El Consejero de Educación, Javier Imbroda, comunicó al Vicepresidente de la Junta y líder regional de Ciudadanos, Juan Marín, que no seguiría contando con su número dos «en un cargo tan técnico y complejo«, aduciendo «que necesita a una persona con más experiencia«.
La acumulación de asuntos pendientes y la falta de respuesta efectiva a problemas de cierta urgencia han evidenciado la necesidad de contar con una persona de perfil más técnico para el puesto, con más experiencia y agilidad para dar respuestas.
Desde el comienzo de su gestión el nuevo equipo de gobierno, se han encontrado con algunos problemas importantes, como el despido del colectivo de monitoras escolares o el cierre de comedores en varios colegios de Jaén.
El fracaso del Plan de Refuerzo Estival contra el abandono escolar fue mayúsculo, entre otras razones por la falta de información de los interesados.
Los directores de los centros seleccionados no fueron consultados previamente y ni siquiera informados de la designación de sus centros. Muchos se enteraron por los medios de comunicación, lo que provocó una protesta de ASADIPRE, la Asociación de Directores de Infantil, Primaria y Residencias Escolares.
Tales desaciertos provocaron que quedaron desiertas el 97% de las plazas de alumnos.
El problema más reciente lo han protagonizado el colectivo PTIS (Personal Técnico de Integración Social), subcontratado por la Junta desde 2000, que se ha movilizado para mantener sus puestos en los centros públicos de enseñanza.

La Viceconsejería de Educación es quien lleva el peso de la gestión de una de las Consejería más amplias del Gobierno andaluz, con un presupuesto anual de 6.868 millones de euros – el segundo más voluminoso después de Salud- y del que dependen alrededor de 100.000 profesores y 1,6 millones de alumnos.
La nueva Viceconsejera, María del Carmen Castillo Mena, nació en Almería en 1967 y es licenciada en Derecho por la Universidad de Granada.
Funcionaria de carrera del Cuerpo de Inspectores de Educación de la Junta de Andalucía desde 2008 y del Cuerpo de Profesorado de Educación Secundaria en la especialidad de Administración de Empresas (1997), en la actualidad desempeñaba el cargo de Delegada Territorial de Educación, Deporte, Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación en Almería.
Anteriormente, desarrolló su labor en la Secretaría General de la Delegación de Educación, Deporte, Igualdad, Política Social y Conciliación en Almería. También ha sido coordinadora de zona del Servicio de Inspección Educativa de la Delegación Territorial de Educación en Almería hasta 2011.
Con amplio conocimiento de la administración pública y del sistema educativo, ha desempeñado las funciones de Asesora Técnica de Régimen Jurídico y coordinadora del área específica de Organización Escolar y Ordenación Académica de Régimen Jurídico, ambos puestos en la Delegación Territorial de Educación en Almería.
Ha colaborado como tutora y autora en el Aula Virtual de Formación del Profesorado de la Administración Autonómica en diversas acciones formativas, especialmente las relacionadas con la acreditación de las competencias directivas, así como la formación de inspectores e inspectores noveles.
Pero, además del funcionamiento interno de la propia Consejería, son muchos los problemas que acucian al sistema educativo andaluz y la solución de muchos de ellos no dependen directamente del Ejecutivo Autonómico, sino del estatal.
Recientemente, se han publicado los resultados del Informe PISA y, aunque solo reflejan las competencias lectoras, matemáticas y de Ciencias, en estas también sale malparado el sistema andaluz. Es de suponer que, si funcionara bien, también obtendría mejores resultados en estos aspectos también.
| Uno de nuestros desafíos es que más jóvenes busquen convertirse en docentes. Para eso, una de las apuestas fue mejorar el salario. En los últimos años, lo aumentamos considerablemente. |
Reconocer que seguimos en el furgón de cola es un paso importante, pero en absoluto suficiente si no se tiene voluntad o no se ponen los medios para atajar el problema.

Hay unas características comunes en los sistemas educativos que obtienen mejores resultados (Estonia, Finlandia, …) que se ignoran, quizás premeditadamente y que, desde luego, no tienen visos de copiarse en nuestro sistema educativo.
Según la ministra de educación de Estonia, Mailis Reps, “La educación siempre fue una prioridad para los estonios sea cual sea el momento histórico. Los estonios siempre creímos que la educación abre nuevas posibilidades. Es una de las fuerzas impulsoras de nuestra sociedad. Somos verdaderamente una nación educativa”. (http://bit.ly/2MlWfUx).
El sistema se basa en la confianza en los directores y docentes. Ahí está uno de los diferenciales: no se baja una línea de arriba hacia abajo. Las escuelas tienen el suficiente margen para apropiarse del proceso educativo, incluso para delinear su propio currículo.
Esto es algo totalmente contrario a lo que sucede en nuestro sistema, que sufre un exceso de regulación que asfixia cualquier iniciativa.
La confianza proviene de una formación exigente. La preparación se combina con una fuerte carga de prácticas en el aula, al contrario que se hace aquí. Ni los Másteres que cursa el profesorado de Secundaria ni los Prácticum que hacen los de Primaria cumplen con ese perfil práctico.
Añadía: “Uno de nuestros desafíos es que más jóvenes busquen convertirse en docentes. Para eso, una de las apuestas fue mejorar el salario. En los últimos años, lo aumentamos considerablemente.
No hay escalas salariales de docentes definidas a nivel nacional. El gobierno nacional solo establece el salario mínimo de los docentes después de negociar con el sindicato de maestros. El director de la escuela es quien define la compensación real de los maestros. Este enfoque da como resultado un abanico salarial amplio entre los subsistemas (estatales, municipales, privados). Por lo general, se tienen en cuenta los años de experiencia docente, las calificaciones adicionales, las actividades de desarrollo profesional, las responsabilidades de gestión además de la enseñanza, las tareas especiales como Mentoría y desempeño sobresaliente”.
Estamos hablando de lo que durante tantos años se viene reivindicando en España: la carrera docente.
Si las características anteriores eran contrarias a la situación española, esta última, que hace pivotar la carrera docente en las direcciones escolares, se antoja simplemente imposible.
Otra de las deficiencias del sistema, apuntadas por diversos estudios y relacionada también con la carrera docente es la relativa a las competencias y funciones atribuidas a las direcciones escolares.
El tiempo destinado a realizar las tareas directivas es absurdamente insuficiente.
Las direcciones escolares necesitan muchísimo más tiempo para dedicarlo al liderazgo pedagógico. En muchos casos, se consume sólo en procurar un funcionamiento “adecuado” de las infraestructuras.
Deberían desdoblarse las tareas pedagógicas y las burocráticas y de gestión. No sólo porque son distintas, sino porque requieren una formación específica, que, en el caso de las segundas, no se recibe en ningún caso, quedando a expensas de la experiencia que se vaya acumulando.
La existencia de otros miembros en el equipo directivo tampoco es garantía suficiente en muchos casos.
Ni siquiera se requiere algún tipo de formación para hacerse cargo de Jefaturas de Estudios y/o Secretarías, que liberarían a las Direcciones de bastante carga burocrática y de gestión y le permitirían dedicarse al liderazgo pedagógico.
Todo esto requiere un replanteamiento a fondo de las plantillas que podría corregirse simplemente mirando las de otros organismos.
