El pensamiento crítico es un deseo de búsqueda, la paciencia para dudar, aficionarse a la meditación, lentitud en la afirmación, disposición para considerar propuestas y cuidado para poner en orden las ideas. Y sobre todo aversión por todo tipo de impostura.
Francis Bacon (1605)
Entre los modos de enfrentarse a la realidad, la verdad y a las distintas posiciones que se vierten en el lenguaje público encontramos una aproximación ordenada y analítica y otra que no lo es tanto.
Se da con menos frecuencia de la debida una actitud sosegada y paciente para dudar entre planteamientos diversos y una tan rápida en la respuesta como infundada en la afirmación o la opinión que arroja.
Cuando hablamos de pensamiento crítico, nos referimos al modo de reflexionar que permite mejorar la calidad del raciocinio, mediante el cual la persona que piensa adopta sus propias estructuras en función de las circunstancias que la rodean.
El simple ejercicio de pensar por sí solo, puede caer en la distorsión, fruto de prejuicios y sesgos. Podríamos decir que la mayor parte de las afirmaciones que se escuchan con asiduidad no están bien argumentadas ni siguen los parámetros establecidos que permiten sostenerlas y respaldarlas con lógica.
Se da un desequilibrio cada día más evidente entre hechos y opiniones, entre razón y sentimientos que embarra el lenguaje público hasta hacerlo irreconocible. Como se podrá suponer, seguir sumidos en la propaganda de trinchera y en los duelos a garrotazos de Goya tiene unas consecuencias devastadoras para el progreso cultural, social y económico de nuestro país.
A lo largo de la historia, pensadores de todo tipo han quedado encasillados por un sesgo de conocimiento arraigado entre sus puntos de vista personales o de grupo de afines.
Son las llamadas cámaras de eco: tendencias egocéntricas y sociocéntricas —según se apliquen a individuos o colectivos— que siguen planteando una de las mayores amenazas para el avance de las sociedades modernas y sus modos públicos de deliberación y toma de decisiones.
El pensamiento crítico se revela como una posible solución para evitar la ceguera en el mundo que nos rodea.
Aunque no siempre tengamos la certeza de conseguirlo, es preciso comprender cuánto de nuestras frágiles mentes está construido a base de las ideas y opiniones como una afirmación identitaria de pertenencia y cuánto pertenece a un análisis basado en el pensamiento crítico.
Diseccionando el núcleo de cómo los humanos aprenden, piensan y eligen actuar, Linda Elder nos ilumina con las causas fundamentales del pensamiento disfuncional y muestra fórmulas que permitan desprendernos del egoísmo y del pensamiento grupal endogámico.
Linda nos ofrece una teoría mental integradora que tiene muy presentes las tendencias patológicas de los seres humanos, a la vez que nos abre un amplio camino hacia el cultivo del pensamiento crítico de manera imparcial y en todo contexto. Aclara además cómo, al tomar en serio los conflictos de nuestro pensamiento —y siguiendo el ejemplo de Sócrates— nos adentramos a vivir la vida con una consciencia más plena, más examinada y reflexiva. Incluso en tiempos de agitación y duda, es donde quizá sea más pertinente la adopción de estos modos de conocimiento sereno, propio de una vida mejor.
George Lakoff escribió hace ya unos años un ensayo en donde se refiere al «inconsciente cognitivo» que se desencadena cuando una palabra o un símbolo establece un marco mental dentro del cual se desenvuelven los razonamientos y con ellos, las creencias, los sentimientos y las pasiones.
Los receptores de un mensaje, con frecuencia se dejan seducir más por cuestiones relacionadas con estas estructuras sentimentales y abandonan la defensa ponderada de sus postulados.
No siempre prevalecen los mejores argumentos sino los mejor presentados o los que conectan precisamente con los marcos mentales de la audiencia a la que se dirigen. Todo es el fruto maduro de un acto de persuasión, que está preconcebido para retorcer la realidad y los hechos en la obtención de un fin concreto.
Recientemente Julio César Herrero, preocupado por el deterioro en la materia, recoge en un pequeño manual la definición de pensamiento crítico como la habilidad para elaborar, evaluar y refutar argumentos sobre determinadas cuestiones, hechos o creencias, las fórmulas en que se construyen argumentos habituales y la manera de rebatirlos adecuadamente.
