Hoy es una compañera directa, recién llegada a nuestro Centro CEPER Juan Ramón Jiménez de Algeciras, la protagonista de esta sección. Es, además, un artículo distinto porque es íntimo; redactado y esculpido desde el alma de una maestra que ama lo que hace y sobre todo, CREE en ello. De cómo la Educación Permanente sigue sorprendiendo para bien y descubriendo nuevos caminos educativos desde los que desarrollar nuestra tarea. De ahí el título: Queremos más… más compañeros y compañeras que lleguen a nuestros Centros de adultos con ganas de conocer; más visibilidad a este nivel que sigue siendo desconocido para demasiada gente; y más amantes vehementes que se enamoren del aprendizaje permanente como agente transformador de realidades asertivas. ¡Bienvenida, querida Carmen!

La escuela desconocida
Desde que tenía uso de razón siempre quise ser maestra.
Todo aquel que pasa por una experiencia tan dura como es un examen de oposición, es conocedor de los nervios y la angustia que se vive. En mi caso, a pesar de ser una persona muy extrovertida, la prueba oral me despierta mucha incertidumbre y miedo de no poder demostrar mi valía como maestra.
En 2015, un año después de haber finalizado mis estudios universitarios me presenté por primera vez a oposiciones y aunque aprobé, mi resultado no fue el esperado, por lo que perdí toda la ilusión y decidí, que en la siguiente convocatoria me decantaría por mi mención: Pedagogía Terapéutica.
Volví a revivir la misma experiencia… no pude demostrar cuánto respeto a nuestra profesión ni pude transmitir mi forma de ver la educación por los inevitables nervios… En ese momento tomé una decisión: no volver a opositar.
En septiembre de 2020, cuando se creía que las escuelas no durarían más de dos semanas prestando su servicio, recibo una oferta laboral como maestra bilingüe de Educación Primara en un colegio concertado.
En ese momento, me sentí plena ya que por fin se me había dado la oportunidad de desarrollarme como docente. Sin embargo, la vida no dejó de sorprenderme, y haciendo honor al refrán “no hay mal que por bien no venga”, un día recibo un email que cambiaría sin duda el curso de mi vida: información sobre la obligación de participar en la convocatoria de provisión de interinidades.
Para mi sorpresa, debido a la situación sanitaria, la bolsa de Educación Primaria se ha movido de tal forma, que ahora en el año 2021 estoy recogiendo los frutos sembrados en el 2015. Los puestos ofertados eran muy diversos, sin embargo, muy escasos por mi zona; en Algeciras, mi ciudad, solo ofertaban el CEPER. Juan Ramón Jiménez, el cual sin duda alguna lo puse como mi primera opción, convirtiéndose en mi primer destino como interina.
A pesar de todo, mi felicidad no estaba completa por no tratarse de un centro en el que pudiera enseñar a niños y niñas, sino a adultos.
Lo más curioso de esta situación es cómo con tan solo dar una hora de clase, esta modalidad de educación cambió todos mis esquemas. El docente de un centro de adultos es un maestro/a generoso, empático, compasivo y con una gran calidad humana, es decir, es sin duda alguna un docente vocacional.
En nuestro centro tenemos alumnado con diferentes nacionalidades y con diversas circunstancias. Nuestros alumnos y alumnas son personas a las que les ha tocado vivir circunstancias realmente dolorosas, pero todos con un denominador común: SUPERACIÓN.
Y con esto me refiero por ejemplo a nuestros mayores, quienes asisten a clases para aprender lo que no pudieron o simplemente a ejercitar su mente y mantenerse activos; y que, a pesar del miedo por posibles contagios, visitan el colegio para recordarles a sus profesores que los quieren y que desean volver a clase como siempre. Sin duda alguna, la docencia aporta muchísimo amor.
Siempre se relaciona al docente como un papel fundamental en la vida de los niños y niñas, pues tenemos la responsabilidad de marcar vidas en todos los sentidos; en mi caso, mi profe Juan Ramón es el culpable de que yo me dedique a lo que me dedico, pues su amor por la docencia me marcó.
Pero, tras tener la experiencia de trabajar en un centro para adultos, puedo decir que los docentes jugamos un papel fundamental en la vida de nuestro alumnado, pues les ayudamos a unir los “pedacitos rotos” que la vida les ha ocasionado; nuestra función no solo se limita a enseñarles contenidos, sino que también nunca es tarde para superarse a uno mismo.
Personalmente considero que todos los docentes deberíamos trabajar como mínimo un año en un centro de adultos ya que es completamente enriquecedor y te abre las puertas a una docencia desconocida: nombres de asignaturas que nada tiene que ver con lo convencional, horarios, organización, etc.
Y si a eso le sumas un equipo docente que persigue el objetivo de garantizar el éxito educativo y proporcionar ayuda a cualquier persona sea cual sea su circunstancia personal, se alcanza la excelencia educativa.
No importa el pasado de la persona sino su presente (en el cual los docentes se esmeran porque los alumnos lo aprovechen,) y su futuro (en el que como me acaba de pasar a mí, algún día recogerán los frutos sembrados en el camino).
Es curioso el destino… primero me dejó huella mi profesor Juan Ramón y ahora me deja huella mi primer destino, el CEPER. Juan Ramón Jiménez, centro que indudablemente me ha hecho plantearme mis preferencias a nivel laboral, dejándome descubrir la labor social y educativa que desempeña la educación para adultos.
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| Carmen Álvarez Avilés (29/10/1992) |
Carmen Álvarez (Algeciras, 1992) siempre tuve claro su vocación de maestra de Educación Primaria.
Realizó los estudios de dicha especialidad en la Escuela Universitaria Virgen de Europa en la Línea de la Concepción (Cádiz) y se decantó por la mención de Pedagogía Terapéutica, con el fin de saber atender a todo mi alumnado independientemente de cuáles sean sus necesidades educativas y ofrecerles por tanto una educación de calidad, atendiendo así al objetivo nº 4 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por Naciones Unidas.
Posteriormente, ha seguido complementando su formación realizando diferentes cursos como: atención al alumnado con alteraciones del comportamiento e hiperactivo; la programación didáctica: componentes y realización; inclusión y aplicación de las tecnologías en los centros educativos y atención a la diversidad.
Además de poseer un máster en Psicología Infantil y Juvenil y Máster en Coaching y en Inteligencia Emocional Infantil y Juvenil, está habilitada para ser profesora bilingüe con nivel C1 en lengua inglesa, así como para dar clases de religión católica por tener la DECA.
Actualmente, estoy ampliando sus estudios cursando un máster universitario de Ciencias de las Religiones, ya que en la sociedad multicultural en la que vivimos, considera que es necesario que como profesional de la educación tenga conocimientos sobre las religiones de una manera objetiva y libre de prejuicios.
Su objetivo laboral es simple: educar desde el amor. Porque si un alumno se siente querido e importante, se enfrentará al aprendizaje con la seguridad necesaria para abordar este proceso.
Mi deseo es que cuando mi alumnado recuerde mis clases, se les dibuje una sonrisa de manera involuntaria en sus caras, pudiendo enseñarles contenidos curriculares, pero sobre todo haberles servido de ejemplo para el resto de sus vidas.
