que quieran, sobre lo que les ha tocado. Pueden elaborar material plástico, recrear obras de arte, imprimir imágenes, confeccionar murales, o incluso apañarse un disfraz de explorador para la ocasión. ¡Lo que quieran! De hecho, suelo insistirles en la ecológica, gratuita y sencilla posibilidad de mandarme por correo o al Classroom una foto, por ejemplo, de algo que aparezca en su apartado, para que yo luego se la proyecte en la pizarra digital el día que vayan a exponerlo. También nos sirve.

A lo largo de esa semana irán y vendrán dudas básicas y típicas, y ahí deberemos estar nosotros para sufragarlas. ¿Extensión? Mejor poco pero digerido, que mucho sin masticar. Falta de seguridad sobre lo que se van encontrando, escasez de recursos para la búsqueda (hay que ofrecerles muchas alternativas, que teniendo portátiles de préstamo en el colegio para combatir la brecha digital, sus familias teléfonos móviles y una biblioteca de centro además de la municipal, ¡las hay!). Ya se imaginan, lo normal.

Vale, expertos, ¿pero por qué lo de colegas?

Y una vez concluida la semana, acabada la investigación, toca exponer. Y es justo en esta línea en la que volvemos del paréntesis.

¿Recuerdan que cada miembro del grupo tiene un bloque asignado? Pues, cuando el grupo 1 salga a hacer su exposición, habrá un alumno, por ejemplo, que irá a hablarnos sobre el Arte de la Edad Moderna en España, pero que no será el único al que le ha tocado especializarse sobre ello. Si lo piensan bien, hay exactamente cinco compañeros más (uno en cada grupo del público) que se han preparado sobre el mismo tema. Quizá no hayan encontrado lo mismo, o hayan decidido centrarse en otros aspectos, pero sí que conocerán el contenido de buena mano. Estos, queridos lectores, serán los cinco jueces o evaluadores que analizarán al detalle la exposición de ese alumno. Sus cinco homónimos, por así decirlo. Sus colegas expertos.

LA RÚBRICA

Al igual que a nosotros se nos pide (cada vez más y más y más) utilizar este instrumento de evaluación que, cien por cien seguro, a todos vosotros y vosotras os trae a menudo de cabeza, yo hago lo mismo con mi alumnado. Pero por otro motivo, evidentemente, distinto al de casi matarles de una sobredosis burocrática, como sí es nuestro caso. 

En primer lugar, elaboro una pequeña tabla, a modo de rúbrica, en la que les fijo cuatro ítems o referentes que deberán analizar durante la exposición de los demás compañeros. ¿De toda la clase? ¡No! Sólo en las exposiciones de sus colegas expertos. Cada uno, cuando les vaya tocando salir junto con sus respectivos grupos.

¿Qué ítems conforman esa tabla?

Me gusta que sea lo más parecida posible a la nuestra real, por eso suelo basarla en cuatro elementos principales: conocimientos, expresión oral, léxico y elaboración. Que traducido al idioma del alumnado y para que sepan identificarlos mejor, suelo llamarlos: “Se lo sabe”, “Tono/Expresión corporal”, “Vocabulario”, y “Material”. Y luego dispongo una progresión de cuatro niveles: Inadecuado, adecuado, bueno, muy bueno. Que, nuevamente, en su argot sería: “Chungui”, “Regu”, “Bien”, y “Genial”. De este modo, pues ya se imaginarán porque conocen, me temo, por descontado las rúbricas. Cada ítem se va marcando en su columna correspondiente en función de su nivel de desempeño, y al final, cuando les digo cómo se puntúa cada uno, suman una nota final.

¿Cómo saben utilizar la rúbrica?

Para que se vayan iniciando en el uso de este tipo de instrumentos de evaluación, es necesario que al principio tengan una toma de contacto en, digamos, una especie de campo de entrenamiento. Por ello, acostumbro a dedicar una sesión previa a las exposiciones, a que se familiaricen con la tabla, con sus ítems y niveles. Lo que hago es salir del aula y volver a entrar simulando una personalidad diferente. Me presento (para que coloquen mi nombre en la esquina de la rúbrica como persona a la que van a evaluar) y hago una pequeña exposición sobre algo que ya hayamos dado (porque de lo contrario no serían expertos y el ensayo no sería igual). Suelo simular alguna personalidad muy marcada, que tenga, por ejemplo, un dominio del vocabulario del tema verdaderamente exquisito y un material precioso, pero por el contrario utilizo un tono de voz tan bajito que los grupos del fondo de la clase no logren siquiera entenderme. O expongo con un lenguaje corporal muy introvertido, los brazos visiblemente rígidos, las piernas cruzadas, o cara de estar pasándolo mal, la mirada perdida en el suelo. O hago como que se me olvidan trozos de mi exposición.