Pensar por nosotros mismos puede ser el ejercicio de libertad más complejo y valiente que podemos aprender y ejercer a lo largo de nuestras vidas.
Con la práctica habitual, resulta ser una actividad grata que puede conducirnos apaciblemente por el camino de nuestra propia filosofía de vida.
En los últimos años, el análisis de los discursos públicos ha generado sistemas de diagnóstico que permiten desentrañar su sentido a través de lo que se viene en llamar un acto de minería de argumentos y falacias. Lo hacen mediante procesos automatizados de análisis del contenido y estructuras lingüísticas de los debates entre personajes de la vida política.
Mejorar el pensamiento es como desarrollar cualquier habilidad física o el aprendizaje de tocar un instrumento. Si bien es cierto que tenemos una enorme plasticidad cerebral, la mayor parte de nuestra capacidad cognitiva está latente o poco desarrollada. Las destrezas de pensamiento no se adquieren si no existe un compromiso por enseñarlas y aprenderlas conscientemente. Así que no es posible convertirse en un excelente pensador o pensadora con el simple deseo de hacerlo, ya que cambiar los hábitos de pensamiento requiere de un propósito deliberado y cierta perseverancia.
Durante los años escolares, en la Educación Secundaria, Bachillerato o en la misma Universidad se deben redactar con frecuencia trabajos, elaborar informes, realizar exámenes orales o escritos y participar en discusiones; analizar temas y escribir sobre ellos sosteniendo unas determinadas posiciones.
El pensamiento crítico es el instrumento que puede servirnos para mantener tesis y posturas abriéndonos paso en el intrincado mundo de las ideas y la comunicación de nuestro tiempo.
Para ello, al abordar una determinada cuestión, hemos de discriminar bien los argumentos utilizados, y determinar cuál merece la pena mantener y cuál no.
El objetivo no es otro que acercarnos a la verdad de las cosas, libres de sesgos y prejuicios, o al menos, siendo plenamente conscientes de las circunstancias y sentimientos que los envuelven.
¿Para qué nos sirve el pensamiento crítico?
Como ya hemos dicho, es imprescindible para construirse una vida académica sostenida en los principios del método cartesiano y científico.
Pero nos puede servir también para combatir el desorden, los rumores y buscar la constante aproximación a la verdad mediante un modelo que evite el ruido mediático y la contaminación digital reciente, con las armas del propio proceso intelectual.
La utilidad del dispositivo reside en fundamentar los argumentos en evidencias, soslayando las falacias o debilidades de los mismos.
El fin podría ser persuadir o no, llegado el caso. Pero también dejarse persuadir ante unas pruebas en contrario que refuten las propias por su solidez.
Se suele decir que la persona tolerante, lo suficientemente convencida de sus ideas, hace incursiones en el campo de las convicciones de sus contrarios con la confianza de aprender algo nuevo y de comprender sus puntos de vista. Hemos de tener presente que el pensamiento de mala calidad y sin las perspectivas necesarias consume recursos económicos extraordinarios y repercute negativamente en la salud y el bienestar de la sociedad.
Elementos del pensamiento crítico
The Critical Thinking Foundation (Fundación para el pensamiento crítico) es una organización sin ánimo de lucro que busca promover un cambio esencial en la educación y la sociedad a través del cultivo de un pensamiento crítico imparcial. Según sus principios, se encarna en la empatía y la humildad intelectual y la determinación por buscar el brillo de la verdad, la integridad moral y la responsabilidad social y ciudadana. De su página hemos extraído mucho de lo que aquí se presenta.
Para explicar los elementos del pensamiento crítico, se mantiene que todo razonamiento tiene siempre un propósito. Por ello, hay que tomarse el tiempo necesario para expresar el propósito con claridad: plantearse cuál es el objetivo de la discusión y el estado de la cuestión, distinguiendo su meta última de otros propósitos relacionados con ella. Casi todo razonamiento está centrado en solucionar algún problema y en dejar las cosas mejor de lo que nos las encontramos antes de intervenir. Por ello y como paso previo, hay que formular la pregunta de diferentes modos para clarificar su alcance y centrar el contenido del desafío. Una vez hecho esto, hay que replantearse, en base a aquélla pregunta inicial, nuevas cuestiones secundarias, otros interrogantes que detallen la primera. Hay que indagar también si la posición o pregunta tiene una sola respuesta, si se trata de una opinión o si requiere que se razone y aborde desde diversos puntos de vista.
