Los andaluces hablan mal (I)

El Estatuto de Autonomía de Andalucía, dice, casi al final de su Preámbulo: “El grado de desarrollo económico, social y cultural de Andalucía ha sido posible gracias al Estatuto de Autonomía. Un texto que ha favorecido la convivencia armónica, el desarrollo político, social y económico de esta tierra y la recuperación de la autoestima de un pueblo que hoy tiene voz propia en el Estado de las Autonomías, tal y como establece la Constitución Española de 1978.

Luchar contra los tópicos y estereotipos que lastran la imagen de Andalucía es un tejer y destejer, una pelea constante y permanente contra la ignorancia y hasta la estupidez de algunos

En el fondo, es verdad que existe una especie de racismo, de supremacísmo, cuando se trata de enfocar lo andaluz, fundamentalmente, desde determinados lugares del Estado Español.

Algo habrá que hacer. Cuanto menos, reaccionando con contundencia como primera medida y, desde luego, fomentando toda oportunidad que incentive la autoestima de los andaluces. En definitiva, trabajando con ahínco para conseguir una mayor convergencia con las comunidades más ricas pero sin perder lo más valioso de nuestra cultura. Mostrándonos con el orgullo de todo un pueblo andaluz que no debe pasar por alto ninguna agresión.

Diario Sur, publicaba el 23 marzo pasado, un  artículo  de  ANTONIO  JAVIER  LÓPEZ   sobre Manu Sánchez: “Tendría 16 años y acababa de terminar su primer monólogo en la televisión estatal. Creía que había ido bien cuando se acercó un directivo de la cadena y le dijo: «Lo del acento tienes que arreglarlo». Y como él pensaba que sólo hay que arreglar lo que está estropeado y su ceceo andaluz no era ninguna avería, le vino a decir a aquel mandamás que no pensaba bajarse de ese burro.

Lo hizo no por valentía, sino porque pensaba que su futuro no estaba ahí, sino en sus venideros estudios de Ingeniería de Telecomunicaciones. A la semana siguiente no lo llamaron del programa. Luego, con el tiempo, supo que aquel directivo era andaluz.”

El humorista Manu  Sánchez empleaba esa anécdota para ilustrar el catálogo de prejui- cios que sigue acompañando a lo andaluz. « ¿Por qué hay que corregir la zeta pero no la ele catalana? Porque mi zeta es acento de pobre (…)

Nos intentan acomplejar con nuestro acento andaluz», sostenía Sánchez durante la presentación de su libro ‘Surnormal profundo’ en el Aula de Cultura de SUR organizada con la colaboración de la Obra Social La Caixa y celebrada en el CAC Málaga

La Peste’, una serie ambientada en la Sevilla del siglo XVI, ha estado en boca de todo el mundo, pero lo más comentado no ha sido si finalmente ha gustado o no. A algunos de los espectadores parecía molestarles que los personajes hablaran con acento andaluz “porque no se les entiende».

Las críticas que aseguran que los personajes que hablan en andaluz no se entienden bien esconden un tópico del imaginario español: que hablar andaluz es hablar mal. De hecho, su acento ha terminado reducido a estereotipos en obras audiovisuales. La lingüista Elena Álvarez Mellado lo explicaba en un artículo publicado en eldiario.es. «El acento andaluz en la ficción audiovisual nacional sirve fundamentalmente para caracterizar al personaje graciosillo, al inculto, al pobre».

Por eso, este acento no es bien recibido cuando lo tiene un personaje principal.

Así lo ve también el lingüista Jorge Diz, que piensa que el rechazo al acento andaluz en ‘La Peste’ va de la mano de este estereotipo que lo acompaña. «Al ver a un protagonista con un acento con el que no están familiarizados les produce rechazo», cuenta a El Confidencial.

