¿La crisis nos lleva a desconfiar de la institución educativa por antonomasia, la escuela? O, realmente, ¿estamos permanentemente, hemos estado permanentemente, disconformes con nuestra escuela? ¿El confinamiento más las nuevas tecnologías la demuestran prescindible tal y como está estructurada en la actualidad? ¿Será verdad que las escuelas “tienen que transformarse de raíz, si se quiere que de ellas salga algo bueno, ya que están viciadas desde su constitución original y sus mismos profesores han de recibir una nueva formación”? ¿Podríamos hoy asumir la afirmación de que “el orden de la mayoría de nuestros colegios me ha disgustado siempre… Es una ver- dadera cárcel de jóvenes cautivos. Los vuelven desenfrenados castigándolos antes de que lo sean. Si llegas a un colegio en el momento de la tarea, no oyes más que gritos de niños torturados y de maestros ebrios de cólera. ¡Qué manera de despertarles el gusto por su lección, a esas almas tiernas y temerosas, guiarlas con una faz terrorí- fica, con las manos armadas de látigos!”? Aunque hoy ya sin “niños torturados”, ni “maestros ebrios de cólera”, ni “manos armadas de láti- gos”… Montaigne escribió el segundo texto en el siglo XVI1. El primer texto lo escribe Kant en 17762.
- Michel de Montaigne, Los ensayos (según la edición de 1595 de Marie de Gourneay), Acantilado, Barcelona 2007, Libro I, XXV, “La formación de los hijos”, p. 214.
- I. Kant, Pedagogía, Akal, Madrid 2016. Apéndice I, p.98.
Y seguimos… “No recuerdo haberme sentido ‘alegre y feliz’ en ningún momento de mis años escolares monótonos, despiadados e insípidos que nos amargaron a conciencia la época más libre y hermosa de la vida…

El que nos sintiéramos bien o mal en la escuela carecía de toda importancia. En concordancia con los tiempos, su verdadera misión consistía no tanto en hacernos avanzar como en frenarnos, no en formarnos interiormente sino en amoldarnos con la resistencia mínima posible a la estructura establecida, no en aumentar nuestras energías sino en disciplinarlas y nivelarlas… La escuela nos había dejado claro que en ella no aprenderíamos nada esencial”, afirma Stefan Zweig en El mundo de ayer (3), escrito en 1942, sobre su perspectiva de la escuela austriaca a finales del XIX.
Más cerca aún nos encontramos a John Holt: “Nuestras escuelas siguen siendo más o menos lo que siempre han sido, lugares nefastos para los niños, o, para el caso, para cualquiera que tenga que estar, vivir o aprender en ellas”
Holt lo escribe en los años 60 del siglo pasado.(4)
Pasan los años y…. tanto desde un pensador consagrado como E. Morin (“… en
diferentes libros míos he puesto en evidencia los límites de nuestro sistema de enseñanza.
3. El mundo de ayer, Capítulo “La escuela del siglo pasado”, Acantilado, Barcelona 2002.
4.El fracaso de la escuela, Alianza Editorial, Madrid 1987, p. 21.

Pienso que no se adaptó a la complejidad que vivimos desde el punto de vista personal, económico y social.
Tenemos una conciencia dividida en compartimentos estancos, incapaz de ofrecer perspectivas unitarias e inadecuada para enfrentar de manera concreta los problemas del presente. Nuestros estudiantes no aprenden a medirse con los grandes desafíos existenciales, tampoco con la complejidad y la incertidumbre de una realidad en constante mutación.
Me parece importante prepararse para entender las interconexiones: cómo una crisis sanitaria puede provocar una crisis económica que, a su vez, produce una crisis social y, por último, existencial”, en El País, 12/04/2020-) como desde otras perspectivas (Francisco Luis Rodríguez -Profesor del Área de Trabajo Social y Servicios Sociales, Universidad de Jaén- “Que el modelo educativo está obsoleto es más que ostensible.
5. I. Kant, La religión dentro de los límites de la mera razón, Alianza Editorial, 2ª ed., Madrid 1981, p. 29: “Que el mundo está en el mal es una queja tan antigua como la historia; incluso como el arte poético, más antiguo aún; igualmente vieja incluso que la más antigua de todas las poesías, la Religión sacerdotal. Sin embargo, todos hacen empezar el mundo por el bien… Pero dejan pronto desaparecer esta dicha como un sueño; y es entonces la caída en el mal (el mal moral, con el cual siempre fue a la par el físico) lo que para desgracia hacen correr en acelerado desplome, de modo que ahora (pero este ahora es tan antiguo como la historia) vivimos en lo último del tiempo, el último día y la ruina del mundo están a la puerta” Y cita a Horacio (Odas, III, 6)

