¿Cómo aprende el cerebro?

Llevamos años investigando cómo aprende el cerebro, a través de la neurociencia y la neuroplasticidad, persiguiendo una reflexión e intercambio de métodos, dinámicas, buenas prácticas, evidencias científicas… relacionadas con la educación, la innovación y las conexiones neuronales que permiten construir un aprendizaje significativo, útil, a largo plazo.

Es evidente que cualquier destreza, emoción o habilidad se aprende a manejar mediante la práctica y la experimentación/vivencia de experiencias enriquecedoras, sorprendentes, emocionantes.

¿Sabías que las neuronas que no utilizamos acaban muriendo? ¿Es posible evaluar con un examen sorprendente?

No sabremos nunca manejar la empatía si nunca generamos una situación donde experimentarla. Sin embargo, es emocionante ver cómo un grupo de alumnos prefieren ir a un hospital, como viaje de fin de curso, a hacer magia, teatro, globoflexia, malabares o tocar canciones con instrumentos musicales a niños hospitalizados, a través de un proyecto solidario, en lugar de viajar a un parque de atracciones.

¿Qué les motiva a tomar esta elección? La buena noticia es que las personas pueden trabajar para desarrollar su inteligencia emocional y a través de acciones divertidas y solidarias, sentir la necesidad de ser felices ayudando a otros. Cuando haces una obra de bondad por otra persona, tu cerebro libera ciertos neurotransmisores como la Oxitocina, Dopamina y Serotonina, que no solo ayudan a contrarrestar el estrés, sino que te hacen sentir feliz, relajado y tranquilo. Sentirse valorado es importante en la vida de todas las personas.

John Dewey dijo que la educación no es la preparación para la vida, sino que la educación es la vida en sí misma. ¿Qué sentido tendría salir de la escuela y no haber aprendido a manejar las emociones? ¿Qué sentido tendría terminar nuestra formación en el colegio y no saber cocinar, no saber primeros auxilios, orientación, mecánica básica del automóvil o de la bici, educación ambiental, electricidad o educación vial?

¿Qué sentido tendría tener una certificación o título universitario si no sabemos hablar en público, si no hemos desarrollado la creatividad, si no sabemos trabajar cooperando, en equipo, si no sabemos interpretar una factura, enviar una carta o echar un currículum? ¿Qué sentido tendría haber sacado en todas las materias dieces si luego no tenemos un espíritu crítico fuerte, si no valoramos el aprendizaje intergeneracional o si carecemos de valores sociales como el respeto a lo diverso, la tolerancia o la empatía?

Sabemos que el cerebro no es un bote que hay que llenar de cosas. Sabemos que la inteligencia es múltiple, es diversa, que no todos somos buenos haciendo las mismas cosas y que no todos aprendemos del mismo modo.

Sabemos que, a pesar de la genética, los factores sociales o ambientales, la inteligencia siempre puede mejorar. Es decir, la inteligencia no es fija, puede modificarse en función de las experiencias enriquecedoras, de las emociones que aportemos.

También sabemos que se aprende más y mejor en acción, en movimiento, programando un contenido desde las cuatro vertientes: el aprender a conocer, a hacer, a ser y a vivir juntos. Hemos descubierto que las artes escénicas, la música, la danza, las artes plásticas y el deporte son tremendamente inspiradoras y que potencian la imaginación, favoreciendo el aprendizaje.

¿Son los contenidos lo más importante o lo esencial son las interacciones que ocurren alrededor de ellos?

Según el profesor de sanidad, Daniel Roncadio, el ser humano, junto con otros seres vivos, tiene la capacidad de aprender gracias a los estímulos que hay en su entorno, gracias al sistema nervioso. Este sistema posee una gran plasticidad según la información sensorial que recibe, y se adapta según las necesidades que le exige cada situación.

La unidad funcional de la recepción y la respuesta a los estímulos del entorno es la neurona. Las neuronas son células que tienen la capacidad de transportar información en forma de impulso nervioso. Gracias a las conexiones entre neuronas, llamadas sinapsis, esta información puede viajar de un lugar a otro del organismo. 

Por ejemplo, cuando estamos estudiando una asignatura Online, a través de la vista enviamos información visual a la región cerebral que se encarga de procesar lo leído. Con la sinapsis, esta información viaja a regiones del cerebro que se encargan de memorizar lo que estamos estudiando. 

Para favorecer el aprendizaje, nuestro cerebro es capaz de formar más sinapsis para responder mejor a los estímulos, mecanismo que llamamos aprendizaje. Esto permite que cuando realizamos una acción repetidas veces o intentamos recordar una palabra ya memorizada, las sinapsis que forman parte de la respuesta cerebral han aumentado su cantidad, incrementando su eficacia.

Por lo tanto, el cerebro también aprende por repetición, pero ¿debemos repetir la información siempre desde la misma metodología o técnica? Cuantos más tipos de tareas, metodologías, ejercicios… proporcionemos al alumnado, más rico será el aprendizaje, más inclusivo, más integral.

