¿Es necesaria la Evaluación Inicial?

El comienzo de cada curso escolar viene marcado por numerosas novedades, pero siempre hay una tarea que nos cuestionamos y es la identificación del punto de partida de nuestra programación en los colegios de Primaria.

Es frecuente que una de las cuestiones a plantear en las primeras reuniones del equipo de ciclo es la de elaborar la evaluación inicial de nuestro grupo de alumnos.

Y es que cuando se habla de evaluación, hemos de entenderla como ese proceso de reco- gida de información sobre cada alumno en su integridad (no olvidemos que la finalidad de la educación es el desarrollo integral de la personalidad del alumno) que forma parte del proceso de enseñanza y aprendizaje y que pretende identificar en todo momento cuál es el nivel de logro de los objetivos alcanzado, así como la determinación del nivel de adquisición de competencias clave.

La información que obtenemos de ese proceso de evaluación será esencial para, por un lado, elaborar, revisar y en su caso actualizar nuestra programación didáctica y, por otro, para identificar si algún alumno o alumna presenta algún tipo de dificultad que le impidan el logro de esos objetivos y competencias para, en  ese preciso momento reunir el equipo docente y proceder a adoptar las medidas de carácter curricular u orga- nizativo que se consideren necesarias.

Aunque la evaluación ha de ser considerada como un proceso global, hemos de distinguir un momento imprescindible que es el correspondiente a la evaluación inicial y sobre el que vamos a centrarnos en este artículo.

¿Por qué es necesaria esa evaluación inicial?

Si pretendemos justificar desde el punto de vista de la teoría educativa la importancia de la evaluación inicial hemos de partir de la teoría de la construcción del conocimiento donde autores como Piaget, Ausubel o Vygotski ponen el acento en que, para iniciar ese proceso educativo en el que el alumno va a ser el protagonista activo de su propio proceso de aprendizaje a través del cual va a construir aprendizajes significativos a partir de los conocimientos previos y a través de diferentes procesos cognitivos que se desarrollarán en contextos y situaciones determinados a través de di- ferentes experiencias de aprendizaje.

Y en ese contexto juega un papel fundamental la identificación de esos “conocimientos previos” a partir de los cuales hemos de comenzar el diseño de nuestro proceso de enseñanza y aprendizaje a fin de establecer la necesaria progresión en la construcción del conocimiento.

Normalmente esa identificación del punto de partida de nuestra programación debe venir dada por la evaluación inicial que nos permita identificar cuál es el nivel competencial adquirido por el alumno hasta ese momento (¡ojo! no hablamos del nivel de conocimientos o contenidos aprendidos por el alumnado, sino del nivel de adquisición de todas y cada una de las siete competencias clave determinadas en nuestro currículo).

Si somos capaces de determinar ese punto de arranque a partir del cual hemos de programar el proceso de enseñanza y aprendizaje, estaremos comenzando sobre una base sólida, el nivel competencial del alumnado en general y de cada uno de ellos en particular. Desde un punto de vista legal sobran las referencias a la exigencia de realizar la evaluación inicial. Nos centraremos en la Orden de 4 de noviembre de 2015, por la que se esta- blece la ordenación de la evaluación del proceso de aprendizaje del alumnado de Educación Primaria en la Comunidad Autónoma de Andalucía2 que dedica su artículo 10 a la evaluación inicial y en cuyo punto 2 concreta que durante el primer mes del curso escolar, se llevará a cabo una sesión de evaluación inicial que tendrá carácter orientador y servirá como referente para la toma de decisiones relativas al desarrollo del currículo por parte del equipo docente y su adecuación a las características y estilos de aprendizaje del alumnado y en la cual el equipo docente podrá analizar los infor- mes personales del alumnado de la etapa o curso anterior así como la información recabada sobre el mismo desde el inicio del curso escolar y en la que, como conclusión del análisis realizado, el equipo docente adoptará las medidas educativas de apoyo, ampliación, refuerzo o recuperación para el alumnado que las precise o bien de adaptación curricular para el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, de acuerdo con lo establecido en el marco del plan de atención a la diversidad del centro docente y de acuerdo con los re- cursos de los que disponga.

En definitiva, se establece la competencia del equipo docente para la elaboración, realización y análisis de la evaluación inicial, así como para la adopción de decisiones respecto a las posibles medias a adoptar en relación con la valoración de los resultados obtenidos por el alumnado en la misma. Desde otra óptica, el Decreto 328/2010, de 13 de julio, por el que se aprueba el Regla- mento Orgánico de las escuelas infantiles de se- gundo grado, de los colegios de educación primaria, de los colegios de educación infantil y primaria, y de los centros públicos específicos de educa- ción especial, establece en su artículo 7 delicado a las funciones y deberes del profesorado, en su punto b) la evaluación del proceso de aprendizaje del alumnado, así como la evaluación de los proce- sos de enseñanza.

