La equidad debe abogar por que cada individuo logre alcanzar la excelencia (Gross 1999) y la excelencia debe estar dentro del concepto de equidad (Sapon-Shevin 2000), por este motivo desde la Fundación Avanza creemos que los Cen-ros Específicos para alumnos superdotados y de alta capacidad son necesarios y beneficiosos socialmente y que nuestro país debería disponer de esta opción educativa.
En las altas capacidades, es primordial la familia, ella es la que juega el papel más importante, el más difícil diría yo.
El niñ@ tiene altas capacidades, eso es lo que nos dicen en el diagnóstico, pero ¿luego qué?,
¿Cómo gestionamos eso?, ¿cómo aprendemos a vivir día a día con esa etiqueta?, (super- dotado), ¿lo tomamos como un tabú?, no queremos que nadie se entere, “no se vayan a meter con nuestro niñ@”, en fin, por paradojas de la vida y aunque parezca mentira, más que una alegría algunos padres lo vemos como una dificultad, nos asusta el aprender algo nuevo, pensá- bamos que ya lo sabíamos todo, que todo estaba estipulado y ahora esto.
En fin, no nos queda otra que relajarnos.
FAMILIA. Si nos paramos un instante a valorar esta palabra en su sentido más amplio, son personas que conviven, con un proyecto de vida en común, con lazos sanguíneos o afectivos. Pero claro, esta palabra traducida a la alta capacidad, es un poco más compleja, ya que lo del proyecto en común, es algo que hay que valorar.
Desde mi punto de vista, la familia, cuando se detecta un caso de alta capacidad, no sabe cómo reaccionar, no sabe qué hacer, se encuentra perdida. Reciben información de muchos sitios, hay muchos artículos en internet, en revis- tas, en periódicos, etc…., pero ninguno habla de las particularidades de su hij@.
Cada niñ@ es diferente, un grupo de altas capacidades intelectuales puede tener pautas en común, pensamientos, comportamientos, pero solo eso.
Es muy difícil tener hij@s con estas capacidades, es difícil llegar a entenderles, a ponerse en su piel. Quienes lo tienen más fácil, son las familias donde sus progenitores, de pequeños, han pasado por lo mismo, pero, aun así, como ya he dicho antes, cada ser es diferente.
La familia y el entorno es lo más impor- tante, hay muchos estudios sobre ello, como por ejemplo el de Ainhoa Manzano psicóloga de la Universidad del País Vasco, donde nos habla de los distintos estudios, con gráficos y cita estudio- sos en el tema, como Rassouli.
También hay fundaciones como la Fundación Avanza (www.fundacionavanza.org) que im- parten cursos tanto para docentes, como para padres para saber gestionar el comportamiento y habilidades de los niñ@s, para su buen desarrollo, en todos los niveles y etapas de crecimiento, así como sus comportamientos internos y externos.
Se debe tener en cuenta que estos niñ@s tienen emociones muy intensas, las cuales no son entidades psicológicas simples, sino una combinación compleja de aspectos fisiológicos, sociales

y psicológicos dentro de una situación polifacética, como respuesta orgánica a la consecución de un objetivo, de una necesidad o de una motivación.
La emoción no es simplemente corporal, ni tampoco sólo mental, más bien el aspecto cognitivo y las sensaciones físicas van completamente unidas como una forma integral de vivencia.
La emoción y la motivación son muy importantes en estos niñ@s, proporcionan a todas las actividades, por un lado, dirección y por otro, intensidad. La emoción proporciona energía y dirige a un objetivo. La función motivacional de la emoción es congruente, ya que ante el agrado y el desagrado, la intensidad reactiva puede generar conductas motivadas o no hacia un acto o acción concreta.
La activación de cada necesidad viene dada por la consecución de otra necesidad satis- fecha anteriormente. Si esto se produce generará satisfacción. En caso contrario, aparecerá la frustración que, bien resuelta, al igual que la satisfacción darán lugar al comienzo del ciclo nuevamente.
Dentro de la familia es importante, desarrollar la autoestima, desarrollar estrategias para comunicar y gestionar emociones propias y ayudar al hij@ a comunicar y gestionar las suyas. Potenciar valores, competencias social y emocional, identificar fortalezas, debilidades y necesidades propias Todo ello para poder fomentar su creati- vidad, fomentar la asertividad y la empatía, algo muy necesario en nuestra vida. Plantearnos que queremos cambiar en nuestras vidas ayuda a adquirir el compromiso con los niñ@s en la familia.
Los estudios de Goleman, 1996 nos habla de cómo la inteligencia emocional puede resultar tan decisiva, y en ocasiones mucho más que el cociente intelectual de la persona, para satisfacer la satisfacción personal a lo largo de la vida.
Las familias que sepan desarrollar las emociones positivas, dejando fluir las necesida- des de los niñ@s, a la vez de saber gestionar las emociones negativas como son el miedo y el estrés, conseguirán reducir los efectos negativos en el aprendizaje y la memoria.
Los padres tienen muchos retos para conseguir habilidades.
Cuando se habla con los hij@s es mejor que las palabras sean mejores que el silencio.
Para poder conectar con ell@s, deberíamos ponernos a su altura, escucharles y mostrar realmente interés por lo que nos están contando.
Que sientan la familia presente, sonreírle y abrazarle, sin importarte ni dónde, ni cuando, ni por qué.
Practica el rapport con él, es decir, modela en la medida de lo posible tanto su lenguaje, como sus movimientos para así crear mayor sintonía entre ambos, y por supuesto mostrarse tal y como somos, con virtudes y defectos, con miedos y principios, ser nosotros mismos sin jugar a ser nadie más.
CONCLUYENDO, “La formulación de un problema es frecuentemente más esencial que su solución, que puede ser tan solo un asunto de destreza matemática o experimental. Plantearse nuevas cuestiones, nuevas posibilidades, ver viejos problemas desde un nuevo ángulo, requiere una imaginación creadora y marca un avance real en la ciencia”. Albert Einstein
