Si en algo estamos todos de acuerdo educativamente hablando, es en que la situación que se ha generado tras la propagación del COVID 19 nos ha puesto en una posición ideal para replantear la educación del futuro. Es más, es una oportunidad que debemos aprovechar para ser valientes ofreciendo una propuesta potente que dé respuesta tanto a las necesidades que venimos arrastrando desde hace tiempo como a las que nos plantea el porvenir.
Apostar por la Educación.
Somos conscientes de que lo que recogemos en estas líneas conlleva hacer una gran inversión económica y entender socialmente que es el momento de realizar una revolución copernicana o al menos iniciar mejoras exploratorias e incrementales que permitan ensayar nuevos modelos de éxito, siempre poniendo el tema educativo por delante de otros aspectos, definiendo pocas pero contundentes líneas básicas en cuanto a la organización del nuestro sistema público. Ahora más que nunca es necesario ese Pacto de Estado por la Educación, al que tanto trabajo cuesta llegar a nuestros políticos, que propicie un amplio Pacto Social. Es necesario, más que nunca, reorganizar el currículo aprovechando la tramitación parlamentaria de la Ley de Educación. No podemos arriesgarnos a que el próximo cambio de gobierno nos traiga una nueva reforma y … vuelta a empezar. Enumeramos a continuación algunas de las líneas básicas:
- La Educación es una inversión básica de futuro, no un gasto social.
La educación ha sido desde 1959 el principal motor del crecimiento económico en España, según las conclusiones de un trabajo elaborado por la profesora de Economía y Empresa de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) Enriqueta Camps. En el trabajo, la autora analiza cómo las particularidades de la evolución del sistema educativo y de salud en España, desde el siglo XIX hasta finales del XX, han afectado al PIB español, y concluye que la formación y la acumulación de capital humano se convierten en el motor principal del crecimiento económico y de desarrollo. El desarrollo económico de un país está vinculado directamente con la calidad de su sistema educativo[1]. Los Presupuestos Generales, tanto del Estado como de las CC.AA. deben primar durante los próximos años no sólo la inversión en Sanidad sino también en Educación. Las consecuencias de la pandemia lo han demostrado claramente.
- El Sistema Educativo es un sistema de enseñanza – aprendizaje, no de protección socio-laboral.
El hecho de que se usen las instalaciones escolares como lugares en los que aplicar esa conciliación laboral/familiar, no debe llevarnos a confusión. El Aula Matinal es un servicio laboral, no educativo, que debe ser financiado por el Ministerio/Consejería de Trabajo o similar y/o las empresas. De hecho, hay empresas que tienen sus propias guarderías.
El Comedor Escolar es también un servicio socio/laboral que debe ser financiado por las empresas, en el caso de los trabajadores, y por Servicios Sociales, en caso de desempleados, …
Las instalaciones de los centros educativos están a disposición de Ayuntamientos, AMPAs, Asociaciones, … Son estas entidades quienes deben financiar y/o gestionar el uso de estos servicios y no los Equipos Directivos.
Estos planteamientos no deben interferir en la relación familia-escuela, que debe ser fluida y de máxima colaboración, sino que deben servir para delimitar las responsabilidades de cada organismo, sobre todo a nivel presupuestario.
- La integración de las tecnologías es una necesidad perentoria.
Las Tecnologías del aprendizaje y el conocimiento (TAC) y las Tecnologías para el Empoderamiento y la Participación (TEP) son muy útiles, no sólo por la calidad de los servicios que proporcionan en tiempos de confinamiento sino por la propia evolución de la sociedad. Los centros educativos deben disponer de equipamiento digital para ser usado por todos sus usuarios, tanto profesorado como alumnado. En el caso de las enseñanzas básicas, al ser obligatorias y gratuitas, deben incluir equipamiento para aulas (conexión de banda ancha, PDI, etc…) y personal (Tablet/portátil/móvil-SIM) tanto para el profesorado como para el alumnado.