«Pero desde un punto de vista lingüístico, hablar con acento andaluz no es hablar mal». El filólogo andaluz y miembro de la RAE Antonio Rodríguez Almodóvar piensa de igual manera: «El acento andaluz, en general, es menos admisible cuando se emplea en drama que cuando se hace en comedia».

Algunos de los personajes más conocidos que han sido reducidos a tópico humorístico son la Juani de ‘Médico de Familia’ o Gazpacho, de ‘Los Fruitis’. Ellos han regalado carcajadas cargadas de estereotipos que ahora chirrían. «El acento andaluz se usa en televisión para alguien que socialmente está un poco más abajo y se ha creado una asociación: no se acepta que, por ejemplo, un catedrático de universidad vaya a hablar con este acento», señala Diz.

Tanto es así que se elimina en personajes que, en la vida real, tenían raíces andaluzas.

En la exitosa serie ‘El Ministerio del Tiempo’ veíamos cómo los andaluces Velázquez y Picasso hablaban con el acento mesetario considerado neutral.

Respecto al estreno de Movistar +, Rodríguez Almodóvar señala que el andaluz que hablan los personajes es muy suave y se entiende perfectamente. «Entre las opciones  posibles  se ha optado por las más cercanas al castellano estándar». Pone de ejemplo el personaje de Paco León, que, explica, mantiene la «r» final en los verbos para no distanciarse demasiado. «Solo desde la mala fe se puede decir que no se entiende». Diz, por su parte, resalta la función de visibilización que ‘La Peste’ puede tener: «Estamos acostumbrados a que en los medios se hable con un acento concreto. Que los personajes principales de ‘La Peste’ tengan un acento que hasta ahora no hemos oído en esas posiciones puede ayudar a normalizarlo».

¿Y qué futuro le espera al acento andaluz en la ficción  española? ‘La Peste’ puede haber abierto un camino hacia su normalización pero no es suficiente, como opina Diz. «Hay una inercia que hay que conseguir romper para que deje de ser así».

La discriminación por la forma de hablar está muy extendida en nuestra sociedad y denota prejuicios y discriminaciones reales que, a día de hoy, aún no se han incorporado a la lista pero que, claramente, forman parte de la discriminación por raza, credo, color, origen o género.

Una de las causas es que la estandarización del español se ha llevado a cabo desde el centro de hegemonía política, cultural e ideológica de Castilla desde tiempos de Alfonso X. Y se ha hecho, basándose en el habla culta de esa zona, a pesar de que la primera gramática castellana (1492) y el primer diccionario de Lengua Española (1495) fuesen confeccionados por el andaluz, Elio Antonio Martínez de Cala y Xarava, más conocido por Elio Antonio de Nebrija, por su lugar de nacimiento (Lebrija).

Pero, quizás, la causa más importante es la pertenencia a una comunidad que todavía tiene poco poder económico, político, cultural e ideológico. Esta relación entre poder y forma de hablar no es exclusiva de nuestro país. Se observa prácticamente en todos los rincones del mundo.

La existencia de un español estándar es lógica y, además, aconsejable. Piénsese si no có- mo podría aprenderse el idioma. Ese es el trabajo de la RAE: dar cohesión y unidad. Lo que no es lógico ni aconsejable es menospreciar las distintas variedades del habla. Existe un español tradicional y otro internacional.

Podemos ver español-mexicano, español-peruano, español-argentino,…Todas las variedades lingüísticas del español tienen la misma validez desde el punto de vista científico. Lo único que las diferencia es su consideración social, que se consolida sobre la reputación de sus hablantes y su poder de influencia.

Este tipo de discriminación, bautizado como hablista, se describe no sólo como un ata- que a la persona, sino también a su identidad y su entorno. Esto puede acabar generando un estigma hacia los propios orígenes de la persona o incluso afectar su autoestima y se utiliza a menudo no sólo con los andaluces que viven en Cataluña, sino en Madrid o en Euskadi, por citar algunos ejemplos.