Luego al terminar, vemos qué tal han ido sus puntuaciones y debatimos para reajustar algunas que se hayan quedado en el aire. Repito el experimento un par de veces alternando “personajes” muy diferentes, para que puedan hacerse con la plantilla. Y listo, ya están preparados para ponerla en práctica en un contexto real.

LOS COMENTARIOS

El día D, sale el equipo 1 a exponer. Cada grupo del público, recuerdo, tiene a cuatro personas especializadas en cada bloque de la exposición. Rúbrica y lápiz en mano, preparados para evaluar a sus compañeros. Y exponen. Las primeras veces huelga decir que hay que echarles un cable. Intentando no interrumpirles, pero sí teniendo el salvavidas preparado por si la cosa se complica o si algún que otro par de ojos amenaza tormenta. Un par de preguntillas, cara de entusiasmo, sonrisa de oreja a oreja y refuerzo positivo a borbotones. Y, normalmente, asunto arreglado.

¿Qué pasa cuando la exposición ha terminado?

Cuando el grupo 1 concluye, suelen producirse aplausos. Ahí los niños muestran una empatía atronadora. Diría que son los aplausos más fuertes del curso. Y se me ocurre que la causa puede estar en que ellos saben, mejor que nadie, lo realmente nerviosos que están sus compañeros y lo difícil que les ha debido resultar salir ahí delante a hablar. Es bastante emotivo, la verdad, presenciar este tipo de aplausos. Pero no nos quedemos aquí, que de emociones va la cosa bien servida en este apartado. Ya verán.

Lo dicho, los del grupo 1 se sientan, y antes de darle paso al grupo 2 para que salgan a hacer su exposición, llevo a cabo una pequeña dinámica. Doy la oportunidad por turnos, rápidamente, para que los demás grupos puedan hacerles, a los que acaban de exponer, un comentario. O bien felicitarles por algo que han hecho, o aconsejarles sobre algo que aún pueden hacer mejor.

Aquí dirán ustedes: –claro, pero Pepe, hay que incidir en que sean críticas constructivas.– ¡Por supuesto! Pero la mayor de mis sorpresas es que, el 99% de las veces, sin antes advertirles de nada, las críticas que van emanando de sus compañeros en estos momentos, son siempre constructivas. No sé si será porque la metodología cooperativa, entre otras cosas, tiene este tipo de consecuencias a nivel afectivo-social, o si he tenido muy buena suerte con todo el alumnado que me ha tocado. Pero la realidad es esa. Se escuchan palabras maravillosas. De alabanzas, de admiración, de asombro… ¡Suelen tener todos un mimo a la hora de sugerir mejoras, de corregir errores! Observo frecuentemente que no hay correcciones egoístas o vacías, sino que van siempre encaminadas hacia potenciar las habilidades del compañero que ha expuesto, o equilibrar un poco sus destrezas, o incluso truquillos que les ayuden a disimular algunas carencias con otras cosas que sí se les dan bien. Hay una caridad detrás de las palabras que se escuchan en este momento de la actividad, que les prometo, merece la pena todo el tinglado al completo, nada más que para que esto acabe sucediendo.

Y yo me sumo, por supuesto, a las congratulaciones y a los consejos, y pongo un sinfín de ejemplos de mis propias experiencias, etcétera, etcétera. Pero… como el grupo de iguales… nada. Es asombroso, les aseguro, ver cómo cada comentario que los demás van depositando en el niño o la niña que ha expuesto, les va esculpiendo como si de una escultura se tratase. Voy más allá, y disculpen el entusiasmo, pero incluso en el caso de los que han salido descontentos, o visiblemente tristes por su exposición, uno es capaz de ver cómo cada comentario lleno de amor de sus compañeros, va curándole. Uno tras otro, como si fueran tiritas. Y esto, queridos educadores, es sagrado. Es un campo de cultivo tan, tan valioso, que debemos esmerarnos en regarlo con todo nuestro empeño.

¿Cómo?

Visibilizando la empatía palpable en cada comentario, el enfoque constructivo de cada crítica, y el acierto de cada corrección. Sumándonos a sus apuntes, aunando su voz a la nuestra, compartiendo impresiones, y agradeciendo sus palabras. Pero vamos, que ya les digo yo, que no hace falta que se lean este párrafo, porque todas estas cosas, si presencian esta clase de momentos, les van a salir solas.

¿Y luego qué?