El profesorado debe estar en posesión de al menos un nivel B2 en competencia digital docente para acceder a la docencia y la obligación de realizar una actualización permanente en su horario laboral. El equipamiento no vale nada si no se usa correctamente.
- Los currículos escolares deben cambiar radicalmente.
Deben pivotar sobre el dominio y la aplicación de metodologías que potencien la adquisición de competencias sobre la adquisición de contenidos, que deben ser objeto continuo de revisión, dada la velocidad de cambio de la sociedad e integrar hábitos y contenidos mucho más prácticos y útiles, aunque menos academicistas (Educación para la Salud, Educación emocional, cuidado del Medio Ambiente, …).
La necesidad de establecer unos niveles de desempeño para considerar superado un curso o una etapa, a efectos de titulación, por ejemplo, no debe condicionar el desarrollo del portafolio personal, un sistema de evaluación que consiste en la recolección de productos desarrollados por un alumno. De esta manera, el docente puede evaluar el trabajo del estudiante. El portafolio personal debería ser un documento distinto y revisable a lo largo de la vida, a unir a la titulación alcanzada – en su caso – que reflejaría los niveles alcanzados en cada momento.
- Las plantillas de profesorado deben reestructurarse.
El Grado de Maestro de Primaria, debería cambiar las actuales especialidades agrupándolas en los contenidos descritos anteriormente por ámbitos, al estilo del Grado de Infantil: Lenguaje-Sociedad, Científico-Técnico, Artístico (que incluiría la Música), Salud (que incluiría, la Educación Física) y Terapéutica (que incluiría Audición y Lenguaje). Del mismo modo, el profesorado de Secundaria y de los demás niveles educativos debe disponer de unas competencias específicas en educación. Hay que desarrollar urgentemente ese aspecto. El MIR docente parece ser un buen punto de encuentro.
En todos ellos debería incluirse obligatoriamente la Acción Tutorial con un número de créditos mucho mayor que el actual y la Atención a la diversidad (incluyendo la atención del alumnado de Altas Capacidades). La Tutoría debe ser una de las funciones principales del docente. Desde esa función, en coordinación con el Equipo Docente del grupo debe supervisar el portafolio de cada alumno, además de las relaciones personales y sociales de sus tutorandos.
- Las direcciones de los centros escolares deben profesionalizarse
La dirección escolar en España carece de perfil profesional. La frecuente falta de candidatos dispuestos a asumir esa función es, entre otras razones, una prueba de la poca motivación que provoca en los docentes. Desempeñar las tareas directivas provisionalmente, con una pobre formación específica para su ejercicio en demasiadas ocasiones, no contribuye a sentirse individualmente como tal director o directora. Por otra parte, la falta de profesionalización en la selección, ha impedido reconocer que las tareas y competencias que se exigen a la dirección configuran una actividad distinta de la docencia. La dirección escolar no debe considerarse un “cargo político” y, por tanto, debe desligarse de conceptos como “elección democrática”, periodo de mandato, …
Dirigir un centro educativo es una función que requiere una formación específica que conlleva competencias de liderazgo educativo, planificación y gestión, relaciones públicas, formación jurídica, etc… Esta formación requiere un Máster propio. Asimismo, el desempeño de otros cargos directivos también requiere una formación específica, también tipo Master. En el caso de las Jefaturas de Estudio, de tipo pedagógico, de gestión de conflictos, relaciones públicas, etc… y en el caso de las Secretarías, de tipo organizativo, contable, atención al público, etc…
La Dirección Escolar debe profesionalizarse progresivamente. No debe entenderse como un “episodio profesional provisional” ni tampoco como un cargo similar al político, con periodo de mandato y de elección periódica.
¿Podemos seguir funcionando como hasta ahora? ¿Es lo que queremos?
No. Ni podemos, ni deberíamos pretenderlo.
Llega el momento de, sin caer en la demagogia, plantear las siguientes líneas de actuación si queremos de verdad apostar por un sistema inclusivo, en el que sigamos defendiendo una escuela capaz de llegar a todos, de atender a todos y de favorecer el desarrollo personal de todos.