De esta forma, el habla, como otra de las características personales (vestimenta, cualida- des físicas,…) ofrece una primera imagen de la persona que influye inconscientemente en los demás y les lleva a hacer generalizaciones sobre su inteligencia, nivel educativo o cultural, confianza, credibilidad,… y esto trae consecuencias… en una entrevista de trabajo, por ejemplo.

Otra consecuencia, derivada de esta discriminación se está empezando a dar con las interfaces de voz. De todos es conocida la limitación que impone internet al idioma español con la letra “ñ”. Por mucho que evolucionan y mejoran los avances tecnológicos, se sigue utilizando esa “trampa” contra nuestro idioma.

En cuanto a las interfaces de voz, como Cortana o Siri, parece que han obviado este tema inclinándose por la “lengua estándar”. En el caso de los subtítulos de YouTube, funcionan peor con acentos andaluces, canarios o latinoamericanos, es decir, con una impresionante mayoría de sus hablantes.

Antes, calificamos estas actitudes como discriminación. Es hora de incluir este apartado dentro de la atención a la diversidad… lingüística. Antes de implantar otros idiomas españoles en las demás comunidades autónomas hay que respetar el habla de la propia comunidad.

Pero, lo más grave de esta discriminación no es sólo que sea injusta sino que, además denota una ignorancia supina.

El catedrático de Lengua y Literatura Española y experto en habla andaluza D. José María Pérez Orozco, natural de Montellano (Sevilla), se ha encargado de desmontar esa argumentación en infinidad de ocasiones, demostrando su falsedad. Muchas de ellas, podemos verlas en YouTube.

Su reacción ante un caso concreto de menosprecio personal y de agresión verbal contra el habla andaluza nos muestra una vía para combatir eficazmente estas discriminaciones, al tiempo que demostramos la ignorancia del agresor.

Es evidente que esta actitud agresora no se va a erradicar fácilmente. En realidad, las agresiones continuarán porque el objetivo del agresor no es iniciar un debate cultural ni lingüístico sino sólo demostrar su menosprecio utilizando ignorantemente un argumento falaz.

Pero si se multiplican estas actuaciones de rechazo a la discriminación contribuiremos, por un lado, a ampliar y divulgar una característica cultural andaluza pasando a prestigiarla y, por otro, a luchar contra esa agresión.

La anécdota que cuenta Pérez Orozco en el siguiente video es muy ilustrativa.

Pero no basta con luchar contra las agresiones discriminatorias de una manera pasiva, es decir, respondiendo cuando se produzcan.

Podemos darle la vuelta y así aumentar no sólo nuestra autoestima sino la estima de los demás, si difundimos ese conocimiento, en primer lugar entre los propios andaluces para, a continuación, extenderlo para conocimiento general.

Para ilustrar esta segunda fase, podemos continuar los pasos de nuestro ilustre catedrático.

En el siguiente video plantea una interesante cuestión, que debía ser objeto de debate y que se pasa por alto muy a menudo. Se trata de la corrección del habla en los centros educativos andaluces.

Comenta Pérez Orozco que algunos maestros “corrigen” la pronunciación andaluza de su alumnado (pone el ejemplo de hacha) cuando en realidad lo que ocurre es que conserva los restos de la “f” latina.

En lugar de afirmar que se está pronunciando “mal”, con lo que se abona el terreno y se da pie a mantener la discriminación, lo lógico sería enseñar al alumnado que esa es una característica del habla andaluza y que en esta tierra se pronuncia de modo “diferente”.

Bibliografía:

  • Actitud de los ciudadanos andaluces en cuanto al empleo del dialecto andaluz en los medios de comunicación audiovisuales

https://drive.google.com/file/d/1db8_6z2FVrJ4cQy2QUI_Tra dEQ3_Exnm/view?usp=sharing

  • Hablamos andaluz.

Manuel Morilla Jarén

Publicado por sptartessos

La Sociedad Pedagógica Tartessos está formada por docentes interesados en modernizar la educación española.

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