Como ya se dijo anteriormente son muchas más las referencias legislativas a la importancia del proceso evaluador pero no es asunto de este artículo analizarlas en detalle sino justificar cómo desde el punto de vista de nuestra normativa la evaluación y más concretamente la evaluación inicial constituyen una obligación de todo docente y de manera más específica del equipo docente siguiendo la tradición de la puesta en valor del trabajo en equipo del profesorado en los procesos educativos que se desarrollan en nuestros centros.

Finalmente, una tercera óptica que justifica la necesidad de evaluar a nuestro alumnado viene determinada por la propia estructura del currículo que se establece ya desde la propia Ley Orgánica de Educación(3) que la evaluación se ha convertido en un valioso instrumento de seguimiento y de valoración de los resultados obtenidos y de mejora de los procesos que permiten obtenerlos así  como que una de las novedades de la Ley consiste en la realización de una evaluación de diagnóstico de las competencias básicas alcanzadas por el alumnado al finalizar el segundo ciclo de esta etapa, que tendrá carácter formativo y orientador, proporcionará información sobre la situación del alumnado, de los centros y del propio sistema educativo y permitirá adoptar las medidas pertinentes para mejorar las posibles deficiencias para lo cual en su artículo 6 dedicado a identificar los elementos del currículo concreta en el punto f) Los criterios de evaluación del grado de adquisición de las competencias y del logro de los objetivos de cada ense- ñanza y etapa educativa. En los posteriores desarrollos de la LOE (modificada por la LOMCE y, recientemente por la LOMLOE) se destaca el papel de la evaluación como uno de esos elementos esenciales del currículo ya que establece en el De- creto 97/2015, de 3 de marzo, por el que se esta- blece la ordenación y el currículo de la Educación Primaria en la Comunidad Autónoma de Andalu- cía4 que el enfoque dado a los criterios de evalua- ción genera una estructura relacional y sistémica entre todos los elementos del currículo, es decir, permite la adecuación de un criterio de evaluación para un ciclo determinado y fija los procesos principales a desarrollar y evaluar en el alumnado. Dichos procesos aplicados en contextos determinados generan competencias y facilitan la consecución de los objetivos de la etapa.

La importancia dada, por lo tanto, a la evalua- ción que se concreta a través de los criterios de evaluación y éstos a su vez, por los indicadores de evaluación (o estándares de aprendizaje evaluables) queda evidente.

Una segunda cuestión es ¿cómo realizar esa evaluación inicial del alumnado?

Si nos atenemos al carácter orientador de esta evaluación inicial dirigido a justificar la toma de decisiones por parte del equipo docente sobre el desarrollo del currículo y su adecuación a las características y estilos de aprendizaje del alumnado, hemos de coincidir que se trata de una decisión de carácter colegiado y nunca individual de cada maestra o maestro del centro ni del correspondiente ciclo.

Y también, que los criterios de evaluación deben estar incluidos en las programaciones didácticas correspondientes que, como sabemos, son competencia de los equipos de ciclo según lo esta- blecido en el artículo 27 del citado Decreto 328/2010.

Así que nos encontramos a principio de curso que los diferentes equipos de ciclo deben concretar los procedimientos para realizar las evaluaciones iniciales que se desarrollarán a lo largo del mes de septiembre tomando como referencia lo esta- blecido en el Proyecto Educativo según dictamina también ese Decreto 328/2010 en el artículo 21.3.ñ) Los criterios generales para elaborar las programaciones didácticas de cada una de las áreas de la educación primaria…

Como podemos ver, hablamos siempre de de- cisiones tomadas a partir de aquello que el Claustro de Profesores acordó en relación al Proyecto Educativo (que forma parte, no lo olvidemos del Plan de Centro y por lo tanto vincula a todo el equipo de profesores del centro) y que concreta cada equipo de ciclo para que se mantengan unos criterios uniformes y coherentes con el modelo metodológico a seguir en el desarrollo curricular.

Pues bien, a la hora de diseñar la evaluación de un grupo de alumnos de Primaria propongo una doble línea de intervención: directa en un contacto presencial y directo con el alumnado que conforma el grupo e indirecta consistente en la recogida previa de información sobre los mismos. Vayamos, pues, a ver cada una de ellas.

La intervención indirecta estaría encaminada a realizar una recogida de información a través de diferentes fuentes que nos permita obtener el máximo de datos sobre todos y cada uno de los alumnos de nuestro grupo para poder realizar, poste- riormente, una valoración lo más contextualizada posible de los datos que nos suministrará la inter- vención directa que más adelante detallaremos.

Estos datos pueden venir dados en el sistema Séneca donde el equipo docente que evaluó a cada uno de estos alumnos incorporó los datos de carácter personal, familiar y académico de cada uno de los alumnos.

Otra fuente puede venir dada de las entrevis- tas que deberíamos mantener con el profesorado que participó en el proceso de enseñanza y aprendizaje en cursos anteriores a fin de conocer la evolución de nuestro alumnado lo que puede explicar y ayudar a interpretar las informaciones recogidas.