La continuación del mismo paradigma del siglo pasado es algo tan pernicioso para la Educación, que no se lo puede permitir una sociedad de progreso que utiliza la tecnología para la más ínfima de las tareas. Y, sin embargo, infravalorando la opinión de expertos y expertas en la materia, se continúan enviando cantidades ingentes de tareas escolares a un colectivo que previamente no ha sido tutorizado para aprender a pensar, sino instruido para aprender a repetir” (Diario Jaén, 11/04/20).
¿Por qué esta aparente insatisfacción histórica hacia la institución escolar o hacia su organización? ¿Por qué en cada momento ha parecido que la escuela
no respondía a las necesidades de la sociedad? ¿La escuela siempre ha ido por detrás de las necesidades de la sociedad?
¿Será que la insatisfacción es la esencia del ser humano y que nos lleva a pensar que cada momento es el peor momento en la historia de la humanidad? Kant cita a Horacio -“La edad de nuestro padres, peor que la de nuestro abuelos, nos produjo a nosotros, peores, que hemos de dar luego una descendencia aún más viciosa”- al principio de La religión dentro de los límites de la mera razón, porque “que el mundo está en el mal es una queja tan antigua como la historia”5. Ya Schopenhauer se encargará de fundamentar teóricamente aquella insatisfacción: “Si ya en la naturaleza carente de conocimiento vimos que su esencia era un ansia continua sin fin ni descanso, al considerar el animal y el hombre eso se nos presenta con mucha mayor claridad.

Querer y ansiar es todo su ser, en todo comparable a una sed imposible de saciar”6. Por tanto, “el presente es siempre insatisfactorio, el futuro incierto y el pasado irrecuperable”7
Recientemente, Manuel Torres Vizcaya ha publicado La inspección educativa. Una mirada desde la experiencia
En este libro reflexiona, como su título indica, sobre el papel de la inspección de educación en el sistema educativo y asume la perspectiva de que el inspector debe ir más allá de la mera supervisión técnica y, dado el lugar que ocupa en el sistema, ocuparse de la “reflexión y búsqueda de los fines educativos, de la educación con mayúscula”.

A. Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, vol. I, Libro IV, $ 57, Editorial Trotta, Madrid 2004, p. 368. Ibid., vol. II, p. 628.
Torres Vizcaya separa la idea de laeducación -”preideológica”, dice- de la organización escolar, ligada a la política educativa.
Y afirma, que es lo que a nosotros nos interesa hoy, que “el concepto de educación debe ser objeto permanente de reflexión, sin que ello, desde luego, suponga abandono de la arquitectura concreta del sistema educativo”10.
Así que, ¿debemos estar permanentemente insatisfechos con nuestra escuela porque debemos estar permanentemente poniendo en cuestión qué sea la educación?
Y si esto debe ser así, ¿seremos capaces de diseñar un modelo que responda a los retos de lo que deba ser la educación?
Millones de escolares en sus hogares continúan formándose – dejemos ahora de lado las diferentes “brechas”- gracias a las nuevas tecnologías, ¿es necesaria la escuela tal y como está pensada? Así pues, ¿qué es la educación y cómo debe ser realizada en nuestra sociedad?
8.La inspección educativa. Una mirada desde la experiencia, Editorial La Muralla, Madrid, 2019
9 Ibid., p. 109
10 Ibid., p. 215. Por supuesto no es el único autor. Cfr. Mariano Fernández Enguita, La educación en la encrucijada, Fundación Santillana, Madrid 2016: “Abrir el debate sobre qué educación queremos y podemos tener es el objetivo de este texto”.
