Todo lo que era sólido…y dejó de serlo.

La primavera de 2020 será recordada siempre por la pandemia del Covid-19 que asoló a la humanidad y que sacó a relucir las debilidades de nuestra sociedad de bienestar y de los instrumentos de que nos servimos para mantenerla.

También por los estragos que causará en aquellos países con menos recursos y, por lo tanto, más expuestos a sufrir las consecuencias de este tipo de situaciones.

Siguiendo a Antonio Muñoz Molina, se nos cayó todo lo que creímos que era sólido. Y, de pronto, nos damos cuenta de que somos humanos y de que todo aquello que preveíamos que pudiera ocurrir en una situación como esta, aumenta hasta una altísima potencia. O incluso, que nunca pensamos que pudiera llegar a nuestras vidas.

Evidentemente las consecuencias en términos de vidas humanas son las más lamentables y las más dolorosas. Siempre las sufrirán más aquellos que disponen de menos medios y recur- sos para protegerse de ellas. No quiero pensar que, en la escuela pública, donde se atiende más la equidad y la diversidad, las consecuencias negativas pudieran ser mayores.

También salen a relucir debilidades (y también fortalezas) de nuestro sistema educativo.

Y es que nos ha pillado desprevenidos, incrédulos de nosotros que creímos que esto les ocurría a otros, empezando por China; pero que aquí no llegaría y, si lo hacía, sería de una manera tangencial. Seríamos capaces de hacerle frente con nuestros recursos y nuestras fortalezas.

Y ha afectado a lo más sensible de nuestro sistema educativo: nuestro alumnado. Nos hemos encontrado de la noche a la mañana con que todos los recursos de que disponemos en la escuela pública serían ¿o no? suficientes para afrontar todo tipo de contingencias. Nos hemos topado con que el profesorado no creía que tendría que utilizar los recursos audiovisuales y, sobre todo, digitales, para poder establecer redes comunicativas con el alumnado y sus familias ya que el confinamiento les obliga a trabajar en la distancia a través de esos recursos de que, afortunadamente, disponemos.

Normalmente, todos los centros tenemos nuestros planes de autoprotección identificando los posibles riesgos y la respuesta que debemos dar cuando uno de ellos (casi siempre terremotos o incendios) pudiera acontecer. A partir de ahora, habría que pensar en cómo incorporar la respuesta a la presencia de una pandemia o crisis de tamaño similar con los medios y recursos de que disponemos.

En nuestro caso, decía, nos ha pillado desprevenidos porque, es verdad, en los centros te- nemos medios que pueden ser usados por el pro- fesorado para acceder al universo digital-virtual, a esas redes en las que nuestros alumnos, al ser considerados nativos digitales, se desenvuelven con cierta suficiencia. Creo que ha habido que improvisar sobre la marcha y aprender del ensayo y error en las decisiones que se han ido tomando a lo largo de estos días y semanas. Ha habido que servirse de aplicaciones que permiten una cierta interacción entre el profesorado y las familias con sus respectivas hijas e hijos para intentar trasladar al entorno familiar las rutinas y propuestas didácticas que se venían realizando en las aulas.

Quiero hacer un reconocimiento a todos los profesionales, así como a las familias por el esfuerzo realizado a la hora de asumir ciertos roles para los que no estaban preparados ni avisados.

Ahora más que nunca es el momento de poner a prueba la adquisición de esas siete com- petencias clave de las que tanto hablamos en nuestros modelos curriculares y que deben ser adquiridas por los diferentes agentes del proceso educativo para desenvolverse con cierta soltura ante cualquier situación problemática en una sociedad cada vez más tecnificada y compleja.

El uso de aplicaciones y plataformas para establecer la comunicación ha sido uno de los primeros retos a los que se ha enfrentado el profeso- rado ya que aquellos otros agentes del acto educativo quedaron confinados en sus respectivos domicilios con una cierta sensación de desamparo. Han sido muchas las iniciativas llevadas a cabo con mayor o menor éxito, pero siempre motivadas y utilizadas con la intención de llegar de la mejor forma posible a todos los hogares donde se encon- traba el alumnado recluido con sus familias.

