Un campamento musical

Experiencia ideal para aprender, compartir y disfrutar

El estudio de la música es algo tremendamente difícil porque tocar un instrumento significa adquirir una gran concentración y enorme destreza, o sea algo que se adquiere en años y años de trabajo.

Para tocar el piano, por ejemplo, es necesario coordinar y sincronizar a la vez muchas habilidades: en el mismo momento se coordinan mano derecha, mano izquierda, pies (en los pedales), lectura de la partitura (ritmo, melodía, armonía), respiración, postura física etc…

En ninguna otra disciplina se coordinan tantas cosas (algo parecido puede pasar con teatro y danza, con la diferencia que en la música los movimientos de los dedos son a veces milimétricos) y no estamos acostumbrados a tanto esfuerzo mental en las tareas y en los estudios no musicales, donde normalmente hacemos una sola cosa a la vez.

La música es también un lenguaje universal que puede unir y comunicar la misma emoción a personas que hablan un idioma diferente y no se entienden entre ellos.

La música no dice nada, pero lo sugiere todo, es un lenguaje universal que nace antes de la palabra: nace del grito de los primeros hombres que se ordenan en melodía y ritmo, y con el tiempo armonía (mas notas a la vez).

Por eso es un arte que enriquece e influye muchísimo, no solo en quien se dedica a ella, sino también en su entorno (familia y amigos).

Una influencia indudablemente positiva. Cuando escuchamos una música bonita tocada por alguien, hay todo un mundo detrás. No me refiero solamente a las horas de estudio y esfuerzo, sino también a todos los valores que se aprenden practicando un estudio musical.

Disciplina. Se aprende el esfuerzo de practicar una rutina diaria de estudio desde pequeño adquiriendo constancia y solvencia también en la edad adulta.

Concentración. El alto nivel de esfuerzo y coordinación benefician al niño y consecuentemente al adulto en los estudios en otro campo, en la memorización y hasta en la gestión de las tareas diarias (hace poco tiempo unos investigadores neurólogos concluyeron que los músicos toman decisiones con más rapidez y efectividad respeto a los no-músicos).

Está comprobado que el fracaso escolar no existe entre los niños que estudian música clásica.

Paciencia y tesón. Para conseguir un resultado (por ejemplo, aprender una pieza desde cero y llegar a tocarla bien en público) hace falta muchísimo trabajo, desde varios meses hasta un año entero. Varias veces le pregunto a mis alumnos: “¿Has estudiado en alguna ocasión algo más difícil en el colegio/instituto/universidad?” Es una pregunta que al principio les sorprende, pero luego se dan cuenta que, en ninguna asignatura, por difícil que sea, tienen que pelear con dos páginas impresas durante meses. La paciencia para alcanzar un resultado y saber que a lo mejor este resultado llegará en seis meses es un ejercicio importante, sobre todo en la actualidad donde cada vez estamos más acostumbrados a las recompensas inmediatas, más recompensas y más rápidamente.

Habilidades sociales. Cuando varios músicos tocan juntos saben que tienen que respetarse, aprenden que hay que estar preparados porque si uno toca mal estropea toda la pieza y fastidia a los demás. Se aprende a expresarse dentro de los propios límites del rol que se tiene, buscando una intención común y, a veces, renunciando a los anhelos individuales para conseguir el bien común. Se aprende a ser puntual, “conditio sine qua non” para comenzar un ensayo. En este sentido la música en grupo (orquesta, coro, música de cámara) es una metáfora da la vida social e influye positivamente sobre ella.

Los estudios musicales son muy duros, desde la niñez se invierte mucho tiempo y energía, pero los buenos resultados son una excelente recompensa. Si no hay resultados pese al esfuerzo, el aprendizaje musical se convierte en una pesadi- lla terrible, provocando una gran frustración hasta que se deja de tocar o se llega a tener serios pro- blemas psicológicos. En mi opinión es muy difícil que una persona tenga tan poca aptitud por la música como para no tener resultado alguno. Como pedagogo he observado que muchas veces los beneficios no llegan porque faltan elementos indis- pensables para el desarrollo musical de un ta- lento.

Estos elementos son esencialmente tres:

