Una oportunidad de oro para las Matemáticas y la Educación en Valores
A) COORDENADAS MÁGICAS
Hace justamente un año les hablaba del increíble poder que tiene la magia aplicada a la Educación. “Trato y truco”, llamé al artículo. En él, les narraba mis peripecias en un colegio de mi ciudad, llevando a cabo un taller de Matemágicas. A nuestros pequeños y pequeñas les chifla el Halloween y todo lo que lo envuelve, así que, como ya les conté, decidí aprovechar ese tirón para tematizar mis trucos y hacérselos todavía más atractivos y cercanos.
En aquella ocasión, practicamos el cálculo mental de una manera divertida a través de calderos mágicos y espeluznantes calabazas repletas de números.
Fue, como seguro recuerdan que les narraba en aquel relato del año pasado, una experiencia maravillosa y motivante. No solo para ellos, sino también para mí. Su afán por enseñarles a sus padres, sus hermanos, abuelos, primos y amigos lo que acababan de aprender a hacer, suponía un motor increíblemente valioso. Y eso, señoras y señores, no se puede obviar. No se debe desaprovechar. En términos pedagógicos, y perdónenme la expresión, ¡sería todo un pecado!
Así que acá volví de nuevo un curso más tarde al mismo punto, pero en distinto lugar. Otro colegio, otros niños, otro momento. Tuve claro que quería repetir la experiencia para volver a suscitar esa intriga por las matemáticas más allá del papel y el boli, la pizarra, la calculadora y el transportador de ángulos. Y sobre todo, parafraseando mi conclusión de aquel artículo anterior, darles una nueva lección altamente valiosa: “Que las cosas del cole podían servirles para asombrar a sus seres queridos, para sentirse protagonistas de retos fascinantes. Héroes pequeños, de hazañas de andar por casa, pero admirables.”
LA EVOLUCIÓN DEL TOCADO Y HUNDIDO
Para esta vez, cambié de truco, pero mantuve el formato.
El hecho de sostener tarjetas reversibles, e ir mostrándolas para realizar el número de magia en cuestión, había resultado tanto sencillo para mí a la hora de explicárselo, como cómodo para ellos a la hora de ejecutarlo.
Pero el eje vertebrador de la magia que íbamos a realizar ya nada tendría que ver con números rebosando en un caldero de bruja, ni de sumar con la mente de manera disimulada. En esta ocasión, aproveché para abordar uno de los contenidos matemáticos que más se suelen dejar olvidados en el bloque del Tratamiento de la Información, que es el de las Coordenadas Cartesianas. La base de las órdenes del ajedrez. ¡El hundir la flota, vamos, de toda la vida!
Así que confeccioné una cuadrícula de 4 x 4, a razón de cuatro filas (A,B,C,D) y cuatro columnas (1,2,3,4) y las llené de monstruos típicos y elementos característicos de Halloween, en blanco para colorear. Dispuse tarjetas repletas de telarañas donde luego se irían mostrando esos mismos dibujos pero agrupados de cierta manera estratégica para realizar nuestro truco, y ¡Voilà! ¡Matemágica lista para el disfrute! Se iban a convertir en magos del pensamiento. Nada más y nada menos, que un juego de adivinación. Y les encantó por descontado.
A continuación, les muestro un par de escenas la mar de simpáticas. El inmenso colorido de ese día, con tantos disfraces yendo y viniendo por los distintos rincones del colegio, nos dejó algunas imágenes maravillosas. Aquí tienen el 2º Y 3º ciclo de nuestro CEIP Servando Camúñez de San Fernando (Cádiz).
B) ESE MONSTRUO ME SUENA
La precoz entrada al mundo de las Redes Sociales -a pesar de no tener aún la edad legal para ello-, los “amigos” virtuales que contestan al otro lado del micrófono cuando juegan a la Play, al Roblox o la plataforma que sea, así como todos sus grupos de iguales de los que se van rodeando diariamente (colegio, deportes, matinal, extraescolares…) hacen que la espiral de socialización de nuestro alumnado, constante y creciente, gire en multitud de direcciones a toda velocidad.