Un segundo reto ha sido el de adaptar los contenidos curriculares a la nueva situación, es decir, el cómo hacer llegar una serie de contenidos de las materias de enseñanza.

Aquí creo que hay que hacer una profunda reflexión acerca de la excesiva dependencia de un recurso, no olvidemos que es solamente un recurso, como es el libro de texto. ¿Se trataba de convertir a las madres y padres en profesores de sus hijos? ¿Se trataba de hacer llegar a los hogares la figura del profesorado como agente educativo?

¿O, simplemente, se trataba de organizar una serie de contenidos básicos que nuestros alumnos y alumnas deberían aprender mediante una serie de actividades y/o tareas que debían organizar en tan corto espacio de tiempo los profesionales de la educación?

Son muchos los interrogantes a los que nos enfrentamos en este sentido.

En primer lugar, habría que considerar si la referencia a tener en cuenta es el currículo de la Educación Primaria concretado en la Orden de 17 de marzo de 2015 que, en principio, es también la referencia a considerar por las editoriales encarga- das de diseñar el formato de sus libros de texto. Y ese currículo pretende que nuestro alumnado adquiera una serie de competencias básicas, son siete las establecidas por el Consejo de Europa, y el logro de unos objetivos que también aparecen en ese diseño curricular y que deben estar adaptados a las características del alumnado de cada uno de los centros andaluces. Para conseguirlos, se han concretado una serie de contenidos que han de ser aprendidos mediante una metodología muy concreta que considera al alumnado agente de su propio proceso de aprendizaje.

Y en esta propuesta metodológica siem- pre hemos tenido en cuenta un modelo presencial donde el profesorado interactúa con el alumnado de su grupo para realizar una serie de actividades, tareas, proyectos o cualquier otra propuesta didáctica encaminada al logro de esas competencias y objetivos. Esa interacción en el aula debe estar previamente diseñada y organizada en las programaciones didácticas que el profesorado habrá elaborado partiendo de las características del alum- nado al que van dirigidas.

Pues bien, como nunca se había previsto esta situación, nos hemos encontrado con que ha habido que modificar y adaptar a toda prisa los roles del profesorado, alumnado y familias con las incertidumbres y dudas que han ido surgiendo a lo largo de su aplicación. Ha habido familias que se han sentido cómodas con el rol de madres/padres educadores de sus hijos, otras, al contrario, se han sentido desorientadas y fuera de lugar ante la nueva responsabilidad que les ha llegado. Y, seguramente, habrá habido todo tipo de situaciones a lo largo y ancho de nuestra geografía y que no pretendo ni puedo identificar.

Si algo ha quedado claro es que el hecho educativo es competencia compartida entre profesorado y familias a fin de provocar una situación educativa en la que los papeles de unos y otros deben quedar claros.

No se puede pretender que las familias asuman un papel para el que, en muchas ocasio- nes, no se encuentran preparadas (es normal, ya que para el acceso a la docencia se establecen unos requisitos que no todas las familias han adquirido) sin el imprescindible apoyo y presencia, detrás de esos medios tecnológicos, del profeso- rado.

Por otra parte, el profesorado ha debido asumir unos nuevos retos en los que la situación de aprendizaje presencial se ha trasladado al mundo virtual y ello exige de una formación y actualización en el uso de los recursos digitales, pero también en la organización de las propuestas di- dácticas que han de ser implementadas en los ho- gares a través de las familias.

Cuando amaine será el momento de hacer valoraciones acerca de la respuesta que se dio por parte de todos los agentes implicados en el proceso educativo.