  1. El alumno, estudiante de música, tiene que dedicarse con esfuerzo y pasión al instrumento. Al principio no debe estudiar mucho, pero debe estudiar todos los días (hay una pequeña historia sobre esto. Un alumno preguntó: “Maestro, ¿hay algún día en que pueda yo estar sin estudiar?” y le contesta el Maestro: “Claro que sí, puedes estar sin estudiar todos los días que no comes.”). La rutina diaria es fundamental, aunque sea de 10-20 minutos.
  2. La familia debe apoyar y vigilar. Sostener cuando el esfuerzo cansa, cuando el resultado todavía tarda en llegar, cuando el resultado llega y hay que celebrarlo. Solo la madre y el padre pueden asegurarse que un niño de cinco o seis años estudie todos los días porque un niño quiere jugar. Esto vale incluso para cier- tos juegos “constructivos” o sea juegos que requieren esfuerzo como un juego de construcciones tipo lego, el ajedrez, las damas etc. La música de por sí es el más difícil y constructivo que los “juegos” (no olvidamos que en francés, inglés y alemán “tocar un instrumento” se dice “jugar un instrumento”.) En este sentido, la mejor educación que uno recibe la puede recibir en familia. Mozart no hubiese sido tan grande si su padre no le hubiese proporcionado una educación perfecta (Leopold Mozart mismo fue un grandísimo músico). No es que los padres tengan que ser músicos, pero es importante que proporcionen la actitud al trabajo que el estudio de la música requiere.
  3. El profesor es el Maestro, la guía fundamental del alumno. Un excelente Maestro saca de su aprendiz sus mejores cualidades y la mayor alegría es verlo convertido en Maestro a lo largo de los años. Tocar un instrumento es un oficio lleno de secretos, una búsqueda constante, una lucha contra uno mismo para llegar a la perfección (que nunca llega). El profesor tiene que enseñar esto al alumno, tiene que admirar las cualidades del alumno, así como el alumno debe admirar al profesor. Una ense- ñanza del Talmud judío decía: para aprender de tu Maestro, mira e imita hasta como se abrocha los zapatos. No es sumisión, sino una condición necesaria para el aprendizaje (y por supuesto una condición temporal). El Maestro tiene que saber y tener una experiencia verdadera y constante como concertista, tiene que ser generoso, al punto de revelar al alumno consejos y “trucos” que le ha costado años en conseguir e intuir.

Con estas tres condiciones se puede lograr grandes resultados y una “feliz” relación con la música y el duro trabajo que supone.

Hay una cuarta variable que es el ambiente. El ambiente musical alrededor es muy im- portante y fuente de gran motivación y estímulo en los estudios musicales. Un ejemplo: un niño que estudia violín interactúa todos los días con amigos y compañeros que se dedican al fútbol y videojuegos. A lo mejor este niño toca muy bien y los demás no lo saben. No se encontrará estimu- lado para seguir tocando (la identidad es algo que no tenemos por naturaleza, nos la dan los demás.

¿Entonces para qué sirve tanto esfuerzo si no te identificas/identifican?). Este mismo niño, en contacto con otros que, como él, dedican tiempo y esfuerzo a la música, tocan en audiciones y acaban incluso tocando juntos, se puede sentir mucho más estimulado al compartir estas experiencias musicales, comparando ejecuciones y escuchando las clases de los demás.

Esto no es siempre posible en los conservatorios y escuelas de música, porque el horario y la logística de los niños y padres no lo permite.

Cuando yo iba al conservatorio pasaba toda la tarde escuchando las clases de los demás, así aprendía, convivía (también me aburría largos ratos, pero el aburrimiento favorece la creatividad).

Hoy hay que compaginar múltiples actividades extraescolares: fútbol, deporte, danza, judo, inglés, tenis, caballo, natación etc. Yo no tenía ninguna (tampoco es bueno, echo de menos haber practicado más un deporte).

Es difícil crear este ambiente, pero hay oportunidades para vivirlo y sacarle partido. Estas oportunidades se ofrecen con los campamentos de verano o los cursos de orquestas juveniles.

Se trata de verdaderas inmersiones en las actividades musicales. Cada alumno disfruta conviviendo y compartiendo no solo música, sino también comida, tiempo libre, descanso con otros compañeros y compañeras que están acostumbrados a una intensa vida musical.

He tenido más de un alumno con mucho talento, pero con pocas ganas de estudiar. Uno en particular llegó a odiar el piano diciendo que era “la caja negra que le quitaba la vida”.

No quería estudiar. Cuando un niño de 12 años dice esto se le quita del piano y punto.

Sin embargo, yo, viéndole buenas posibilidades, insistí con los padres en que lo metieran en un curso de verano de dos semanas. Al principio no quería ir, pero cuando volvió era otra persona y de repente había hallado lo que le faltaba, el compartir algo que él en realidad amaba. Hoy día, con 16 años, está estudiando piano en una escuela de alto nivel en Inglaterra.

Con la Fundación Avanza siempre estamos mirando cómo dar más oportunidades a estos jóvenes músicos y por ello este verano en Sanlúcar de Barrameda realizaremos un Campamento de excelencia musical.

Se impartirán clases de violín, viola. violonchelo, flauta travesera, piano, guitarra y conjunto.

El curso tendrá lugar en la residencia escolar “El Picacho” donde cada alumno se alojará durante una semana.

Las fechas son desde el 8 hasta el 14 de septiembre, justo antes del comienzo del año es- colar (excelente oportunidad de “calentar motores” antes de un nuevo año de estudios).

Los profesores son una selección de lo mejor que se pueda encontrar en Andalucía, todos con largo curriculum y gran experiencia de conciertos y pedagogía. Está abierto a todas las edades.

Para más informaciones, contactar con:

Fundación Avanza: info@fundacionavanza.org 955 11 23 03.

TOMMASO COGATO

pianista y pedagogo

Master en la Southern Methodist University de Dallas

Doctor por la Universidad de Sevilla

Director de Andalucía Música

Publicado por sptartessos

La Sociedad Pedagógica Tartessos está formada por docentes interesados en modernizar la educación española.

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