Cuando nacemos, nuestro cerebro posee una gran cantidad de neuronas que no forman sinapsis. A lo largo de los primeros años de nuestra vida, los estímulos que percibimos son muy importantes porque son los que van a generar qué sinapsis se van a formar.  Esto nos da pistas de que la infancia es clave para aprender, de todo, sin excepción.

¿Sabías que las neuronas que no se utilicen morirán? El cuerpo, que es muy sabio, entiende que si no se utilizan es porque no sirven en el entorno en el que vivimos. 

Esta razón es por la que se aprende con mayor eficacia los idiomas en los primeros años de vida, porque las neuronas responsables de la adquisición lingüística están totalmente receptivas al aprendizaje.

Por esta razón también debemos exigir a nuestro alumnado, deben saber que por medio del esfuerzo y el sacrificio conseguirán metas, logros, recompensas.

Debemos dejar de sobreproteger, impidiéndoles que sean autónomos, que sean maduros, que asuman sus consecuencias, unas consecuencias lógicas a los hechos ocurridos.

Debemos dejar de intentar compensar sobrerregalando, haciéndoles creer que el estado del bienestar es gratis y no requiere sacrificios.

Los niños cada vez son más dependientes de los adultos, de sus padres, maestros… Algo estamos haciendo mal.

Deberíamos ir hacia adelante y parece que retrocedemos a pasos agigantados, en muchas ocasiones.

Los niños nos necesitan ahora prácticamente para todo. Ellos cada vez asumen menos responsabilidades, los adultos, por el contrario, no damos abasto. Esto también influye a la hora de aprender y de estudiar.

Si queremos educar a niños autosuficientes y responsables, debemos dejarles que asuman responsabilidades, que lidien con negativas, que aprendan a afrontar consecuencias, que organicen ellos sus mochilas, sus agendas, que se encarguen de sus deberes, de sus horarios, de saber qué día tendrán un examen, de estudiar por ellos mismos, que se aseen solos, que vayan a comprar el pan, que aprendan a atarse los cordones cuanto antes, que ayuden a poner la mesa y hagan su cama… que salgan de su círculo de confort.

Incapacitamos a los niños y niñas porque la sobreprotección y la sobreestimulación incapacita, impidiendo que desarrollen todas las cosas que serían capaces de hacer por sí mismos sí, simplemente, les dejásemos hacerlas, aprendiendo de sus caídas, errores o fracasos, sabiendo gestionar frustraciones y desafíos del día a día, esos retos que nos hacen crecer en autonomía, creatividad y esfuerzo.

En esencia, aprender y memorizar significa hacer asociaciones de eventos que producen cambios en las neuronas y sus contactos con otras neuronas en redes que se extienden a lo largo de muchas áreas del cerebro.

Emplear la memoria es esencial para aprender la parte conceptual que debemos saber para conseguir tener competencias, ya que una competencia es la transferencia de la información a conocimiento y, para eso, hay que saber conocer (memorizar cosas) y saber hacer (practicar con lo aprendido).

¿Es posible evaluar a través de un examen sorprendente?

Como dijo Einstein, el aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información.

Cuando planteamos clases únicamente magistrales y evaluamos de forma memorística con exámenes puntuales, teóricos, que premian la memoria a corto plazo, estamos dejando de lado el aprendizaje significativo ¿qué sentido tiene entonces evaluar algo que sabemos que pronto será olvidado? ¿Por qué no evaluar conceptos, pero también la aplicación de los mismos? ¿Por qué no evaluar desde distintos enfoques?

Es evidente que en la evaluación entra en juego mucha información recogida a través de múltiples tareas y ejercicios, no solo los mecánicos y escritos, sino aquellos de investigación, exposición, teatro, diseño, trabajo en equipo, desarrollo práctico, etc.

Es obvio que dentro de la evaluación debe haber sitio para los exámenes escritos, pero ¿deben ser con el formato aburrido de siempre?

Una prueba puede contener preguntas de verdadero y falso, tipo test, de unir con flechas, de desarrollo, de creatividad (¿podría un alumno hacerse algunas preguntas relacionadas con el temario y respondérselas así mismo?), de rellenar huecos con palabras dadas…

En un examen se pueden introducir preguntas con juegos interactivos como el kahoot o el educaplay, donde el alumno utilice su propio dispositivo electrónico.

Pueden aparecer preguntas donde tengas que interactuar con varios compañeros para resolverlas a través de un escape room o búsqueda del tesoro, se pueden escanear códigos QR para llevarlos a preguntas virtuales, pueden responder preguntas con ayuda de materiales innovadores como el merge cube, pueden hacer algunos ejercicios prácticos (físicos, de expresión, oratoria, montaje de un circuito eléctrico o puzle, por ejemplo) e incluso pueden usar internet, el diccionario o el libro de texto para responder otras preguntas.

Un examen se puede convertir en toda una aventura que les sorprenda y les haga poner en juego todo lo aprendido, de forma significativa.

Como siempre digo, la escuela no puede apagar estrellas, la familia tampoco.

Nuestro deber es hacer brillar a todos los niños y niñas para que, desde sus talentos y capacidades, den lo mejor de sí mismos, transformando la sociedad a mejor.

Publicado por sptartessos

La Sociedad Pedagógica Tartessos está formada por docentes interesados en modernizar la educación española.

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