Por un lado, si el profesorado se adaptó de forma adecuada a la nueva situación y fue capaz de ofrecer alternativas y propuestas oportunas; por otro, si las familias, desde su posición de agentes educativos de sus propios hijos e hijas, pudieron llevar a la práctica o, al menos, favorecer que las propuestas que el profesorado les envió se pu- dieron llevar a la práctica con cierta solidez; también, si el alumnado, desde sus domicilios, encon- tró las pautas y orientaciones suficientes para rea- lizar las tareas propuestas.

Y, por último, y no menos importante, si la Administración Educativa fue capaz de responder de manera adecuada y eficaz a la nueva situación y no se escondió bajo el epígrafe de la tan cacareada autonomía de centros para mantenerse en un cierto margen que les eximiese posteriormente de las responsabilidades, críticas y valora- ciones de su proceder en este momento tan complicado en el que debieron estar en primera línea para liderar una situación harto complicada.

No olvidemos cómo mensajes tan desafortunados como el lanzado desde la vicepresidencia de la Junta de Andalucía sobre la finalización del curso escolar en el mes de julio vino a enturbiar esa situación crítica.

Ni tampoco la ambigüedad de las informa- ciones que se han ido enviando desde la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía a los cen-ros y, en ciertas ocasiones, contradictorias entre sí.

Sin entrar a hacer valoraciones fuera de contexto, creo que este es un momento en el que se pone a prueba la capacidad del sistema educativo para hacer frente a una situación imprevisible y novedosa.

Y habrá que plantearse si se establecieron prioridades en la propuesta de contenidos al margen de las propuestas de las editoriales a través de sus libros de texto.

Pienso que esta ha sido una oportunidad para poner a prueba la capacidad para transmitir que nuestro alumnado precisa establecer un adecuado nivel de comunicación oral (el entorno familiar se ha podido convertir en un escenario donde la comunicación ha permitido por un lado practicar esta destreza básica, escuchar y hablar, al tiempo que posibilite estrechar las relaciones entre progenitores y sus hijos mediante el diálogo mutuo), comunicación escrita mediante la prác- tica de lecturas que deben ser comprendidas en sus tres niveles (literal, inferencial y valorativo) y la consiguiente producción por escrito de manera autónoma y libre por parte de los chicos y chicas en casa.

Una propuesta que puede haber sido muy interesante es la elaboración de un diario personal por parte del alumnado en el que haga valer sus experiencias y las sensaciones y valoraciones que les producen cada día los acontecimientos y el propio confinamiento y que podría constituir un documento único tal como le ocurrió a Ana Frank con su propio diario, que pudiera reflejar cómo se vivió en primera persona esta situación tan excepcional.

No habría mejor prueba de composición escrita que no debiera estar condicionada por las propuestas del libro de texto. No son estos unos contenidos tan complejos que ninguna familia pueda facilitar en casa a sus hijos y que constituyan la esencia de la comunicación, aparte de otros específicos de cada una de las materias del Curriculum.

Creo que, como conclusión de lo que nos está aconteciendo, hemos de estar abiertos a todo tipo de situaciones futuras, predecibles o no, y ante las cuales deberemos hacer un esfuerzo entre todos los agentes educativos para dar la mejor respuesta posible de manera coordinada y apo- yándonos los unos en los otros porque, no lo olvidemos, nuestros chicos y chicas son, aparte de alumnos, personas.

Debemos recordar que todos somos la tribu que educa, todos somos los responsables de nuestras propias decisiones y de las consecuencias e impacto que pueden tener sobre estas chicas y chicos en su proceso de formación ya que su propia personalidad y carácter pueden verse seria- mente afectadas por situaciones como la actual que desorganizan todo lo que constituía su mundo de referencia.

Ojalá que todo lo que considerábamos só- lido se consolide día a día con el trabajo, el es- fuerzo y el compromiso de todos los agentes sociales.

Publicado por sptartessos

La Sociedad Pedagógica Tartessos está formada por docentes interesados en modernizar la educación española.

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