Y en una edad en la que precisamente se están fraguando los cimientos de la personalidad, resulta más habitual de la cuenta encontrar a alumnos o alumnas que son capaces de autoanularse, renunciando a su propia manera de ser y relacionarse, sólo con tal de no desagradar a su grupo de referencia. Son protagonistas y a la vez esclavos de una etapa afectiva y emocionalmente tan intensa como frágil. Y es nuestra labor también educarlos al respecto.
PELIGRO: ¡TÓXICO!
Se empezó a poner de moda hace algunos años el concepto de toxicidad aplicado a la interacción social, en los planos de amistades, sobre todo. Llamamos pues, relaciones tóxicas a “aquellas relaciones en las que una o ambas partes están sufriendo algún tipo de daño o malestar, y de las que además les resulta complicado salir porque experimentan alguna clase de dependencia emocional.” Aunque así en frío pueda parecer un tema demasiado grande o adulto para el contexto en el que nos movemos los docentes, les aseguro que cada vez están más presentes este tipo de relaciones en los últimos cursos del colegio (Primaria), y los primeros del instituto (Secundaria). Sí que es cierto que, en un grado de toxicidad mucho menor o, mejor dicho, menos destructiva que la de los adultos. Pero igualmente, dicha fase embrionaria por llamarla de alguna manera, supone en potencia un peligro completamente real.
Aprovechando que este curso me toca impartir la asignatura de Educación en Valores para un grupo de 6º de Primaria, he decidido llevar a cabo un taller con motivo de las fechas del Halloween. La actividad ha consistido en analizar desde el punto de vista de lo que da nombre a la asignatura, aquellos contravalores, actitudes o cualidades que se pueden desprender de los principales personajes que encontramos en esta fiesta.
EL TALLER
Para ello, he fabricado como recurso una serie de tarjetas con un formato que resultase atractivo para el alumnado de esta edad. Primero he seleccionado los diez monstruos, por así decirlo, más famosos de estas festividades, y he extraído su característica más esencial. He añadido un pequeño texto descriptivo que invite a la reflexión, a la introspección, y en consecuencia al debate. Y lo he decorado con una imagen alusiva al personaje, proveniente del mundo de los videojuegos, las series anime y los cómics manga.
Brujas que te ofrecen trucos para hacer trampas y conseguir tus propósitos sin la vía del esfuerzo, Esqueletos que están en los huesos por no alimentarse de cosas buenas, Zombis apáticos sin ganas de vivir, Vampiros que te chupan la sangre hasta que dejes de parecerles interesante, Hombres Lobo que se transforman dependiendo de quién ande por ahí, Momias que te meten en líos, Fantasmas que dicen saber de todo, Piratas que intentan seducirte para que les acompañes a peligrosas pero interesantes aventuras, Espantapájaros terroríficos por fuera pero vacíos por dentro, y por supuesto, Payasos que disfrutan haciendo risas del sufrimiento de los demás.
Un paseo, como pueden ver, por las distintas toxicidades a las que todos, y en especial, niños y niñas que van a pasar al instituto, se enfrentan día a día y que, de manera preventiva, considero importante trabajar. Y que son, además, trampolín para problemas más serios y por desgracia comunes en nuestro ámbito, como los trastornos alimenticios, las mentiras a los padres, el absentismo, las depresiones infantiles o el propio acoso escolar. Una tarea, como podrán estar ya advirtiendo, que se antoja tan fundamental como necesaria, dados los tiempos que corren, para todos nosotros educadores y docentes.
SU ESTRUCTURA
El taller ha constado de tres partes principalmente.
¿Qué monstruos hay?
En la que hemos analizado la idiosincrasia de cada personaje típico de Halloween, de cara a facilitar cómo reconocerlos en nuestro día a día.
¿Dónde me los he cruzado alguna vez en mi vida diaria?