Línea Curricular:
Nos parece especialmente importante como punto de partida hacer un replanteamiento del currículo que se propone para las etapas educativas obligatorias. Proponemos una educación personalizada en la que cada alumno o alumna siga un itinerario personal de aprendizaje que respete sus ritmos individuales y potencie sus capacidades ofreciendo una gama de aprendizajes competenciales que se deben completar para ir subiendo en el currículum personal. Este planteamiento supone la eliminación del curso escolar basado en contenidos. Este es el quid de la cuestión, flexibilizar y simplificar el currículo de manera que podamos adaptarlo al alumnado y no al contrario, como ha venido haciéndose en la escuela preCOVID19. Este nuevo formato de portafolio personal, en el que el alumnado va superando metas y adquiriendo destrezas vitales debe completarse con formación presencial y online en un modelo híbrido de docencia. (Adell, J. 2020)
Línea inclusiva:
El concepto de inclusión no es originariamente educativo, es un concepto social. En la atención de un elevado número de casos del alumnado que presenta NEAE/NEE es imprescindible contar con una mayor dotación de personal técnico de integración social (PTIS) que pueda garantizar la individualización de la asistencia educativa. Es importante señalar que no estamos avalando el mayor número de personal docente especialista en atención a la diversidad, por el contrario, la formación debe asumir que todo docente debe especializarse en las dificultades de aprendizaje y el tratamiento de la diversidad. Esta formación en el tratamiento de las dificultades junto a la bajada de ratio son los factores que contribuirán a una verdadera escuela inclusiva. La ampliación de plantillas con más personal especialista en diversidad (PT) no es avanzar en la inclusión, al contrario, es apostar por la atención individualizada segregada, lo que sería un retroceso en la inclusión para seguir profundizando en la integración física pero no educativa.
Línea organizativa:
Partimos de tres certezas:
1. Los problemas nuevos desconocen las soluciones probadas.
2. Problemas complejos nos obligan a soluciones colectivas.
3. Las particularidades de cada centro educativo requerirá de una adaptación de las decisiones logísticas concretas, es decir, de soluciones específicas para cada contexto.
Y esto solo se resuelve con la creación de equipos y redes de colaboración que trabajen colaborativamente en la búsqueda de soluciones. De este modo, sería recomendable que cada Centro organice, al menos, tres equipos de dinamización y gestión de decisiones que actúen con agilidad en el diseño de propuestas, prototipado, implementación y evaluación de las soluciones. Y si se consideran eficaces, que promuevan la transferencia y comunicación a una red de colaboración externa al Centro. Estos equipos internos deben caracterizarse por ser proactivos (a cada problema un “podríamos…”) creativos (¿y si probamos con…?) y ágiles (equivócate rápido y a bajo coste). Y cada uno de estos grupos debería focalizarse en tres ámbitos:
Equipo autoprotección: para explorar soluciones creativas en la prevención. Qué normas de clase, qué protocolos internos de higiene, qué formas encontramos para ludificar los elementos covid… y todo lo que se pueda hacer desde el centro para evitar situaciones de contagio e identificar y aislar casos.
Equipo de atención a la diversidad: cómo recuperamos la motivación en una situación telemática, cómo reducimos la brecha de igualdad tecnológica, cómo atraemos a alumnado “desaparecido”, cómo compensamos desigualdades en caso de un nuevo confinamiento…
Equipo TIC: nadie mejor que un compañero para mentorizar respecto a la competencia digital de un claustro. Ante la obligada necesidad de aumentar la competencia digital docente, y siendo las necesidades y niveles tan variados, se deben crear equipos de mentores/as que acompañen a otros compañeros en este proceso de aprendizaje.