El acto de razonar se fundamenta en supuestos. Por ello, hay que distinguir claramente cada uno de ellos y considerar si son o no justificables. Valorando también cómo dichos supuestos propios determinan puntos de vista diferentes.
Como apuntaba Ortega y Gasset, la perspectiva es uno de los componentes de la realidad. Cualquier razonamiento se hace desde una perspectiva determinada, existen puntos de vista distintos y contextos muy variados. Por ello, una parte del pensamiento consiste en averiguar el enfoque que dan los demás a la cuestión y buscar dignos rivales, que desde visiones distintas, nos acompañen en procesos de mejora cognitiva duraderos. El interés no serían obtener una ganancia inmediata sino más bien, proponer un juego infinito donde nadie pierda.
El pensamiento argumentado debe apoyarse en evidencias. Hay que limitar las afirmaciones y argumentos solo a aquellos sustentados por los datos que se tengan. Conviene recopilar información contraria a la posición propia y asegurarse de que toda la información usada es clara, precisa y relevante para la pregunta o cuestión sobre la que se discute. Es preciso utilizar conceptos e ideas, determinar los elementos clave y, en lo posible, explicarlos con claridad y concisión. Se deber tener bien acotado el objeto de la argumentación.
Todo razonamiento contiene inferencias: indicios y premisas mediante los cuales se llega a conclusiones. Conviene inferir sólo aquello que se desprende de la evidencia, verificando que las inferencias sean congruentes entre sí e identificando las suposiciones que nos ayudan a formular las inferencias propias.
Finalmente, cualquier razonamiento tiene implicaciones y consecuencias. Habría que esbozar las implicaciones y consecuencias del propio raciocinio, establecer las implicaciones positivas y negativas y considerar todas las consecuencias, las vías y escenarios que pueden abrirse.
La estructura del razonamiento
Si como es de esperar, el razonamiento discurre por los términos argumentales que aquí se mantiene, hay que tener la habilidad para analizarlos, evaluarlos y construirlos adecuadamente. Tenemos que saber qué hacer y qué actitud tomar ante posiciones contrapuestas. Veamos cinco pasos necesarios para analizar un argumento y poder refutarlo del modo más adecuado:
- Determinar cuál es la conclusión que se defiende o la proposición que se mantiene.
- Examinar las evidencias o pruebas que respaldan la conclusión.
- Evaluar el lenguaje utilizado.
- Concretar el tipo de argumento.
- Identificar la presencia de falacias.
El armazón del razonamiento es se va construyendo a medida que se prepara una argumentación sólida con el fin de exponerla ante una audiencia por medio de un discurso o exposición oral o escrita. De todo ello da muestras de orden y conocimiento Julio César Herrero en su libro sobre los Elementos del pensamiento crítico.
Pasos para preparar la argumentación conviene dar los siguientes pasos:
- Reunir toda la documentación necesaria sobre el asunto que nos trata.
- Elegir los argumentos principales y los secundarios.
- Aportar las evidencias para cada argumento y sub-argumento.
Determinar el orden de la exposición, el guion o la estructura para hacerla.
Una vez preparada la argumentación, entre el tipo de ordenamiento que podemos dar a un texto o discurso expositivo están los siguientes:
- El cronológico.
- El orden espacial.
- Establecer causas y efectos.
- Ante un problema, aportar una solución.
- Presentar una secuencia motivada.
Y todo ello, sin dejar de tener presente la estructura de la argumentación.
- ¿Cuál es la posición que queremos defender?
- ¿Cuáles son las evidencias para sostenerla?
- ¿Cuáles son las suposiciones de las que partimos?
- ¿Cuáles son las excepciones que la debilitan?
- ¿Qué aspectos podrían permitir refutar la posición?

Si se desea más información para incluir el pensamiento crítico en los programas escolares remitimos a un artículo más detallado con recursos didácticos para incluir el pensamiento crítico en la escuela. El propósito del equipo que trabaja en este tema es fijar paulatinamente una propuesta didáctica para el desarrollo del pensamiento crítico entre el alumnado de los últimos cursos de Educación Primaria, Secundaria y Bachillerato. Para que la propuesta sea útil y de aplicación en el medio escolar, se centrará primero en un cuadro de herramientas para elaborar después guías didácticas más precisas. Y todo ello dentro de un modelo de progresión o secuencia didáctica bien estructurados.