Y ahora, el grupo 2. ¡Que solo acabamos de empezar! Imaginen todo lo que acaba saliendo, si exprimimos el día, al final de los seis turnos de exposición. Lo que les dije, un escenario de aprendizaje gigantesco. Y ya no solo sobre Cristóbal Colón, los Austrias, el Siglo de Oro y la Ilustración. Sino de cosas de la propia vida. Frustraciones, ideas que no salen como se tenían planeadas, improvisación… Ya les advertía al inicio de este artículo que esto iba de destrezas, competencias y emociones. Y así es.

Ser resolutivos, crecer como personas y aprender de los demás, son tres aprendizajes, por enumerar algunos, que se volcarán en la mochila de nuestros alumnos, además del tema de Sociales que se han tenido que preparar e investigar. ¡Esa es la educación interdisciplinar! Eso, queridos compañeros es el famoso carácter transversal de los aprendizajes.  Que al final no es otra cosa que aprovechar los momentos reales, para sacarle punta a lo que está pasando a nuestro alrededor. Delante de nuestros ojos, latiendo en vivo y en directo dentro de los corazones de nuestro alumnado.

UN PAR DE CONSEJOS

Como se diría en mi tierra, “ya está to’ el pescao vendío”. Pero me gustaría cerrar este pequeño capítulo con dos apuntes que, considero, os pueden servir de ayuda si alguna vez os animáis a llevar a la práctica esta clase de exposiciones.

Rotaciones

En primer lugar, como se ha podido comprobar, mientras que el grupo 1 parte en desventaja al ser los primeros que rompen el hielo y se enfrentan al escenario de la exposición, el grupo 6 por el contrario resulta tremendamente afortunado, ya que, al momento de salir a hacer la suya, ya cuenta con el bagaje y el ejemplo de todos los equipos y compañeros anteriores. ¿Cómo se puede solucionar esto, de manera justa? ¡Muy sencillo! Para la próxima exposición, el grupo 2 será el que comience, y el grupo 1 quien cierre la sesión. Y así sucesivamente hasta que todos hayan pasado por todas las posiciones de manera rotatoria.

Incorporar mejoras

A menudo tendemos a demonizar el hecho de copiar un referente que nos gusta. Sin embargo, nadie arquea la ceja cuando vemos a otra persona imitar una receta de cocina, o utilizar en una película un tipo de efecto especial que hemos disfrutado en otra. Todo es cuestión de perspectiva, y esto debemos enseñárselo a nuestras niñas niños. Para ello, me gusta sumar una norma a nuestro tinglado de las exposiciones:

  • Si alguien ha visto un detalle, un recurso o una idea, durante la exposición de un compañero, que cree que puede incorporar a sus futuras exposiciones para que estas sean aún mejores, no solo estará permitido hacerlo, sino que se premiará.

¿A quién? Al “propietario” de la idea copiada. No como compensación, sino como símbolo de buena práctica. De que su ingenio, creatividad o esfuerzo, ha servido para que otra persona aprenda y mejore gracias a su trabajo. Os pongo un breve ejemplo:

Manolito ha traído, para la exposición de la Edad Moderna, un barco hecho de Lego, simulando una de las naves de Colón. Ha obtenido su punto en “Materiales”, y además le ha servido para mostrarlo a los demás mientras les explicaba un poco cómo fue aquel viaje. En el público, Sara se ha quedado con la idea. – Apoyar con una figura que la gente pueda ver y tocar, aquello de lo que les estoy hablando. ¡Me gusta!

Unos meses después, cuando estamos dando la Primera Guerra Mundial, Sara aparece en su exposición con un tanque hecho de Lego. Inmediatamente todos reconocen aquel detalle. ¡Es como lo que les trajo Manolito! Sara recibirá su correspondiente nota o puntuación por haber elaborado su material para la exposición, pero además, Manolito recibirá un punto por haber servido de inspiración. O en las palabras que acostumbro a utilizar en el aula con ellos, por haber permitido “incorporar una mejora”.

¿Qué clase de punto? El que prefieras, dependiendo de cómo tengas organizada tu gestión del aula. Si, como es mi caso, llevas adelante un Sistema de Recompensas (típico de las Gamificaciones), pues lo tienes listo: un punto, moneda o carta del juego.

APLAUSOS

Y ya está. Hoy no hay conclusiones poéticas ni citas rimbombantes. Espero que la idea en sí haya quedado más o menos clara. A modo de síntesis: investigación, coevaluación, reflexión, empatía y agradecimiento. Y suerte.

No para el alumnado, que seguro que no la necesitan. ¡Suerte la nuestra! Por este trabajo que tanta vida nos da, entre esas cuatro benditas paredes a diario. ¡Gracias siempre a esta profesión, que nos permite descubrir y esculpir mundos desde dentro!

Publicado por sptartessos

La Sociedad Pedagógica Tartessos está formada por docentes interesados en modernizar la educación española.

Deja un comentario