No podemos pensar en un mismo tratamiento para la distintas Etapas Educativas. La Etapa de Educación Infantil requiere una organización y una metodología significativamente distinta a la Etapa de ESO/Bachillerato/FP. En el Primer Ciclo de la Etapa de Primaria se debería hacer una transformación progresiva desde Infantil, al tiempo que en el Tercer Ciclo de Primaria debería hacer lo mismo hacia la Secundaria. El impacto de la educación no presencial es devastador en la Etapa de Infantil, por lo que es necesario “reinventar” un modelo con menos estudiantes por grupo y primar la enseñanza presencial de este alumnado sobre el de edades más avanzadas. Es evidente que la disminución de la ratio es una de las características que la nueva escuela debe contemplar. Un número de entre 12 y 15 alumnos por grupo puede ser un comienzo.
Esa misma ratio debería mantenerse en el Primer Ciclo de Primaria. Es en este Ciclo donde se detectan o diagnostican la mayoría de las NEAE, incluyendo aquí la gran olvidada, las Altas Capacidades. Y es aquí donde deberían tener un tratamiento más personalizado. Entre 3º y 6º de Primaria hay que prestar una especial atención al desarrollo de la Competencia Digital para que el alumnado aprenda a ser autónomo en su aprendizaje no presencial.
Esto debe hacerse partiendo de una mayor dotación de personal docente para facilitar el desdoble de grupos.
Obviamente, la propuesta anterior no puede realizarse con las instalaciones de las que se dispone actualmente, por lo que solo queda una opción viable con este planteamiento, la distribución horaria en tramos de mañana y tarde con un periodo de atención online a modo complementario de las clases presenciales para el alumnado, a partir de 2º/3º Ciclo de Primaria. Se entiende que la solución puede darse disminuyendo el número de horas lectivas presenciales haciendo para ello dos turnos incluyendo un número de horas no presenciales. Ya hemos visto propuestas que se ajustan a este modelo en diferentes medios como la que hacen Juanvi Blázquez Garcés y Diego Tellez Rodríguez.
Las aulas no son solo espacios. Hay que dotarles de recursos, como un simple enchufe, de ahí que la idea de dar clase en el patio es sencillamente una idiotez.
Aquí reside el verdadero punto de debate, ya que, a una menor carga presencial y una reducción de la ratio, la sociedad tiene que dar una contrapartida que venga ofrecida por todos los sectores económicos. Es hora de ir diferenciando la “función educativa” de la “función guardería” sobre todo a la hora de elaborar los Presupuestos. No deben aparecer como educativas las tareas de conciliación de la vida familiar y laboral, aunque durante la realización de las mismas se “produce educación”. La “función guardería” ha sido asumida desde hace tiempo por algunas empresas, que ponen a disposición del trabajador las instalaciones adecuadas para “cuidar de sus hijos” mientras trabajan.
Un ejemplo de distribución horaria para un docente de educación primaria podría ser el siguiente:
Primer tramo: Presencial de dos horas: De 9:00 a 11:00 horas. Grupo 1.
Segundo tramo: Presencial de dos horas. De 11:30 a 13:30 horas. Grupo 2.
Tercer tramo: No presencial (online). De 16:00 a 18:00 horas. Todo el grupo.
Se entiende que los 30 minutos de margen entre turnos, son de descanso para el profesorado, mientras se realizan las operaciones de higiene y desinfección.
Para el tramo no presencial (online), sería necesario una formación generalizada en metodologías tipo Aula a distancia Moodle, Flipped, ABP, … que cambiará el concepto bastante extendido de retransmitir una clase tradicional, aunque podrían reinventarse las enseñanzas directivas de calidad, de hecho, es lo que estamos viendo ahora, quizá con una preparación en el profesorado inédita hasta ahora.
[1] La educación ha sido desde 1959 el principal motor del crecimiento económico en España, según las conclusiones de un trabajo elaborado por la profesora de Economía y Empresa de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) Enriqueta Camps (2017). https://bit.ly/3dvJjXf
Manuel Morilla Jarén
Presidente de la Sociedad Pedagógica Tartessos