También puede ser interesante la información que nos suministre el/la orientador/a del EOE en cuanto a las posibles necesidades especiales de apoyo educativo identificadas, así como las posibles respuestas educativas de todo tipo acordadas.

Otra fuente interesante es la de los responsables de los Servicios Sociales más cercanos que nos pueden suministrar una información valiosísima respecto a condiciones socioeconómicas o de otro tipo de los entornos familiares y/o sociales en los que conviven nuestros alumnos. Finalmente, los equipos directivos pueden ser también una fuente de valor incalculable ya que disponen de una visión de conjunto del alumnado del centro y pueden aportar informaciones de carácter más general que nos ayuden a completar ese dossier infor- mativo sobre cada uno de nuestros alumnos.

En los casos de alumnado de nueva incorpora- ción al centro, estos datos pueden recogerse a tra- vés de un contacto directo con las personas del centro de procedencia que pueden complementar los datos que aparezcan en Séneca, lo que ayudaría a completar esa necesaria información previa sobre cada uno de los alumnos y alumnas de nuestro grupo. La intervención directa con el alumnado de nuestro grupo ha de ser realizada de manera coordinada por los diferentes maestros y maestras que componen el equipo docente mediante una previa planificación consensuada de la misma. Es frecuente que esta evaluación se realice en una o dos sesiones máximo utilizando una o va- rias fichas en papel para valorar ¿qué?

Si consideramos que esta evaluación ha de realizarse para identificar el nivel competencial del alumnado habremos de entender que nos debe- ríamos centrar en aspectos tales como las diferentes destrezas comunicativas (escuchar, hablar, conversar, leer y escribir) que nos darían la medida del nivel competencial alcanzado por nuestro alumnado que viene de un periodo de práctica- mente tres meses de inactividad académica.

Repito, si no pretendemos evaluar contenidos sino competencias, nuestra labor ha de centrarse en los descriptores básicos de las competencias clave correspondientes a cada una de las materias del currículo. Y estos descriptores vendrán concretados en indicadores que previamente debería- mos haber establecido.

Esta intervención directa debe formar parte de nuestra propia programación que, no olvidemos, se concretará en las correspondientes Unidades Didácticas Integradas (porque se integran e interrelacionan en ellas todos los elementos del currículo).

Si nos atenemos a lo establecido en la normativa, esta evaluación inicial ha de realizarse en el mes de septiembre por lo que podríamos considerar que la primera UDI podría ser el medio a través del cual realizar la evaluación inicial de tal manera que esta no sea considerada como una interven- ción aislada del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Y si sabemos que en cada una de las UDI, también en la primera, deberemos realizar una “Valoración de lo aprendido” que se puede concretar mediante una rúbrica de los indicadores de eva- luación podremos obtener datos muy fiables acerca del nivel de logro de los objetivos propuestos y de adquisición de todas y cada una de las competencias clave (no olvidemos que los criterios e indicadores de evaluación describen los aprendizajes esenciales y fundamentales que el alumnado debe conseguir en cada ámbito).

Esta concreción puede ser motivo de otro artículo donde podremos describir de manera más detallada cómo podemos obtener la información objetiva acerca del nivel de logro de objetivos y competencias.

No quiero olvidarme en esta intervención directa de un aspecto esencial que forma parte de nuestra intervención educativa y es el relacionado con la socialización e inclusión escolar de nuestro alumnado.

De manera sencilla y fácil, se puede realizar un sociograma(5) que nos puede dar una información acerca de las diferentes relaciones que se producen entre nuestro alumnado y así poder identificar diversos roles como liderazgo, rechazo o aislamiento para poder intervenir desde el principio en el diseño curricular y organizativo de nuestra clase.

Como conclusión, no pretendo realizar un análisis exhaustivo del proceso evaluador (algo que está muy tratado y que requiere de un estudio más profundo) sino de dar pistas para que los docentes puedan reflexionar y tomar decisiones acerca de la importancia de la evaluación inicial de su alumnado en la que el tutor/a desempeña un papel esencial desde su papel de coordinador/a del equipo docente así como de los diferentes órganos de coordinación del centro lo que garantiza una armonía en este proceso y una toma de datos e informaciones lo más completa posible que nos permita tomas las decisiones más adecuadas posible en nuestro proceso educativo y más concretamente, programador.

Debemos entender que, hoy día, el paradigma educativo exige de un trabajo en equipo de los diferentes profesionales de la educación en los en- tornos organizativos establecidos en los centros para garantizar una programación del proceso de enseñanza y aprendizaje lo más centrado en las características, intereses y motivaciones de nuestro alumnado.

2https://www.juntadeandalucia.es/boja/2015/230/1

3https://www.boe.es/buscar/pdf/2006/BOE-A-2006-7899-consolidado.pdf

4https://www.juntadeandalucia.es/boja/2015/50/1

5       http://sociograma.net/ejemplos-de-sociograma/

Publicado por sptartessos

La Sociedad Pedagógica Tartessos está formada por docentes interesados en modernizar la educación española.

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