Hemos intentado ponerle cara, nombres y apellidos a este tipo de personas, descubriendo y siendo conscientes de su presencia a nuestro alrededor. Y hemos ido más allá. Salvaguardando el anonimato, hemos compartido experiencias personales en las que cada uno se ha encontrado alguna vez con monstruos de Halloween en su propio colegio, clases particulares, actividades extraescolares, equipo de deportes, contactos de redes o videoconsolas, e incluso su propia familia.
¿Cuándo he sido yo mismo alguno de ellos?
Quizá este haya sido el momento más bonito de todo el taller. La oportunidad de tomar consciencia de que nuestra forma de ser, nuestras acciones o la propia manera de relacionarnos con los que nos rodean, a veces pueden resultar tan dañinas como las que hemos visto en aquellos diez monstruos de Halloween. El objetivo, evidentemente, lejos de fustigarnos se ha centrado en identificar aquellas actitudes que debemos corregir para no acabar convirtiéndonos en una persona tóxica para nuestros amigos ni seres queridos.
RESULTADOS
Preadolescentes motivados, toda esta carne en el asador, y un servidor intentando guiar la actividad lanzando preguntas precisas sobre cada tema que íbamos abordando; móviles, tabletas, ordenadores, consolas, grupos de amigos, pasillos de colegio, patios de recreo, campamentos… Puestos bajo el foco y la lupa. Pueden imaginarse el resultado. Un debate de calibre mayúsculo. ¡Se nos fue la hora, básicamente!
Como curiosidad, dado que tuve la suerte de repetir el taller en el otro 6º de al lado, comparé los resultados al finalizar. A razón de sacar alguna conclusión que pudiera resultar interesante. Y así ha sido. La gran mayoría del alumnado participante reconoce tener en su círculo cercano, a Fantasmas, Hombres Lobo y Espantapájaros. Que traducido viene a significar que se rodean de fanfarrones, gente con una personalidad muy volátil y dependiente, y absolutamente superficiales. Y por el contrario, nos tranquiliza saber que apenas ninguno cuenta con Brujas, Esqueletos ni Payasos cerca. Es decir, que ni se suelen ven influidos por gente que les incite a hacer trampas, ni a alimentarse de cosas dañinas, ni que propicien algo tan espantoso como el denominado bullying.
Y al final con esto, todo se vuelve a resumir en lo mismo de siempre: Sólo se puede hacer partícipe al alumno, hacerle sentir protagonista de su aprendizaje, si conseguimos que nuestros escenarios educativos se parezcan a su mundo. Si queremos que se impliquen, y que luego apliquen, deben sentirse completamente inmersos en el medio en el que después les va a tocar desenvolverse de manera real. Y para ello, desde mi humilde y corta experiencia, no se me ocurre un consejo mejor que este:
Obsérvenlos, escúchenlos, averigüen qué les gusta. A qué juegan, qué les quita el sueño. Qué les preocupa y les motiva, y por qué estarían dispuestos a coger un martillo y hacer añicos su hucha. Descubran cuál es su mundo, y fusiónenlo con el nuestro.
Hay bloques de Minecrafts en cada caja de Lego, y Legos en cada edificio de la calle. Mapas como el del Fortnite en cada Comunidad Autónoma de España, y multitud de cifras, gráficos y porcentajes en cada plataforma de música, vídeo y fotos que suelen frecuentar. Y ni que decir tiene de la cantidad de juegos tradicionales de los que está repleta nuestra Andalucía, a los que ya jugaban los abuelos de nuestros abuelos, y que no necesitan que una serie macabra ahora en ciernes (no vamos a entrar en el “Juego” del Calamar, porque da para rato) los venga a poner de moda.
En definitiva, hay que encontrar el tirón. Y saber aprovecharlo. ¿Cómo? Jugando a los disfraces. ¡Igual que en Halloween!
LAS TARJETAS
Con esto me despido. Si les ha parecido interesante y les ha gustado la idea de este taller, pueden encontrar todo el material en mi Blog Digital Educativo (“El Blog del Profe Pepe”). Aquí les dejo el enlace. Muchas gracias por su lectura y por su tiempo y ¡hasta otra!

